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El calentamiento de la Tierra y su máxima representación los desastres originados por el cambio climático, tiene a su base la propagación del capitalismo salvaje, cuya esencia es la acumulación de riqueza al costo que sea, material o humano. Por supuesto que planteado de esta manera suena a un trasnochado panfleto ideológico, sin novedad alguna. Sin embargo, la sutileza y paciencia con que el capitalismo nos condujo a tal situación tiene, sin lugar a dudas, suficientes elementos para tal conclusión.

La primera y seria advertencia fue publicada en 1973 en el libro "El problema demográfico  y la contaminación": La Contaminación, Biblioteca Salvat de grandes temas. En la página  30 leemos: "Se ha calculado que si para el año 2000 los 7.000 millones de habitantes que existirán sobre la Tierra hubiesen adoptado el sistema económico y las formas de vida de los norteamericanos de hoy, la carga total de contaminación del medio ambiente sería 10 veces superior".
En esta primera consideración, tomemos en cuenta que la famosa globalización no es más que la implementación del "sistema económico y las formas de vida de los norteamericanos", incluyendo las guerras para apropiarse de los recursos naturales para sostener el desbocado tren del consumo.
Así, no se trata del crecimiento de la población, sino de una ideología que lleva incrustado el embrión de la desgracia humana, disfrazado de "democracia", "desarrollo", "libertades", "libres expresión", y un largo etcétera. La segunda premisa sucede 38 años después de aquella declaración: la moda actual en el tema ambiental es la "adaptación".

La adaptación, en términos biológicos supone, en términos biológicos, según el Diccionario de la Real Academia Española "Dicho de un ser vivo: Acomodarse a las condiciones de su entorno".
Si dicho concepto lo adaptamos a la adaptación que se promueve en los ámbitos de las agencias de las Naciones Unidas, del financiero vía Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, y otras instituciones prestatarias, significa ni más ni menos que el desastre ambiental allí está, que no se puede luchar contra esa condición y por eso hay que "adaptarnos".
Para esa "adaptación" se ejecuta un ambicioso proyecto mundial con millones de dólares en fondos, unos donados y otros prestados. Basta leer los informes sobre el tema en las páginas de Internet de dichas instituciones. Pero, ¿de dónde nace la idea de la "adaptación" y cuáles su objetivo? De nuevo encontramos al capitalismo salvaje de los Estados Unidos.

En el 2002 la revista Discover en español publica lo siguiente: "En los próximos 100 años la Tierra se calentará de tres a nueve grados Fahrenheit. Habrá sequías en los Estados Unidos. Los inviernos serán más cálidos y los veranos más húmedos. Los desiertos se convertirán en praderas. La nieve de las montañas se derretirá más temprano en la primavera. Los mares se elevarán y cubrirán las zonas costeras. Pero habrá más maíz, cebada y soya. Asimismo, habrá más árboles e incendios forestales, y también más tormentas e inundaciones. ¿Son radicales todas estas predicciones? No. Vienen de un informe emitido por la Agencia de Protección Ambiental (Enviromental Protection Agency, EPA) para las Naciones Unidas. En un cambio de opinión, la Agencia admitió que hay un calentamiento global, que los humanos son responsables, y que el medio ambiente estadounidense probablemente cambie drásticamente en el próximo siglo. Después, la Agencia ofreció una singular solución: más que ratificar el protocolo de Kioto sobre los cambios climáticos o reducir las emisiones de dióxido de carbono, los estadounidenses deberían adaptarse. Es probable que se vean obligados a hacerlo de inmediato. Los primeros seis meses del 2002 fueron los más calientes que se hayan registrado en el hemisferio norte. Los incendios forestales y el derretimiento de los glaciares se han vuelto eventos cotidianos".
El informe se refiere a la situación de los Estados Unidos, incluso que debido a tal desastres "los estadounidenses deberían adaptarse", pero la adaptación ¡se la aplicaron a todo el mundo!
Con la difusión de la "adaptación" los Estados Unidos estandarizaron un patrón de desastre ambiental, que deja de lado las diversas soluciones, muchas en contra de la idea capitalista, para luchar contra el desastre ambiental. También los Estados Unidos y sus instituciones financieras encontraron en el desastre ambiental motivo para lucrar.

Dice el Fondo Monetario Internacional que las medidas para la adaptación exigirán considerables inversiones, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.
Y el Banco Interamericano de Desarrollo, al anunciar 3 mil millones de  dólares para atajar la vulnerabilidad asegura que "el financiamiento del BID para la región, buscan apoyar, mitigar y adaptación a los efectos que genere el cambio climático e incrementar la competitividad a través de una mejor infraestructura para las áreas de salud, educación, energía".
De paso hay que notar que  el BID utiliza la palabra "competitividad" asociada al desastre ambiental, esto nos recuerda la conferencia mundial sobre el clima en Johanesburgo, Sudáfrica.
En dicha conferencia, propuesta de los Estados Unidos, fue eliminada la palabra "cooperación" de los documentos oficiales, sustituyéndola por la "competitividad".

Las Naciones Unidas, dicen que "el cambio climático es uno de los problemas más graves que enfrenta la comunidad internacional y el que exige una respuesta global urgente. Además, debido a que la degradación de la tierra, la deforestación, la variabilidad del clima y la pobreza están relacionadas entre sí, se deben combinar las diferentes fuentes de financiación disponibles, en la medida de lo posible, en un "paquete" financiero para aumentar su impacto".
Si en el párrafo anterior quitamos "cambio climático" nos daremos cuenta que los problemas que quedan son los que siempre han aquejado a la comunidad, pero ahora, bajo la visión del "cambio climático" la ayuda financiera adquiere nuevas formas.

La idea perversa que se esconde bajo el disfraz de la "adaptación", se revela cuando los Estados Unidos no firman el protocolo de Kioto. Esto significa que la industria tiene permiso para contaminar, para seguir matando con impunidad, ya que para eso la humanidad se está "adaptando".
Llevado lo anterior al plano de la conducta individual, se traduce en que ya no hay que luchar contra el desastre ambiental,  sino "adaptarnos" y con ello llevarnos al desastre ambiental del que ya tenemos serias muestras irreversibles.

Néstor Martínez/Indamislam Press

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