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En el Nombre de Dios el Clemente el Misericordioso

Los occidentales o la mayoría de la gente que no conoce el Islam dice que el Islam es una religión para los hombres, que el Islam no ha reconocido a las mujeres como seres humanos, que si en realidad el Islam hubiera considerado a la mujer como un ser humano de pleno derecho, no hubiera estipulado la poligamia, no habría dado el derecho de divorcio al hombre, no habría establecido que a la mujer le correspondiera la mitad de la herencia que le corresponde al hombre.

El Islam mantiene que el hombre y la mujer, sobre la base de la misma realidad de la diferencia de sexos, no son idénticos en muchos aspectos. El mundo no es exactamente igual para ambos y sus naturalezas y genios o tendencias no están destinados a ser los mismos. Particularmente esto requiere que en muchos deberes, derechos y sanciones no fuesen a tener un rango o posición idénticos.

En el mundo occidental están intentando ahora crear leyes, regulaciones, derechos y funciones idénticos y uniformes para el hombre y la mujer, mientras ignoran todas sus innatas diferencias. “Igualdad de derechos” no quiere decir que estos derechos tengan que ser idénticos.

El Sagrado Corán dice: “¡Hombres! ¡Temed a vuestro Señor, Que os ha creado de una sola persona, de la que ha creado a su cónyuge…” (4:1)

No hay vestigios en el Corán de lo que se encuentra en algunos libros sagrados, que la mujer fuera creada de una especie inferior a la del hombre o que la cónyuge de Adán (P) fuera creada de una parte tomada de su cuerpo. En el Islam no hay una versión despectiva de la mujer respecto a su naturaleza y su constitución innata. El Corán relata la historia de Adán (P) en el Paraíso, pero nunca dice que una víbora o que Satanás tentase a Eva (P) y que luego ella tentase a Adán (P). Ni el Corán describe a Eva como la principal persona responsable del pecado, ni la libra del mismo. En cualquier parte que el Corán describe la cuestión de la tentación que hizo Satanás, usa el pronombre humä que es dual - refiriéndose a dos personas. Dice: “Pero el Demonio les insinuó el mal…” (7:20)

De esta manera, el Corán refuta firmemente la concepción equivocada que prevaleció en cierta época y que aún se encuentra en ciertas partes y entre cierta gente de este mundo. Libra a la mujer de la acusación de ser la tentación y medio demoníaco.

El Corán ha dejado explícitamente claro en un gran número de aleyas (versos) que la vida se recompensará después de la muerte y que la proximidad a Dios no depende del sexo sino de la fe y las obras realizadas, no importando si son de hombres o de mujeres. El Corán dice: “En verdad Dios ha preparado perdón y una magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los veraces y las veraces, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los caritativos y las caritativas, los que ayunan y las que ayunan, los castos y las castas, y para los hombres y las mujeres que recuerden a Dios muy frecuentemente”. (33:35)

Ya ha sido explicado cómo es considerada a la mujer en el Corán, y ha sido dejado claro que, ante Dios, la persona que es superior lo es por sus buenas obras, no por su sexo, raza o nacionalidad. Veamos a qué sociedad fue a la que llegó el Islam.

En ese tiempo el mundo estaba dividido, un grupo era civilizado – como los grandes imperios de Roma y Grecia y los imperios menores de Egipto, Etiopía e Indochina. Dentro de estas sociedades la mujer tenía la posición de una esclava. El otro grupo era el de los países y las gentes de África, donde la mujer no era ni siquiera considerada como ser humano, sino más bien un parásito de la sociedad.

En la Península Arábiga, la mayoría de las gentes eran nómadas y sus costumbres eran una combinación de tradiciones y leyes de los países que la rodeaban: Roma, Persia, Abisina, Egipto. La sociedad tribal árabe había concedido todos los valores humanos al varón y, contrariamente, la mujer era entendida como un ser carente de virtudes y de autenticidad humana. La mujer era un elemento interior de la familia, algo así como un mueble viviente. Luego de casarse, su personalidad se disolvería en casa de un extraño. Se transformaría en un mueble de otra casa donde no podría siquiera retener el nombre de su familia. Las mujeres no eran nada; eran sirvientas de la familia, y tan débiles que siempre debían estar protegidas. Además corrían el peligro de ser tomadas como esclavas en tiempos de guerra, lo que causaría la deshonra de la tribu íntegra.

