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Pensar  que  el reconocimiento de Palestina pueda resolver el problema del conflicto israelí-palestino,  israelí-sirio,  israelí-egipcio,  israelí-libanés, israelí-iraní, etc., es una utopía, porque en realidad este conflicto solo podrá ser resuelto de forma justa entre las partes involucradas; es decir, cuando ambas partes gocen de todos los derechos y de sus plenas facultades para ejercer su derecho, algo que no ocurre si comparamos a todos estos países con Israel, quien goza del apoyo incondicional de Estados Unidos de Norteamérica.

Israel nació y ha sido establecido en el Oriente Medio de una manera totalmente inconsulta y por demás ilegal e injusta. El régimen sionista de Israel vive pregonando al mundo que Irán quiere con  su  programa  nuclear  crear una bomba para borrarlo del mapa, y se olvida de que ellos han borrado de facto y literalmente a Palestina desde que fue engendrado y hasta la fecha continúa haciendo todos los esfuerzos necesarios en todas las instancias internacionales y con todos los recursos militares que le otorga Estados Unidos para que esto siga siendo así de forma teórica y práctica.

Los dirigentes palestinos se han dado cuenta — lastimosamente después de mucho tiempo — de algo que desde sus inicios fue evidente, es decir, que Israel no desea la paz con ninguno de sus vecinos, sino que desde su creación solamente ha provocado y buscado la confrontación y la guerra con ellos; ya que siempre ha gozado de una posición privilegiada con la cual ha podido obtener los recursos financieros para sustentar su política de expansión de sus fronteras originales, atropellando con ello los derechos humanos y todos los convenios internacionales.

Y es que el régimen ocupacionista de Israel cuenta con los recursos militares más avanzados, el veto  de  los  Estados  Unidos  en  el Consejo de Seguridad las Naciones Unidas, el apoyo de los cristianos protestantes y uno que otro cuya alianza le viene por el principio de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y muchos otros para los cuales Israel representa una inversión rentable por los recursos que se encuentran en juego en la contienda con estos países, por lo que no está demás decir que ante estas condiciones tan desiguales, cualquier buen apostador sabe a quién aportarle.

Lamentablemente,  los  precursores  de  la creación del Estado de Israel, no pensaron ni se preocuparon por la creación del Estado de Palestina, al parecer era algo que en aquel entonces no les parecía “una prioridad”, cuando en verdad fue el detonante del conflicto palestino-israelí y muchos otros. Esa decisión unilateral que para nada tomó en cuenta a la mayoría de los ciudadanos que habitaban dicha región y que en su mayoría eran árabes, he ahí el origen de la injusticia para con el pueblo palestino.

A  partir  del  establecimiento  y  fundación  de Israel todo empezó a marchar mal para los palestinos,  los oriundos y dueños legítimos de esas tierras; la persecución, el ataque, el exilio y el asesinato se volvió el pan de cada día y a la fecha no ha cambiado sino que para peor; pues este es el mecanismo que Israel utiliza para expandirse y continuar ocupando los territorios de sus oprimidos vecinos.

Cada uno de los países en conflicto con Israel ha sabido reconocer  las  intenciones de este régimen ocupacionista y sus precursores.  Israel, es un Estado expansionista en pleno siglo XXI, que representa la antítesis de los principios supremos de la humanidad, pues ningún Estado en nuestros tiempos ha provocado tantos conflictos, tanto caos y tanto derramamiento de sangre como él.

Israel es el único Estado que puede bombardear zonas residenciales en el Líbano y Palestina, masacrar civiles y atacarlos con todo tipo de armamento — incluso el prohibido — y tener todavía gente  que  salga  a  manifestarse  en su favor, para defender lo indefendible y ello constituye una ceguera a la que solo se le puede llamar fanatismo.  Así, Israel se ha convertido en un Estado de fanáticos sostenido por una horda de fanáticos que  solamente  vislumbran  sus  sueños  y  sus intereses económicos y políticos, a quienes no les importa los derechos de los demás. Y será finalmente esta ideología la que los llevará a su fin, por que los fanáticos no piensan, sino que actúan por impulso y su mismo fanatismo los hace cometer estupideces, como las que a diario llevan a cabo sus dirigentes políticos, militares, diplomáticos  y sus aliados.

Cuando Hosni Moubarak impidió que miles de palestinos huyeran de la Franja de Gaza, tras los bombardeos de Israel en diciembre 2008 contra la población y la infraestructura civil principalmente, no se imaginó que el peso de la Justicia Divina caería pronto sobre él, culpable no solo de masacrar, asediar y reprimir a su pueblo, sino también al pueblo palestino en contubernio con Israel y Estados Unidos. ¡Qué todo el peso de la ley caiga sobre él en esta vida y en el Más Allá y sobre todos aquellos que defienden y tienen tratos con Israel, con sus amigos y sus aliados que piensan que pueden oprimir y transgredir en la tierra sin que Dios les pida cuenta de lo que hacen en la Tierra!

Con  la  creación del Estado de Israel — hace más de seis décadas —  se cometió una gran injusticia con el pueblo palestino, lo que degeneró en un conflicto del que no se vislumbra el fin, no obstante hay que presionar para que se corrijan los errores y la injusticia cometida; ya la cuestión del conflicto armado será algo que deberán resolver ellos pero en igualdad de condiciones y haciendo uso pleno de sus derechos ante la ONU.  La cuestión del reconocimiento de Palestina como estado está  por  encima  de  toda  discusión  o  debate  político,  religioso  o económico, la cuestión del reconocimiento  de  Palestina  parte  del  reconocimiento  de  que se ha cometido un error y una injusticia con este pueblo, es una cuestión de justicia, al menos así lo consideran las 120 naciones que le han dado su apoyo.  

*Economista Salvadoreña residente en Irán y redactora de la Revista Biblioteca Islámica

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