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Mohammad Bagher Karimian
Consejero Cultural de la Embajada de la República Islámica de Irán en España

SUPOSICIONES PREVIAS

1. Factores que influyen sobre la personalidad del individuo y sus pensamientos:
a. El ámbito geográfico, sociocultural y económico.
b. La información del entorno, procedente de los citados ámbitos, especialmente el lingüístico.
c. Experiencias internas y externas influenciadas por acontecimientos históricos.

2. Las ideas y los sistemas de pensamiento nuevos se basan en los pensamientos y las grandes obras anteriores.

3. Existe un enfrentamiento permanente entre la sabiduría y la ignorancia en todo el mundo, buscando cada una su propio desarrollo.

4. Los conflictos entre los opresores preparan el terreno para el crecimiento de las ciencias.

5. Para evadirse de las presiones y por temor a las acusaciones, Ibn Arabi se centró más en escribir que en educar discípulos. En sus escritos ha sido lo más conservador posible.

6. Los acontecimientos y los periodos históricos contribuyen al crecimiento o a la decadencia de las culturas, las civilizaciones y las ciencias.

7. Aún careciendo de los medios de comunicación actuales, las imitaciones y las adaptaciones evolucionaron el mundo de entonces.

LA COMPARACIÓN DE ALGUNOS PERIODOS HISTÓRICOS DE ESPAÑA E IRÁN

El martirio del tercer Imán de los chiítas Husain en Karbalá en el año 680 de nuestra era, marcó el comienzo de la disminución gradual del dominio de los Omeyas en el oriente musulmán, donde siempre había existido pasión por la familia del profeta. Los Omeyas desaparecieron definitivamente en las regiones centrales y orientales de los territorios islámicos en el año 749. Pero en el año 755 alcanzaron el poder en Al-Andalus, donde habían llegado en el año 710. A Irán habían llegado en la tercera década de la Hégira, pero fue la dinastía Abasí la que se estableció en Rey en el año 745.

En España gran parte del territorio siguió bajo el control de los gobernantes locales. Pero el Imperio Persa no pudo seguir como antaño, aún cuando durante todas las épocas ha habido dinastías iraníes que en virtud de las coyunturas históricas dominaban pequeñas o grandes regiones del país. De paso, hay que recordar que el Irán de entonces se extendía, además de los territorios del actual Irán, a grandes partes de la Asia Central, la región Mesopotámica y el sub-continente índico.

Tras la caída de los Omeyas y la diminución del dominio abasí, la dinastía chiíta de Alebuye se estableció en el poder en Irán del 947 al 1016. Este periodo coincide con el florecimiento de la civilización islámica, no sólo en Irán sino en todas partes. El citado periodo coincide con la caída de los Omeyas en Al-Andalus en 1030.

Desde la última fecha nos encontramos con dos periodos del reino de taifas en Al-Andalus que coincide, por una parte, con el traspaso del poder de los gaznavíes a los Selyúcidas y, por otra, con la invasión y el posterior domino de los mongoles del 1247 al 1345, Al-Andalus sufría el enfrentamiento entre los almohades, los almorávides y Alfonso X.

La última comparación corresponde al inicio del dominio de los gobernantes indígenas en todo el territorio de los dos países. En Irán coincide con el establecimiento de la dinastía de los safawí en 1501, y en España con unas décadas de diferencia en 1492. La similitud de los acontecimientos en los dos países es sorprendente y merece ser tenida en cuenta.

LA FILOSOFÍA Y LA MÍSTICA EN IRÁN Y EN AL-ANDALUS

El reinado de los Omeyas coincide con el auge de la literatura y la narrativa en Al-Andalus. Un ejemplar de “Al Aghani”, la obra de Abolfajr Isfahani (896-966), fue adquirido en Bagdad por mil dinares de oro con la condición de que la primera edición fuera en Al-Andalus. Esta obra, junto con otros textos, revelan el florecimiento literario de aquella época.

Personalidades como Ibn Masare, 882-930, de origen español, Ibn Hazm, de origen persa, nacido en Córdoba en 922, Avenpace, fallecido en 1134-1138, y Averroes, 1125-1198, fomentaron con mucho esfuerzo y sufrimiento la filosofía y la mística en Al-Andalus. Mientras tanto, en el corazón de los territorios islámicos y en Irán, el kalam, la filosofía y la mística estaban en boga. En el Kalam los Motazale, y los Ashári y en la filosofía los Masháei, y posteriormente los Eshraghi en el siglo XI, así como muchos otros místicos a los que nombra Ibn Arabi, que no viene al caso repetir aquí, habían fundado sus escuelas. Los iraníes participaron activamente en este esfuerzo y han tenido mucho prestigio en la narrativa y en la literatura. Bayazid Bastami, Sahi Ibn Abdullah Shushtari, Hakim Tarmazi, Abu Hamed Ghazali, Abdul Ghader Guilani, Abubakr Balkhí, Abu Ishagh Esfarayani, Hisan Ibn Ibrahim Kermani y Abu Ahmed Jorjani habían alcanzado la máxima fama en los siglos IX y X. Ibn Arabi ha mencionado a todos ellos.

