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Entre más tiempo pasa desde aquel día que tomé la decisión de convertirme en musulmán, más convencido estoy de que ha sido la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida, Alhamdulilah.

Nunca me ha gustado hablar de mí, eso de ponerme en primera persona, es una tentación en la que hombre y mujer pueden caer y, sentirse por encima de su propio entorno, pero en este caso hare una excepción y, con algo de dificultad hablare de mí.

Los títulos no hacen a las personas, es más bien su capacidad de servir y aportar a la sociedad, a partir de ello escogí en principio la labor docente y me gradúe de Profesor de Segunda Enseñanza en Historia y Ciencias Sociales, por parte de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Estos estudios me llevaron después a querer profundizar en el conocimiento de las culturas y entonces accedí al título de licenciado en Antropología, y me di nuevamente cuenta que para conocer a las sociedades y sus interrelaciones me llevaría una vida de estudio y, aún así sería insuficiente, es así que los estudios de maestría en Psicología Social que permitieron ahondar en el estudio de los seres humanos y sus interacciones, pero también intento buscar respuestas que nos puedan fortalecer en nuestra humanidad. No hay teoría sin práctica y, para mí la práctica me la proporciona más de quince años de trabajo en organizaciones de desarrollo que trabajan en las comunidades más necesitadas de Guatemala.

¿En qué momento llega el Islam a mi vida? Parecería contradictorio, pero en el momento que creía que menos necesitaba, al menos eso creía. Había encontrado, aparentemente, en la militancia política desde el marxismo, las respuestas a mi vida, y Dios no cabía, bastante arrogancia tal vez, no quiero hacer de mi testimonio un análisis de lo acertado o equivocado que era el proyecto político, pero lo que si pude sentir es que el amor por mis hermanos y el dolor por la injusticia, tiene que ver en principio en como dentro de nosotros mismos nos asumamos, y el ver las manitas de mi hijo entre las mías despertaba una ternura que me obligó a verme por dentro, eso no me proporcionó el proyecto ni el discurso.

Es así que frente a la responsabilidad, sublime, de ver a nuevos seres humanos crecer, busque respuestas que antes las explicaba desde el materialismo dialéctico. Es así como llegue al Islam, que valga aclarar, fue un camino que recorrí a lo largo de dos años, por medio de lecturas y de platicas con un estimado hermano que encontré en la Mezquita Al Daawa en la ciudad de Guatemala.  Poco a poco la miseria que campea en a mi alrededor deja de tener la explicación superficial y me obliga a ir más adentro, en el ser humano y su relación con el Dios, el único digno de ser adorado.

Antes de ese día, el día de mi Shahada, mi mente se convirtió en una olla de tamales, mi estómago revoloteaba, yo sabía que detrás de ese paso no hay marcha atrás, tome la decisión de que mi vida cambiaría a partir de ese momento. Las palabras más sencillas se hicieron las más significativas y estaba solo, junto con un hermano que pacientemente tomo mi testimonio de fe, de repente deje de estar solo, no hay imágenes alrededor, ni bancas sólo una alfombra, aprieto mis manos con fuerza y mis ojos se llenan de lágrimas, recordé a mis amigos, familia, compromiso, mi vida, el amor llenó mi corazón y no supe lo que vendría después pero a partir de ello el camino estaba más despejado, percibí de forma distinta a mi sociedad, el cielo y la tierra. 
 No he dejado de estudiar desde ese día, y creo que no me alcanzarán los días o años que puedan quedar en mi vida, si es así la voluntad de Dios, para que pueda seguir conociendo sobre esta bendita Religión y eso me emociona como aquel día que reconocí que el Islam era la guía y la respuesta para mi vida, ahora puedo amar más.  La ciencia tiene sentido, y el vivir para desarrollarla lo amerita, pero sólo Dios le da sentido a la vida junto con el amor por mis seres queridos y los hermanos.

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