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Yo decía no tener amigos
mas luego descubrí sus corazones.

Mi madre amiga que me envolvió
en el andar de sus creencias y en el latir
de su corazón hipertenso
por tanto amor que lo agobia.
Mi esposa amiga que esconde mis secretos,
me trasciende y se multiplica conmigo.

Mis hijos son mis amigos más cómplices,
Por las noches me encuentran soñando y callan,
por el día las sonrisas, juegos de letras y sus labios
son la travesura más tierna sobre los cielos.

Mis hermanos amigos, a la distancia,
listan los recuerdos sepia de nuestra infancia,
muestran los dientes a las muchachas que nos besaban
y acechan la nostalgia de ver todo más grande.

Tuve a mis abuelos amigos que me guiaron
hacia la humildad, el trabajo, la necesidad sana y el amor.
Mi abuela y su eterna lucha por nuestra sonrisa tierna eterna.
Mi abuelo con la almádana, enderezando el futuro.

Mis tías y tíos amigos sueñan con los hijos
y se aferran a sus nietos y sus almohadas orinadas y
herederas de las primeras suciedades.

Tengo los suegros amigos, quienes labran mi costado
pues ellos crearon a la mujer perfecta para mí,
con la cuma chapodando los malos pensamientos
y el comal tostando los besos para mi deleite.

Sus hijos, mis cuñados amigos, son el respeto a los sueños
la terquedad de subsistir y amar en la lejanía.

Aún no mencioné a mis amigos guerrilleros
que con su sangre formaron la alfombra roja
para la justicia, el amor y la solidaridad.
Mis amigos muertos, mis muertos, nuestros muertos
son el respiro de mis sueños y utopías
más sangrantes, más tiernas.

Mis amigos cubanos son lo más cercano a mis anhelos.
Dúo perfecto de un rostro en formación:
Cuba una ceja, El salvador el ojo vigía.
Mis amigos nicas, que mutilan el sonido de la G de guardia.
Mis amigos iraníes, culto alto de amor a la sabiduría,
canto del Corán, corazón del creador,
corazón de la revolución.
Mis amigos latinoamericanos,
cepa dulce de una mano fuerte, altiva, milenaria, invaluable,
ojos de esperanza en el horizonte.

Tengo mis amigos poetas, que, aunque la amistad no es de siempre,
hiperbolizan su amistad y enemistad conmigo,
escriben imágenes de sus voces
y metaforizan sus abrazos con la mirada.

En fin, estos son mis amigos cientos,
miles, decenas, uno en conjugación
Mis amigos músicos, cuerdas de la alegría.
Mis amigos teatristas, tablas de la vida.
Mis amigos pintores, óleo sobre la esperanza.
Mis amigos escritores, cuerpo de una hoja en blanco.
Mis amigos profesores, libro compartido.
Mis amigos estudiantes, respuesta exacta del conocimiento.
Mis amigos bohemios, etilo de alegría.
Mis amigos colegas, mano apretada para seguir.
Mis amigos enemigos, que me aman más con cada odio.
Mis amigos amigos, que son todos los que me quieren,
me engañan, me enojan, me sonríen, me lloran…

Estos son mis amigos,
rocíos refrescantes de la noche oscura
porque me iluminan el universo.


¡Y yo que creía no tener amigos!

San Salvador, 8 de mayo 2010
Teherán, Irán, 14 de febrero de 2012



*Jorge Haguilar es catedrático de la UES, colaborador de la Revista Biblioteca Islámica

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