Según los estudiosos, el punto álgido del florecimiento de la civilización islámica es en el siglo X, es decir, durante el reinado de los Alebuye de credo chiíta. Los efectos de aquel cambio cultural llegaron a Al-Andalus y dejaron sus huellas en los gobernantes omeyas. Así vio la luz en el occidente musulmán la filosofía y la mística, y así fue como se cuajaron las condiciones para el alumbramiento intelectual de Ibn Arabi, influenciado por varios de los factores citado al comienzo de esta ponencia como suposiciones previas.

Insisto que el periodo político M Almustanser Bellah Abaí, Almonzor (960-976) en Al-Andalus, 14 años después del comienzo del reinado de los Alebuye en Irán, abonó el terreno para el florecimiento y el enriquecimiento filosófico. En aquel entonces la biblioteca de Córdoba tenía cuatrocientos mil libros. Aún así, los andalusíes combatían a los filósofos y a la filosofía. Quemaban los libros de filosofía y maltrataban y maldecían a los filósofos. Sus seguidores eran tachados de ateos. Quemaron los libros de Ghazali, rechazando sus escritos.

El cadí de córdoba, Ibn Zarb, 929-991, perseguía a los seguidores de Ibn Masara. Les obligaba a arrepentirse y a quemar sus libros. Al morirse Almustanser en 976, su sucesor Abu Amer Muharrimad Ibn Abdullah mandó retirar de la biblioteca los libros de filosofía, medicina y astronomía, y quemarlos.

Sin embargo, no se puede negar que desde finales del siglo IX con la llegada al poder de Ibn Masar, 852-886, hasta la época de Ibn Arabi, 1164-1240, es decir, durante tres siglos, no siempre la opinión sobre la filosofía ha sido como acabamos de describir. A veces los cambios políticos y los conflictos en Al-Andalus propiciaban el ambiente de libertad para los pensadores y para la filosofía. Otras veces provocaron encontronazos. Antes de la época de Ibn Arabi, la filosofía, y probablemente la mística teórica, habían encontrado su lugar en el pensamiento y en las bibliotecas de Al-Andalus. El acceso a las obras andalusíes y a los escritos de los sabios musulmanes como Farabi, Ibn Sina (Avicena), Ejwan Alsafa,.... era más fácil.

LOS CONTEMPORÁNEOS PERSAS DE IBN ARABI

Reitero que los enfrentamientos entre los Almohades, los Almorávides y los reyes españoles, desde Alfonso VI hasta Alfonso VIII, desde 1064 hasta 1222, cuando se forma el tercer periodo de los Reinos de Taifas en Al-Andalus, coinciden con el final del reinado de la dinastía de los Selyúcides y todo el periodo de la invasión mongol hasta su caída en Irán en el año 1344. En algunas zonas del Gran Jorrasan y del sub-continente los mongoles, ya iranizados, se quedaron hasta principios del siglo XIX.

En este periodo cabe destacar cuatro personalidades en la historia de las ciencias y de la cultura de Irán:
El mártir Shahaboddin Sohrevardí, 1154-1190
Khaje Nasiroddin Tousi, 1200-1273
Faridoddin Attar, martirizado en 1229
Shaij Najmoddin Kobra, martirizado en 1219

El primero de ellos fue el fundador de la Escuela Eshragh. Recuperó la sabiduría Pehlavi y fue muy célebre en Damasco.
El segundo, es decir, Tousi, fundó el kalam chiíta influenciado por la filosofía. Fue astrónomo y matemático. Vivió en contra de su voluntad en las fortificaciones de los Ismaelitas, al igual que se vio obligado a acompañar a los caudillos mongoles en sus conquistas.
El tercero, Attar, es el gran poeta, autor del “Lenguaje de los Pájaros”.
Najmoddin Kobra era uno de las grandes figuras de la mística del oriente musulmán.
Finalmente, tenemos al célebre poeta del misticismo ético Shaij Moslehoddin Saadi, siglo XIII, que en aquel entonces vivía en Damasco.