En época de paz la familia cuidaba de que sus hijas no produjeran, por ningún motivo, la vergüenza familiar y luego de tantos problemas, esfuerzos y sufrimientos, un extraño se las llevaba. Por eso la mejor solución de todas era darles muerte recién nacidas. El Libro Sagrado dice: “Cuando se le anuncia a uno de ellos el nacimiento de una niña, se queda hosco y se angustia. Esquiva a los suyos por vergüenza de lo que se le ha anunciado, preguntándose si la conservará – para deshonra suya – o si la escondiera bajo tierra”. (16:58-59)

Existía la poligamia ilimitada del hombre, sin importar el número y bajo ninguna responsabilidad para con la mujer. Mucha gente ha atacado al Islam porque piensan que el Islam adoptó esa costumbre, siendo que ésta ya existía entre los judíos y los persas. En realidad, el Islam vino a poner un límite al número de esposas. El Corán dice: “Casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres, cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola...” (4:3)

E impuso el hecho de que esto es condicional pues tiene que ser justo con todas las esposas. Además, la mujer tiene la oportunidad de decidir si acepta la situación o no. Antes de casarse la mujer puede estipular - en el contrato matrimonial - si quiere que su matrimonio sea monógamo.

El objetivo del matrimonio es asegurar una atmósfera cómoda para el esposo y la esposa, y producir una nueva generación. En el Sagrado Corán dice: “Y entre sus Signos está el haber creado para vosotros esposas nacidas entre vosotros, para que os sirvan de tranquilidad, y el haber suscitado entre vosotros el amor y la misericordia…” (30:21) La mujer tiene la libertad de escoger al esposo, no puede haber imposición. Las enseñanzas del Islam recomiendan que las hijas se deben casar con el consentimiento del padre. Algunos juristas consideran este consentimiento como una condición para el matrimonio. Esto es respecto a las vírgenes, e inclusive en el caso de que no se trate de una virgen, el consentimiento del padre es esencial sólo y mientras guarde los intereses de su hija y no trate de imponer son propios.

El contrato matrimonial es normalmente iniciado por la mujer. Esto demuestra que la mujer musulmana es totalmente libre en su elección de esposo, y es el hombre el que acepta el matrimonio según las condiciones a las cuales se pusieron de acuerdo.

Podemos ver que Jadiya, la primera esposa del Profeta Muhammad (BPD), fue la que le propuso matrimonio a él por medio de una tercera personas.

En el contrato matrimonial el hombre tiene que dar muestra de su sinceridad. La dote es un regalo que no debe ser considerado como un precio por el cuerpo de la mujer ni tiene las características de una recompensa por sus servicios. El Sagrado Corán dice: “Dad a vuestras mujeres su dote libremente”. (4:4)

No hay una cantidad estipulada para la dote, y es algo en que las dos personas deben ponerse de acuerdo.

Una tradición del Profeta Muhammad (BPD) relata que un hombre no tenía nada de valor material para ofrecerle a su compañera, y él (BPD) le dijo que le enseñara a leer el Corán a ella y que esto sería suficiente como dote, si ella estaba de acuerdo.

El Sagrado Corán abolió las costumbres de la Época de la Ignorancia (el período pre-Islámico) relativo a la dote, restaurando ésta a su posición natural y original. En el período pre-Islámico los padres consideraban la dote como derecho propio, y no de la hija.

En el sistema social del Islam las mujeres, como las hombres, son económicamente independientes. Ellas pueden ganar su propio dinero por medios legales, y tienen control absoluto sobre su propiedad y pueden disponer de la misma como quieran. El Sagrado Corán dice: “…A los hombres les corresponde lo que hayan ganado, y a las mujeres lo que ellas hayan ganado…” (4:32)

En cuanto al trabajo doméstico que las mujeres hacen en la casa, esto depende enteramente de su voluntad, deseo e inclinación. Desde el punto de vista religioso y legal no hay compulsión. El esposo no puede forzar a su esposa a hacer ninguna clase de trabajo doméstico.

No está fuera del contexto el mencionar aquí que en los países europeos las mujeres aseguraron su independencia económica desde 1870, siendo Inglaterra el primer país, seguido de Alemania en 1900, Suiza en 1907 e Italia en 1919. Y también debemos mencionar el hecho de que el verdadero motivo para la proclamación de estas leyes no fue para la protección de los derechos de la mujer como un miembro libre de la sociedad humana, sino que fue el primer grado para estimular a la mujer a que trabajara en los centros industriales y las fábricas para aprovecharse de su trabajo, ya que sus salarios eran mucho menor que los de los hombres. Las leyes han asumido su forma presente sólo gradualmente. Por otro lado, el reconocimiento de la independencia económica de la mujer en las leyes Islámicas tuvo un aspecto puramente humanitario y nunca buscó la explotación económica.

