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Cuando alguien quiere hablar de un gran carácter, la pluma tiene miedo por no poder explicar la personalidad de aquel gran hombre. Hussein Bin Ali, el nieto del profeta del Islam, uno de los grandes hombres de la historia humana cuyo carácter y movimiento contra la crueldad es difícil de definir.
El Yihad del Imam Hussein tuvo sus raíces en las crueldades, desviadas costumbres arraigadas en la época de los omeyas y que, finalmente, el Imam Hussein logró erradicar sacrificando su vida para hacer brillar el sol del Islam. En aquella época crucial, el Imam Hussein se levantó contra las desviaciones e impunidades encabezadas por el gobernador de los omeyas, Muawiya y se enfrentó él. Al estudiar la historia de aquella época, buscamos entender las raíces de este levantamiento.
El Imam Hussein izó la bandera del liderazgo e imamato de los musulmanes en una época que gobernaban las desviaciones e impunidades religiosas y políticas en la comunidad islámica. Durante aquel entonces, era de conspiraciones e innovaciones, se podía ver numerosas disensiones de todos lados. El gobernante de aquellos días, Muawiya, mataba al cualquiera que identificara como seguidor del Imam Ali.
Así, Hujar Bin Uday, una de las destacadas personalidades de esa época, además de varios fieles del Imam Ali fueron convocados a Sham, la sede del Gobierno de los omeyas, para pedirles que maldigan al Imam Ali, pero los leales al Imam replicaron que " aguantar el dolor de una herida ocasionada por espada es más fácil que aceptar esa petición"; un rechazo que los condujo a la muerte por los soldados de omeyas.
Luego de este suceso, el Imam Hussein, a través de una carta, recordó la crueldad que ejercía el gobernador de aquel entonces contra sus seguidores y protestó por el asesinato de Hujar.
Las cruentas y discrepantes políticas se consideraban los principios de la gobernación en la época de los omeyas. Estudiar el comportamiento de los subalternos de Muawiya con la gente revela esta realidad: ellos no respetaban a la población y solamente les importaba obtener para sí mismos poder, riqueza y bienestar.
Esta cruda realidad se refleja en varios poemas recitados para el Imam Hussein, como este que dice:
“Nos encontramos en la época de pecados, dificultades y rompimiento de los pactos divinos. Se ha erradicado la bondad y ya no se respetan a los fieles y en su lugar destacan los ignorantes. No se encuentra a nadie que impida a la gente cometer pecados. Los libertadores han sido capturados por los impíos y han perdido todo su poder”.
El Imam no buscaba el poder, sino pretendía divulgar la justicia social ejecutando los mandatos divinos. Pues, en la época de los omeyas, los gobernadores buscaban poder para extender la corrupción y conspiración en la sociedad.
El Imam sufría cuando veía que los omeyas se habían apoderado de la riqueza y de lo más importante, del pensamiento y del espíritu de la gente. En una oración al Todopoderoso, el Imam revela sus intenciones en la plegaria: “¡Dios mío! Tú sabes mejor que lo que busco no es llegar al poder, competiendo con los omeyas, sino mi objetivo es aclarar los signos del Islam, mejorar la situación de tus territorios para que los oprimidos vivan en paz, ejecutar tus mandados. Y dirigiéndose a la gente dijo: ustedes si no nos ayudáis, los opresores tendrán más poder que ahora e intentarán apagar la luz del Profeta”.
El nieto del Profeta, a través de distintas maneras, revelaba el carácter maligno de los omeyas y demostraba a la gente la real identidad de los gobernadores. Explicaba la situación caótica de aquel entonces y decía: “Tengan en cuenta. Ellos han olvidado los mandatos divinos y obedecen al diablo. Divulgan la corrupción, olvidando las reglas de Dios y han destinado a los opresores lo que la familia del Profeta merece”.
