Menu


Como se sabe, Sudán es el país más extenso de todo el continente africano: dos millones y medio de kilómetros cuadrados. Sus fronteras fueron trazadas de manera artificial al finalizar la época colonial. Linda al norte con Egipto y Libia, al este con el Mar Rojo extendiéndose través de los desiertos nubio y libio, y al sur encuentra los frondosos bosques tropicales de África Central, Zaire y Uganda. Actualmente sufre rebrotes de una "guerra civil" ya antigua. Pronto, en el verano, serán las elecciones generales. De momento se intensifica la campaña ideológica para someter al sur del país mediante una islamización radical y forzada sobre la población. La posición de intransigencia del gobierno de Jartum no es nada favorable a la comprensión del Islam en el mundo. 

Los niños, muchos de ellos raptados del sur del país, son adoctrinados y torturados en supuestas escuelas coránicas. No parece que esto sea un resto atávico de posiciones tribales, sino más bien una estrategia económica y política consciente. En realidad el gobierno de Jartum parece perseguir, con ese laisser faire la idea que hace ya cinco siglos, salvando las distancias, llevaron a cabo los Reyes Católicos con los reinos de la península ibérica: unificar el territorio en base a una ortodoxia religiosa que no dejara espacio a la diferencia de culto ni de pensamiento. Con ello se pretende un dominio tanto ideológico como político de los "rebeldes" del Sur.

Desde que en 1989 Omar Al Bashir tomara el poder mediante un golpe de Estado, desplazando el régimen islámico de Al Madhi, las relaciones del norte islámico con el sur animista y cristiano lejos de mejorar han evolucionado hacia una forma distinta, pero más intensiva de dominación. Se ha seguido el adoctrinamiento religioso, pero de una manera más sistemática. Los niños y jóvenes se someten a un lavado de cerebro tan cruel como útil, para conseguir este objetivo de la unificación forzada.

En efecto, en julio de este año se celebrarán elecciones en este país profundamente dividido por la "guerra civil". Una "guerra" que más bien habría que considerarla dominación unilateral del norte islamizado hacia un sur que le provee de mano de obra esclava y materias primas tan valiosas como el petróleo. Así pues, en verano, el presidente Omar al Bashir tendrá que dejar que el voto decida; mientras tanto, envuelto en varias causas judiciales, -una de las cuales no es otra que la de participar en el genocidio-, parece querer ganar tiempo y someter mediante intensivos lavados de cerebro a la población del sur, reservada como mano de obra barata cuando no esclava.

En este país, los niños, que serán los futuros y no tan futuros trabajadores forzados, de-ben aprender a tiempo completo el Corán. Desde que se levantan y ayunan hasta que se acuestan y mal duermen. Pero o aprenden el Corán por lo que este libro, sagrado para la cultura islámica, tiene de enseñanza trascendente y pacífica, sino por ser usado como un instrumento de sometimiento absoluto. Religión y política van unidas aquí desde la infancia, para que nada del espíritu escape al poder. Este es el plan perverso que parece anidar en los centros de poder de Jartum.

De ello dio testimonio Francis Bok en su libro autobiográfico "Yo he sido un esclavo", publicado en castellano por la editorial Barrabes. Huesca 2007. Piol Bol Buk, que era su verdadero nombre, cuando apenas contaba siete años fue capturado por los murahaliin, convertido en esclavo (abeed, término despectivo que significa tanto "esclavo" como "negro") y trasladado al sur de Kordofán, una ciudad situada al norte del río Kiir (Bahr al-Arab para los árabes). El día de su captura no era excepcional, muchas otras veces ocurría. ¿Qué ocurría? Una razzia de los baggara, a veces los misseriya, otras los rizeigat (otro grupo árabe baggara) en connivencia con el poder, una matanza, un revuelo de cuerpos… y la esclavitud. Así lo describe Francis Bok:

"Yo era uno de esos niños. Naturalmente, por aquel entonces no tenía ni la más remota idea de la envergadura de los ataques de las milicias o del número de víctimas. Pero según varios libros y numerosos informes presentados por organizaciones de derechos humanos, durante esta segunda etapa de la guerra civil, que técnicamente aún no ha terminado, han muerto dos millones de habitantes del sur en luchas armadas o a causa del hambre y las enfermedades provocadas por la guerra; otros 4,4 millones se han visto forzados a abandonar sus hogares y sus pueblos, dirigiéndose la gran mayoría al norte, donde esperaban recibir alguna protección del gobierno (en la guerra civil americana, que duró cuatro años, 620.000 americanos perdieron la vida). Cuando el SPLA (Sudan Peopl'es Liberation Army) instaló su base al oro lado de la frontera en las montañas Nuba, el gobierno utilizó eso como excusa para atacar violentamente a los nuba, matan-do a unos cien mil y dejado a un millón sin hogar, convertidos en refugiados".