IBN ARABÍ EN EL ORIENTE

El carácter inquieto de Ibn Arabi le anima a viajar. Desea conocer Oriente. Busca compañeros de ruta y viaja dos veces hasta Túnez y Egipto. Durante el primer viaje fallece su compañero. En su segundo viaje llega a La Meca. Allí encuentra a uno de los grandes maestros, Makinoddin Isfahani. No sólo alaba a Makinoddin sino que compone el Tarjoman Al Ashwagh por su bella e inteligente hija, Nizam, llamada igualmente por Ibn Arabi como la hija de Rostam. Tarjoman Al Ashwagh y la historia que encierra creó a Ibn Arabi los problemas que siempre había tratado de evitar. Ante las protestas se vio obligado a interpretar sus propios poemas. Esta obra necesitaría un análisis independiente para poder valorar, por una parte, la influencia del pensamiento de Makinoddin, su hermana y su hija sobre ella y, por otra, sus efectos sobre la poesía persa y la mayor parte de las obras de poetas como Hafiz.

Ibn Arabi viajó a Bagdad y Konya. Cruzó la zona kurda entre Irán, Irak y Turquía. Parece prever los siguientes años en los que los invasores mongoles destruyeron toda aquella región. Sin embargo, no hay constancia de viajes a Irán. Lo curioso es que no nombra a los eruditos persas que ya hemos citado aún cuando consta que se conocían. Ello sólo se debía a que Khaje Nasiroddin Tousi era preso de los ismaelitas, sobre Sohrevardi pesaban fuertes acusaciones y Attar estaba lejos.

Ibn Arabi conocía a los ismaelitas Fatemies y Nazarles en Egipto y en Siria, pero sus principios de hombre devoto imposibilitaban la amistad con ellos. Quien sabe, tal vez había sido objeto de amenazas por ellos. Sólo existe un documento, poco fiable, donde los ismaelitas consideraban a Ibn Arabi como nazarí. Pero se puede atribuir su dureza con los ismaelitas, a los que llama despectivamente rafezies, a que éstos ni siquiera respetaban superficialmente la sharia.

Ibn Arabi reconoce en su obra todo lo que ha aprendido del oriente musulmán, pero sus motivos para abstenerse de opinar sobre la filosofía de Ishragh y el kamlam cismático y de viajar a Persia son un misterio que habría que investigar. Tal vez ello se debió a su afán de ahorrarse las acusaciones y alejarse de peligros, así como a sus encuentros con sus contemporáneos que habían buscando refugio en Damasco o en Konya tras la invasión mongol. Estas probabilidades no pueden ser descartadas dado su explícita oposición a los orientales y a sus métodos fariseos. Entre los orientales, los iraníes continuaron su misión y dieron a conocer sus pensamientos al mundo.

SADROWIN GHUNAVI Y SUS DISCÍPULOS

Hemos dicho que el recelo de Ibn Arabi para formar círculos de estudio y sus esfuerzos para enseñar de forma esporádica se basaban en experiencias que abundaban en los territorios islámicos y que han dejado algunos testimonios. La clarividencia de Ibn Arabi y las dotes innatas de Sadroddin Ghunavi, fallecido en 1272, más la situación familiar de éste, su riqueza, su prestigio y su juventud, así como el hecho de que su madre contrajera matrimonio con Ibn Arabi al fallecer su marido, hacen de Ghunavi un discípulo y un maestro único.

En las investigaciones preliminares no aparecen otros discípulos como Ghunavi. Un discípulo que pudo sustituir a su maestro y que le acompaño de ciudad en ciudad hasta establecerse en Damasco. Ghunavi ha sido maestro de muchos persas con los que compartía el mismo idioma. Así dio continuidad a la escuela de Ibn Arabi. Salvo el tunecino Afifoddin Telmesani, el resto de sus discípulos eran iraníes. Éstos eran:
Molla Abdul Razagh Kashani, falleció en 1329.
Ouhadoddin Kermani (¿?).
Moayeddin Jandi, fallecido en 1290.
Saeedoddin Farghani, fallecido en 1300.
Sharrisoddin Eiki, probablemente de Tabriz, 1186-1247.
Ghotboddin Shirazi, una de las figuras célebres del siglo XIV, discípulo de Ghunavi y de Nasirroddin Tousi.

Todos los que han sido nombrados son figuras célebres del siglo XIV.
Ibn Arabi, Ghunavi y sus discípulos, así como muchos sabios de aquel entonces visitaban muy a menudo Konya, residían en esta ciudad e impartían clases. Konya era un lugar tranquilo antes de la invasión mongol. Después del ataque de los mongoles, el citado grupo trasladó su residencia a Damasco, alejado por aquel entonces del movimiento de tropas. Damasco disfrutaba de una relativa tranquilidad después de las Cruzadas. Su proximidad a Jerusalén y a La Meca era una ventaja adicional que hacía de esta ciudad un lugar elegido por pensadores y literatos. Por ello, Ibn Arabi y algunos de sus discípulos fueron enterrados en esta ciudad a los pies del monte Ghasion, lo que nos hace ver, por otra parte, que no tuvieron oportunidad de regresar a sus lugares de nacimiento. Aún así, sus obras se difundieron muy pronto en todas direcciones.