A finales de la gobernación de los omeyas, el Imam Hussein realizó la peregrinación (Hach). Aquel Hazrat, en la localidad de Mena, próxima a la ciudad santa de la Meca, convocó a los musulmanes a reunirse en su tienda. Allí, expresó su lamento por el silencio mantenido por la gente, que no apoyaba salga a luz la verdad y dijo: “Llevar a cabo las tareas y órdenes son responsabilidades de los sabios islámicos que saben lo que es lícito o ilícito. Al rechazar la verdad, pierden esta oportunidad. Prefieren ser gobernados por crueles para poder seguir el camino erróneo. Ven que han roto los compromisos divinos pero no se avergüenzan. Nadie presta atención a los incapaces, ciegos y sordomudos y ya no adoptan medida alguna para ayudarlos … y aceptan los dictámenes del opresor”.
El Imam Hussein consideraba a la ignorancia y no aceptar la verdad como las raíces que limitaban el desarrollo espiritual y religioso de la sociedad. Así que, se dedicó a invitar a la gente a educarse.
Luego del fallecimiento de Muawiya el año 60 de la hégira lunar, Yazid, su hijo corrupto y asesino, mandó al gobernador de Medina a que convocara a Hussein para que le jure fidelidad. Hussein bin Ali, anunció claramente al gobernador de Medina: “Nosotros somos familia de la casa profética y conductores de la misión dada al gran profeta del Islam. Nuestra casa es dónde los ángeles andan, donde hay bendiciones. Dios ha iniciado el Islam desde nuestra presencia y continuará con nosotros. Dios, a través nuestro, comenzó el Islam y hasta el final lo hará avanzar a través nuestro también. No obstante, Yazid, ese hombre a quien me pides que le jure fidelidad, es un hombre bebedor, y el asesino de gente inocente, es quien viola las órdenes divinas y comete pecados y corrupción en forma manifiesta. ¿Acaso es correcto que una persona como yo, con tales brillantes antecedentes y ascendencia le jure fidelidad a un hombre corrupto como él?” Yazid anunció al gobernador de Medina que si el Imam no está dispuesto a pactar lo mataría y le enviaría su cabeza.
El Imam Hussein sabía que por este rechazo las autoridades de Omeyas no lo dejarían en paz. Entonces, decidió trasladarse a la Meca, junto con su familia. Su intención no era escapar de la muerte, sino llevar a cabo su misión. El nieto del profeta había dicho retiradas veces a la gente que su misión era "corregir las desviaciones en todos los campos de la sociedad".
De tal manera, el Imam Hussein recalcó su decisión de no pactar con Yazid y luchó enérgicamente contra los enemigos. En esta línea, está su intención de levantarse contra el gobierno opresor, según lo señala en su testamento que escribió para su hermano Muhamad bin Hanifa antes de salir de Medina. Y que dice: "Yo no salí de mi ciudad por egoísmo ni por diversión, ni para corromper ni oprimir, sino para recuperar los asuntos de la comunidad islámica de mis antecesores. He decidido invitar a la gente a obrar bien, e impedirles cometer pecados, siguiendo el camino de mi antecesor y mi padre, Ali Ibn Abi Talib”.
El Hazrat Hossein nunca dejó de llamar a la gente a hacer obras buenas, impidiéndoles cometer errores. En los últimos momentos de su vida, cuando estaba rodeado en el desierto de Kerbala, empezó a aconsejar diciendo: “¡Oh gente! Escuchen lo que digo y no luchen contra mí. Sí, mi Creador es aquel Dios que mandó el Corán. Él es nuestro Dueño y ahora estudien a mi ascendencia ¿Quién soy yo? Empiecen a pensar y sientan vergüenza ¿Es correcto que me maten, negando mi posición?” Imam Hussein hasta el último suspiro luchó por la verdad y dejó el mensaje de luchar contra la crueldad a las siguientes generaciones como un patrimonio valioso.
El Imam Hossein dijo: “¿No ven que no hacen cosas buenas y no impiden lo inútil? En esta situación en la que me encuentro, considero la muerte una felicidad, pues vivir con los arrogantes es un dolor y un fracaso”.
Si un Imam no cumple con tal deber y pierde esta felicidad y gran triunfo, entonces ¿quién debería hacerlo? Si el Imam, no guarda las leyes y normas divinas dando su vida y la de sus seres queridos, entonces ¿quién debería ser el guardián de ellos?
Al final, el Imam Hussein, terminó su misión al caer mártir en el camino de resguardar el Islam.

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