La esposa tiene el derecho de ser mantenida por su esposo. El mantenimiento incluye todos los gastos necesarios y convencionales. El esposo es responsable por el alimento, el vestido, la vivienda y todo lo que sea necesario para la comodidad de ella. Claro está que la habilidad económica del esposo tiene que tomarse en cuenta para la implantación de estas responsabilidades.

Creo que aquí está bien discutir el tema de la herencia, ya que muchas personan piensan que la mujer ha sido discriminada según este verso del Sagrado Corán: “Dios os ordena lo siguiente en lo que toca a la herencia para vuestros hijos: que la porción para el varón equivalga a la de dos hembras…”. (4:11)

Teniendo en cuenta la estipulación de que el hombre siempre tiene que mantener a su mujer, éste emplea un tercio para sí mismo y gasta el otro tercio en su esposa (y el otro tercio en sus hijos), así que al final hay equidad aunque aparentemente dé la impresión de que no fue así (la herencia que recibirá la esposa es sólo para ella, y no tendrá que gastarla en su familia).

La mujer tiene el derecho de tener relaciones con su esposo. En muchos casos, la promesa de abstinencia sexual ha sido reprobada por el Islam. El Sagrado Corán dice: “Quienes juren no acercarse a sus mujeres tienen de plazo cuatro meses…” (2:226)

El Imam Ali (P) dijo: “Tu comportamiento hacia ella debe de ser tal que ella no piense en forma ilícita de satisfacer sus deseos legales”.

De acuerdo a las direcciones del Sagrado Corán de que el esposo y la esposa son un manto para cada uno y entre ellos, Dios ha implantado el amor y la misericordia para que encuentren comodidad. El Islam ha ordenado ciertos deberes para la esposa. El Corán dice: “Las mujeres virtuosas son sumisas y cuidan, en ausencia de sus maridos, lo que Dios ordena que cuiden”. (4:34)

Este verso resume básicamente las responsabilidades de la esposa en relación a su esposo. El Imam Jumaini y Allamah Tabataba´i, la paz sea con ellos, han dicho que solamente con respecto a los derechos conyugales y el permiso de salir de la casa, está obligada la mujer a obedecer a su esposo. Obviamente ella está obligada por la religión a guardar su castidad para su esposo, y por lo tanto sólo para él se debe embellecer. Los derechos conyugales deben de ser obedecidos en cualquier momento en que el esposo lo desee. La obediencia de la mujer en las circunstancias estipuladas es de tal importancia que, si ella se niega a cumplir con sus deberes, no sólo perderá sus derechos al mantenimiento y las relaciones sexuales, sino que también será considerado un pecado de su parte.

Ya que estamos hablando de la castidad, creo que es importante discutir el tema del hiyab. En el Sagrado Corán dice: “¡Oh Profeta, di a tus esposas y a tus hijas, y a las mujeres creyentes, que se cubran y que vistan ropas que tapen todo el cuerpo (cuando salgan de sus casas). Esto es lo más conveniente, para que sean reconocidas y no sean molestadas. Y Dios es El que siempre perdona, el Misericordioso” (33:59).

En otra de sus aleyas dice: “Di a los hombres creyentes que bajen la mirada con recato y que sean castos. Y di a las creyentes que bajen la mirada con recato, que sean castas, y que no muestren más de su belleza que lo evidente y necesario, y que cubran su escote con el velo, y que no exhiban su belleza…” (24:30-31) En cuanto a los hombres, se les ordena que sean castos y que bajen su mirada. Está prohibido para el hombre que se vista con cosas que son generalmente usadas por las mujeres, como por ejemplo, el uso del oro o la seda. Y es obligatorio a todos los creyentes que usen un traje sencillo, y se le prohíbe al hombre que use ropas que acentúen su masculinidad y sexualidad.

En cuanto a las mujeres, se les ordena que bajen la vista, que sean castas y que no muestren más adorno que lo que está a la vista. La mujer se debe cubrir de forma modesta, sólo puede mostrar la cara y las manos (cuando sale a la calle o en su casa cuando hay visitas que no son de la familia - íntimos), y su vestido debe ser suelto, que no muestre su figura.

