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El shiísmo es, en su esencia, el esoterismo del Islam: ésta es la conclusión que deriva de los propios textos, en particular de la enseñanza de los imames. Así encontramos, por ejemplo, el sentido otorgado al versículo qoránico   33/72:

Hemos propuesto  el legado de nuestros secretos (al-amanà) de los Cielos, a la tierra y las montañas; todos han temblado de miedo a recibirlo. Pero el hombre aceptó hacerse cargo de él ; es un violento y un inconsciente.

 El sentido de este versículo magnifico que fundamenta para el pensamiento islámico el tema  De dignitate Hominis, no plantea dudas a los comentarios shiítas. El pasaje qoránico hace alusión a los ‘’ secretos divinos’’ la dimensión esotérica de la profecía que los santos imames han transmitido a sus adeptos. Esta exégesis puede invocar una declaración explícita de VI Imán, afirmando que el sentido de este versículo hace referencia a la walàyat cuya fuente es Imam. Y los exegetas shiítas (de Haydar Amolí a Mollâ Fathollah, en el último siglo) se esfuerzan en demostrar que la violencia y la inconsciencia del hombre no redundan aquí en su culpa, sino en su gloria, pues era preciso un acto sublime locura para asumir ese legado divino. En tanto que el ser humano, simbolizado en Adán, ignora la existencia de lo otro que Dios, tiene fuerzas para llevar la terrible carga. Pero desde el momento en que cede a la conciencia de que lo otro que Dios existe, traiciona el legado: o bien lo rechaza y lo entrega a los indignos, o bien niega simplemente  su existencia. En el segundo caso, reduce todo a la apariencia literal. En el primer caso, transgrede la = disciplina del arcano= (taqíyeh, ketmán) ordenada por los imames, conforme a la prescripción: = Dios os ordena restituir a aquellos a quienes pertenecen, los legados confiados= (4/61). Lo que quiere decir: Dios os ordena no transmitir sino a quien sea digno de ello, a quien posea la condición de =heredero=, el legado divino de la gnosis. La idea de una ciencia que es, ante todo, herencia espiritual (ilm irthi,infra, A, 4) está ya íntegramente indicada ahí. 
               

Ésa es la razón por la que Mohammad Báqir, el V Imam, declaraba (y cada imam lo ha repetido tras él):

Nuestra causa es difícil; impone un duro esfuerzo; sólo puede asumirla un Ángel del más alto rango, un profeta enviado (nabí morsal)  o un adepto fiel cuyo corazón Dios habrá puesto a prueba para fortalecerle en la fe.

El VI Imam, Ja’far Sádiq, precisa además:

Nuestra causa es un secreto (sirr) en el secreto, el secreto de algo que pertenece velado, un secreto que solo otro secreto puede enseñar; es un secreto sobre un secreto que está velado por un secreto.

O también:

Nuestra causa es la vedad y la verdad de la verdad (haqq al-haqq); es lo exotérico, y es lo esotérico, y es lo esotérico de lo exotérico. Es el secreto, y el secreto de algo que permanece velado, un secreto dentro de un secreto.

El alcance de esta declaraciones venía anunciando ya por unos versos de un poema del VI Imam, ‘Alí Zaynol-‘ Abidín ( 95/714): 

De mi Conocimiento yo oculto las joyas-Por miedo a que un ignorante, viendo la verdad. Nos aplaste…  ¡Oh Señor! Si yo divulgara una perla de mi gnosis- Se me diría: ¿eres, pues, un adorador de ídolos?- ¡Y habría musulmanes que encontrarían lícito que se vertiera mi sangre!- Encuentran abominable lo que se les presenta de más bello.

 Se podrían multiplicar las citas de contenido similar, que constituyen un testimonio admirable del  ethos  del shiìsmo, de su conciencia de ser el esoterismo del Islam; históricamente es imposible ir más allá de la enseñanza de los imames, para alcanzar las fuentes del Islam esotérico. De ahí que los shiítas, en el sentido verdadero, sean aquellos que asumen los secretos de los imames. Por el contrario, todos aquellos que han pretendido o pretenden limitar la enseñanza de los imames a lo exotérico, a cuestiones de derecho y de ritual, mutilan lo que constituye la esencia del shiìsmo. La afirmación de lo esotérico no implica la abolición pura y simple de la sharí’at, de la letra y lo exotérico ( záhir); significa, de la letra y lo exotérico (záhir); significa, más bien, que, privada de la realidad espiritual (haqíqat) y de su dimensión esotérica (bátin), la religión positiva se convierte en opacidad y servidumbre-simple catálogo de dogmas o catecismo- en lugar mantenerse abierta al afloramiento de significados nuevos e imprevisibles.              
                                                                                                                                            
De ahí que, según una formulación del I Imam, haya básicamente tres grupos de hombres: 1) Está el ‘álim rabbání, el theosophos  por excelencia, a saber, el Profeta y los santos imames. 2) Están aquellos que se abren a la enseñanza de su doctrina de salvación (taríqat al-naját) y tienden a abrir a los otros a ella. De generación en generación, nunca han pasado de ser una minoría. 3) Está, por último, la masa de todos aquellos que se mantienen cerrados a su enseñanza. = Nosotros(los imames) somos los sabios que instruimos, nuestros shiítas son los enseñados por nosotros. El resto ¡ay! Es la espuma que se lleva el torrente=. El esoterismo se mueve en torno a los dos focos de la sharí’at y la haqíqat, de la religión de la Ley, religión social, y la mística, aquella que se guía por el sentido espiritual de la Revelación qoránica. Por este motivo, implica esencialmente una profetología y una imamología.

Fuente: Corbin, Henry. Historia de la Filosofía Islámica, Editorial Trotta, Madrid, 2000, pp. 48-50

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