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A Charles Baudelaire:

Llevas a la lucha tu espada oxidada,

se agita en una mano que casi abrasa al cielo

por su sangre inflamada e iluminada,

queriendo desgarrar al aire.

Reúnes a las mujeres

en una mujer cuyos labios son sangre sobre hielo

y su cuerpo engañoso y necio

es una víbora caminando, almohada sobre el lecho...

No quieres

abrir los tragaluces para que entre la luz,

para no sentir que es vida.

Oriente alza ante tus ojos los velos,

casi abrazas la belleza junto al trono de Dios,

casi la ves

relucir en una nube de fragancia y luz.

La ves en el pezón de un seno que enciende las estrellas

 
Traducción del árabe por:  Carolina Fraile

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