El hiyab –vestidura islámica- es una ley Divina para la humanidad. El vestido Islámico es una forma de protección y es un impedimento a los peligros materiales y espirituales. Es el deber de la mujer hacer que la sociedad sea mejor, y poder ayudar a ello vistiéndonos decentemente, como lo ordena el Sagrado Corán. Nosotras somos musulmanas y estamos sometidas a Dios, no a los últimos mandatos de la moda que lo único que buscan es explotarnos económica y sexualmente. La verdadera liberación de la mujer está en el Islam ya que al no preocuparnos de lucir para la sociedad nos preocupamos más por nuestro interior y nuestro lado espiritual. Aquí viene lo que se llama el Yihad grande, que es la guerra interna contra nuestras pasiones y egoísmo. Sobre todo para nosotras, que nos encontramos viviendo en una sociedad que no es Islámica es mucho más difícil adoptar el hiyab. Yo lo digo por propia experiencia, para mí fue lo más difícil, pero no dejé que ello fuera un obstáculo en mi conocimiento del Islam. Aprendí a rezar, ayuné y, gracias a Dios, ahora uso el hiyab y me siento muy orgullosa de ello, porque vencí un obstáculo en mi camino hacia Dios.

La vida para el individuo es una oportunidad dada por el Creador para sacar al máximo lo mejor de su lado espiritual. Las mujeres podemos mejorar esta sociedad decadente al rescatar los valores que se han perdido, tales como el honor, la castidad y la pureza. Si cada una de nosotras nos preocupásemos de maximizar el potencial del hombre como ser espiritual, y no sus instintos animales siendo un instrumento para la decadencia del hombre, ¡qué mejor sociedad tendríamos!

Al contrario, la mujer ahora se encuentra compitiendo con otras para ver cuál tiene más admiradores, y “cómo explotan esta debilidad del hombre”, tratando hasta el máximo de mostrar sus atributos. Cada día los pantalones son más ajustados y los escotes más bajos, y cada día las mujeres pasan horas en el salón de belleza o en un gimnasio, tratando de embellecerse físicamente, mientras su espíritu va cayendo más bajo. El Sagrado Corán dice: “En verdad, la similitud de la vida de este mundo es como el agua que enviamos del cielo: por medio de ella brota lo que la tierra produce  y los animales. - lo que proporciona alimento para los hombre. Ello crece hasta que la tierra está engalanada con ornamentos dorados y embellecida. Las gentes a quienes pertenecen estas cosas creen que tienen todo el poder para disponer de ello. Entonces llega a ella Nuestra Orden, de día o de noche, y la dejamos cual rastrojo, como si nunca hubiera estado floreciente, apenas la víspera. Así explicamos las Señales en detalle para aquéllos que reflexionan” (10:24)

En el Islam tenemos el ejemplo de Fátimah Az Zahra (P), la hija del Profeta Muhammad (BPD), y su comportamiento como hija, esposa y madre. Ella creció con determinación y con plena conciencia de sus derechos Islámicos y se convirtió en líder de las mujeres musulmanas. De su matrimonio con el Imam Alí (P) nacieron cuatro hijos, sin los cuales el Islam no habría progresado como lo hizo.

Es importante destacar el hecho de que Dios escogió a Fatimah (P), una mujer, para ser la heredera. Ella fue la que continuó la cadena de grandes ancestros que comenzó con Adán (P). El punto culminante de esta cadena de Justicia Divina, la cadena de la libertad y la verdad, es Fatimah (P), la última hija de una familia que anhelaba un hijo varón, en una sociedad que veía como una desgracia el nacimiento de una hija, y por medio de ella el Islam reivindica la posición de la mujer.

Fatimah (P) es una guía, es un ejemplo extraordinario de cómo vivir y cómo luchar interior y exteriormente.

La influencia de esta gran mujer fue un ejemplo que impulsó a las mujeres musulmanas en Irán a acudir en defensa del país Islámico y del Sagrado Corán, y ayudó a la Revolución Islámica a alcanzar la victoria. Sin las mujeres y su dedicación, el triunfo no hubiera sido posible.

El Imam Jumainí (r) dice que si las mujeres prosperan en la sociedad, toda la sociedad prospera, ya que la mujer tiene el papel tan importante de criar a los hijos para que sean seres humanos valiosos. En este respecto la mujer es mucho más importante que el hombre.

El valor principal de la civilización está en la conducta moral de sus individuos y cómo se refleja ésta en sus creencias, instituciones y relaciones entre las clases y sexos.

Por último me gustaría citar unas palabras del Imam Alí (P) que dice:

“Es una realidad que la vida va pasando y va dejando el toque de su partida.
El Más Allá está manifestando su cercanía.
Si quieres ganar Sus Bendiciones en el otro mundo, hoy es el único día que queda para trabajar para obtener esas bendiciones.
Mañana es el día de la Recompensa, y la recompensa es el Cielo.
El Infierno es el fin de aquéllos que pasaron sus días en busca de placeres”.

Fuente: al-shia.org



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