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La contradictoria actitud del Consejo Mundial de las Iglesias no es la menor de las razones que me llevan a formular esta pregunta con tamaña claridad. Ni en las directrices para el diálogo con personas de distintas religiones e ideologías (1979), ni en sus asambleas plenarias, ha sido capaz de dar una respuesta a la pregunta, hoy sin duda sumamente acuciante, por la posibilidad de salvación fuera del cristianismo. Tal incapacidad tiene su causa en los puntos de vista demasiado contrapuestos de las Iglesias que forman parte del Consejo: por completo refractarios los ortodoxos orientales y, sobre todo, algunas iglesias protestantes  fundamentalistas. Pues ¿qué sentido tiene el "diálogo"- podría preguntarse uno, llevando al extremo este planteamiento- con quienes, a no ser que se conviertan a la fe cristiana, irán todos juntos al infierno?

La posición católica tradicional sostenida hasta el siglo XX- y preparada ya en los primeros siglos cristianos por Orígenes, Cipriano y Agustín- es de todos conocida: extra ecclesiam nulla salus. ¡Fuera de la Iglesia no hay salvación! Por tanto para todo tiempo venidero: extra ecclesiam nullus propheta. ¡Fuera de la Iglesia no hay profeta alguno! El concilio ecuménico de Florencia definió de forma inequívoca en 1442: "La sacrosanta Iglesia Romana… cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica , no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt 25,41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella". Con ello ¿no queda contestada ya para los católicos la pretensión del Islam? Así fue, así pareciera ser, durante más de mil doscientos años.

En el siglo XX, la teología católica intentó, sin embargo, "extender de forma nueva" aquel nada contemporizador dogma del "extra", lo cual, en la mayoría de los casos, quería decir: reinterpretarlo , incluso invertirlo. Como se trataba de una declaración "infalible", nunca fue corregido oficialmente. Sin embargo en la disputa con los severos jansenistas franceses del siglo XVIII , Roma se vio obligada a condenar la proposición "Extra ecclesiam nulla gratia" (fuera de la Iglesia no hay gracia). Así pues si fuera de la Iglesia existe gratia, charis, carisma, ¿no es posible entonces que fuera de la Iglesia también exista profecía, a la que el Nuevo Testamento considera inequívocamente un carisma? En cualquier caso, hoy la posición católica tradicional ya no es la posición católica oficial. Pues finalmente en su Constitución sobre la Iglesia (1964), el concilio Vaticano II declaró sin ningún tipo de ambivalencia: "Los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, y buscan con sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir con las obras de su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación".

Y aquí son mencionados expresamente aquellos que, por su origen y merced a la fe en el Dios uno y al cumplimiento de la voluntad divina, más tienen en común con judíos y cristianos, o sea los musulmanes : "Pero el designio de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que confesando profesar la fe de Abrahán, adoran con nosotros a un solo Dios, Misericordioso, que ha de juzgar a los hombres en el último día".

Después del concilio Vaticano II, tampoco los musulmanes tienen por qué "ir al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles"; al revés , ¡"pueden conseguir la salvación"! Lo cual quiere decir que, desde el punto de vista cristiano, el Islam puede ser un camino de salvación.


Fuente: Hans Küng, El Islam, historia, presente y futuro, Editorial Trotta, Madrid 2004, pp 77-78

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