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Luego de la intempestiva salida de la representante de Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas, expresión de su soberbia ante el veto de Rusia y China, a una resolución a todas luces encaminada a repetir el guión empleado contra Libia, es cierto que pasos posteriores de la diplomacia estadounidense (mezcla de presiones, turbios manejos y engaños) en contra del país árabe han logrado avances en el cerco diplomático, político y económico a este país.

La Liga Árabe, la mayoría de sus miembros, bajo intensa influencia yanqui y de la mano de la Monarquía Saudita y las otras petromonarquías del golfo, han expulsado y condenado a Siria en un foro que ha hecho caso omiso a las aperturas del Gobierno sirio hacia el interior del país, donde incluso dialoga con los grupos opositores que buscan una apertura; pero no la guerra o la intervención militar.

Por otra parte, en Turquía se ha constituido el Consejo de Nacional Sirio (CNS) y no hay que ser grandes entendidos en el tema de fronteras, para saber que en los límites al norte de Siria, limítrofe con territorio turco, se están infiltrando grupos armados que combaten de manera violenta  a las fuerzas de seguridad sirias y al ejercito de este país, con el evidente apoyo del gobierno turco y de su aliado estadounidense.

Cabe indagarse porque la actual administración estadounidense apostó desde el principio del conflicto, por llevar al Consejo de Seguridad tal resolución que desde el inicio contó con la oposición abierta de Rusia y China, ambas potencias convencidas; luego de la experiencia Libia, que a Siria no le esperaba nada diferente y si muy similar. Y aún cuando el gobierno de Bashar Al Assad mostró su disposición al diálogo e inició un proceso de apertura nunca visto en Siria después de la independencia nacional.
 ¿Por qué la Administración Obama y sus aliados de la OTAN, solo apuestan por la caída inmediata del gobierno sirio de Bashar Al Assad?
La posición geográfico-estratégica de Siria la ubica en el corazón del conflicto israelo-palestino. Con fronteras en las Alturas del Golán, ocupadas en la Guerra de los 6 Días de 1967 por Israel y con el Valle de la Beeka y el Líbano Sur, bastión de las milicias  libanesas chiítas de Hezbolah (Partido de Dios), Siria es el único país árabe que mantiene una confrontación directa a la política norteamericana y su aliado incondicional, el Estado de Israel.
La influencia siria en el Líbano, a pesar de la retirada de sus tropas en 2005, sigue siendo decisiva. Recientemente el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, en declaraciones a la televisora del movimiento, declaro su apoyo al gobierno sirio, criticó agriamente a la Liga Árabe y dijo que cualquier agresión al sur libanes encontraría a miles de combatientes listos a morir.

En 2006 Israel sufrió importantes pérdidas en su intento de destruir la infraestructura militar de Hezbollah y sus tropas se retiraron del sur libanes sin cumplir su objetivo. El Partido de Dios proclamo su victoria y emergió ante los ojos del mundo árabe como el único que han podido derrotar al poderoso ejército judío. La ayuda material y logística siria e iraní fue considerada factor clave en la resistencia de las milicias chiítas.

La alianza de Siria con Irán y Hezbollah, se erige como el único bastión al empeño de la política de dominación de la administración Obama y su objetivo de alcanzar  la “paz americana”  para el Medio Oriente, dejando a Israel en fronteras infranqueables y a una Palestina mutilada y deshecha en mini porciones territoriales, o en el mejor de los casos intercambiando las territorios anexados a Israel por territorios en el Desierto del Neguev, lo cual no amerita comentarios.

Como señalamos anteriormente cuentan con la sumisión de las petromonarquías y de los otros países árabes que como mayoría han ejercido su voto en la Liga Árabe, forjando desde un supuesto “llamado” al gobierno sirio, hasta su expulsión definitiva y la aplicación de sanciones económicas, invocando la protección de la población civil de este país. Como si los muertos civiles en el conflicto interno sirio solo fueran causa de las fuerzas de seguridad y del ejército sirio y para nada los grupos infiltrados a través de la frontera norte del país y sus acciones mayoritariamente de terror contra personas y autoridades civiles.

Paralelamente Estados Unidos pone pauta al actuar de Francia, antigua potencia colonial de Siria y con marcados intereses desde todos los puntos de vista, tanto en este país como en El Líbano. A la vez, las fuerzas navales estadounidenses en el Mar Mediterráneo, están listas ante las costas sirias y cruzando el Mar Rojo y el Canal de Suez, otras naves de combate en el Océano Indico se pueden sumar a la nueva aventura bélica. ¡Si en 1958 y 1982, las tropas estadounidenses desembarcaron el Líbano, que puede frenarlos hoy! A su vez, el aplastamiento del gobierno sirio conduce inevitablemente al objetivo estadounidense, de los sionistas israelíes y del lobby judío en el Congreso norteamericano: la República Islámica de Irán, única potencia regional con capacidad de hacer frente a la estrategia global yanqui.  Aplastar a Siria o lograr su rendición es una jugada de la estrategia estadounidense hacia su objetivo central, la nación persa, sus recursos energéticos, su situación estratégica privilegiada y su potencial capacidad nuclear.

El veto ruso-chino, a cualquier acción que en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas trate de abrir el camino a una intervención militar abierta en Siria, impidió y puede impedir la aprobación de resoluciones y sus acciones consecuentes, pero no ha frenado el apetito voraz del Imperio, sus socios menores otanistas y de los sionistas israelitas, en los recursos económicos de la región y del mundo. Sus acciones del pasado demuestran que la ONU y sus organismos solo le sirven cuando coinciden con sus intereses.

*Armando Briñis es académico cubano con especialidad en Medio Oriente de La Universidad de La Habana en Cuba y colaborador de la Revista Biblioteca Islámica

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