"Mis padres estaban lejos, en nuestra granja. Yo, atemorizado, quería estar con los chicos mayores de Gourion. Se suponía que cuidaban de mí. Pero estaban en el otro grupo, y temía dirigirme hacia ellos. Eché una mirada por la plaza del mercado en busca de ayuda, pero todo cuanto veía eran aquellos cuerpos inmóviles, con la sangre fluyendo de ellos como agua de riachuelos que ya no va a ninguna parte (…)"

"Un miliciano agarró a la mayor de las chicas, gritándole e intentando hacerla callar, sacudiéndola. Ella no podía dejar de llorar. La arrastró a un lado, le apuntó a la cabeza con su rifle y le disparó. Directo a su cabeza, el disparo que recorrió todo el bosque -¡bang!- y para cuando aquel sonido cesó, también lo había hecho el llanto de la chica. La soltó y se desplomó en el suelo como un saco vacío. Quería huir de aquel terrible suceso, pero estaba anclado en el suelo. Se me encogió el estómago a causa de lo que veían mis ojos.  Su hermana pequeña empezó a llorar incluso con más fuerza que antes, su cuerpo retorciéndose sacudido por los sollozos. Había visto cómo mataban a su padre y a su madre, y ahora mataban a su hermana mayor de un disparo ante sus ojos. Su llanto era desgarrador, y nuestro propio silencio sólo colaboraba a que su llanto pareciera más sonoro. De repente, uno de los murahaliin se desplazó rápidamente a su lado y le asestó un fuerte golpe en la pierna con su espada, amputándola a la altura del muslo. Nos quedamos todos mirando fijamente esa terrible escena que nadie debería ver nunca: una gran espada amputando la pierna de una niña pequeña de un solo tajo, como si sólo se tratara de la rama de un árbol pequeño. La sangre manaba a chorros".

Son fragmentos de su testimonio, un testimonio que logró dirigir la mirada de Norteamérica hacia el problema de Sudán y llegar en 2005 a la firma de un tratado de paz, después cuestionada por los hechos. La experiencia terrible de Piol es una de tantas de las que asolan el alma de este inmenso país. Más al norte, en aquella ciudad desconocida para él, obligado a servir a su amo Gemma Abdullah, fue renombrado como Abdul Rahman (significa: Sirviente del Compasivo) y hubo de permanecer diez años cuidando ganado, sufriendo el desprecio continuo de toda la familia del amo, siendo azotado por el mínimo error, siendo adoctrinado en la religión islámica (en su versión extremista) (el era cristiano) y sin recibir ni una sola libra sudanesa.

La esclavitud de niños y mujeres en Sudán no parece ser un invento de los dinka ni de los nuba, ni de los sudaneses más "oscuros" del Sur. Y parece existir una relación entre la esclavitud, el adoctrinamiento feroz, los intereses de ciertas empresas petroleras y los apoyos gubernamentales de Jartum a esas capturas de niños y de mujeres del sur del país. Hay un hecho que tal vez suscite una conexión de ideas y explique en parte esta atrocidad enhebrada. Antes de organizarse en Afganistán, Bin Laden, de familia petrolera, estuvo en Sudan. No es casual que se haya lanzado la yihad (guerra santa) contra los "infieles" (kefir) cristianos y animistas del sur.

Los niños para estos apóstoles del poder sacro son simples esclavos a domesticar. La infancia no existe, el juego es maligno, la sexualidad demoníaca, la paz imposible gracias a esta voluntad de guerra y dominio permanente.

Habrá que estar atentos y exigir unas elecciones sin tongo. Aunque el país está tan dividido que difícil será un gobierno que equilibre y sostenga la justicia. La esclavitud no debe seguir ni puede quedar impune. Sería bueno que los representantes destacados del Islam se pronunciaran al respecto. La hermandad religiosa no puede pasar por el oprobio. La religiosidad une a los desasistidos, aun no siendo de la misma confesión como los dinkas, y no puede hermanar con quienes torturan. El Islam no es ni debe debe ser compatible con la tortura y la esclavitud.

En los países vecinos a Sudán hay 350.000 refugiados originarios del sur del país, incluyendo a 13.300 refugiados en RDC, y unos cuatro millones de desplazados internos dentro de Sudan.

Sergio Hinojosa es psicoanalista español y profesor de filosofía, colaborador ocurrente de la Revista Biblioteca Islámica.

Fotografía de Philip Jones Griffiths

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

No se permite bajo ningún criterio el lenguaje ofensivo, comente con responsabilidad.

 
Top