Cada uno de estos discípulos ha escrito una interpretación sobre la obra más célebre de Ibn Arabi, Fosus Al Hekam. Desafortunadamente, esta obra no ha sido traducida al español por la dificultad que entraña, según palabras de Masignon.

Los diferentes textos, en árabe y en persa, mas los tratados anónimos sobre la misma obra, ascienden a más de 300 interpretaciones de los trabajos sobre Fosus Al-Hekam. La mayor parte de las interpretaciones son obra de autores iraníes. Naturalmente, cada uno de los discípulos de Ghunavi ha tenido sus propios discípulos que han contribuido a la difusión de la obra de Ibn Arabi a lo ancho y a lo largo de Irán. Pero aquí no vamos a revisar sus vidas.

Entre los citados, Molla Abdul Razagh Kashani (falleció en 1329) ocupa un lugar especial. Su interpretación de El Corán se atribuía, hasta hace poco, a Ibn Arabi. Kashani ha hecho también una interpretación sólida y elocuente del Fosus Al Hekam. Interpretación utilizada durante algún tiempo como libro de texto. Dos de sus discípulos son:

1. Muharrimad Ibn Davoud Gheisari Rumi, falleció en 1349. En el preámbulo de su interpretación del Fusus expresa su reconocimiento a su maestro Molla Abdul Razagh. Más adelante trataré este preámbulo que se ha hecho célebre en los seminarios de teología en Irán.

2. Sharris Aldin Tabrizi. Si pos Sharris, entendemos que estamos hablando de Muharrimad Ibn Ali Ibn Malek, 1186-1247, naturalmente no tendría nada que ver con Kashani. Este Sharris, sería el guía de Maulana, y al parecer nada vinculado con la escuela de Ibn Arabi. Según ciertas versiones este Sharris se dirigió en Damasco a Ouhadeddin Kermani, uno de los grandes seguidores de Ibn Arabi, exigiéndole que abandonara sus prácticas y actuara en el zoco de la ciudad en contra de sus creencias. Pero Ouhadeddin no aceptó. Y si es otro Sharris, podría ser Sharris Aldin Eiki, discípulo de Ghunavi, cuya biografía no he podido encontrar por falta de tiempo.

De todas formas, Jalaloddin Muharrimad Balkhi Rumi, 1207-1273, era uno de los contemporáneos de Sadroddin Ghunavi y da la casualidad que había vivido en Konya, había estudiado en Damasco y tenía contactos con Ghunavi. Pero la influencia de Shams Aldin Tabrizi sobre él, después de su primer encuentro en Konya en 1244, era otra cosa. Oficialmente ningún historiador ha confirmado que Sharris fuera discípulo de Ghunavi. Tampoco se observan a simple vista las huellas de la Escuela de Ibn Arabi en Masnavi, célebre obra de Sharris. Aunque para nosotros no está clara la relación entre Sharris y la Escuela de Ibn Arabi, algunos estudiosos iraníes sostienen que la relación de Maulana con esta escuela es, simplemente, por el preámbulo del “Fusus” de Molla Abdul Razagh Kashani.

FUENTES QUE NO SE OLVIDAN

Tal vez este artículo de la sensación de que las fuentes del pensamiento de Ibn Arabi y sus contemporáneos han sido relegadas. Para aclararlo vamos a repasar, esquemáticamente, estas fuentes:
1. La doctrina Pelhavi estaba difundida en la región.
2. El pensamiento hindú, cuya máxima manifestación es el Budismo, había dejado algunas huellas (consultar la historia de Buzasef en los textos islámicos...)
3. La filosofía griega ha estado presente mediante el movimiento de la traducción y, posteriormente, en los textos de Ekhwan Al Safa.
4. El Corán tiene un lugar único como la fuente más importante de los pensamientos místicos y creador de la nueva civilización islámica.
5. Se ha extendido por todas las tierras islámicas textos repletos de misticismo figurativo e invocativo de los imanes chiítas, es decir, los miembros de la familia del Profeta que propagaban directamente sus enseñanzas.
6. Escuela kalamíes de los motazale y eshaere, así como escuelas filosóficas como la de masha y la de eshragh, junto con prácticas sufíes, alimentaban el intelecto de los sabios.
7. Las experiencias religiosas y las enseñanzas de Zaratustra, del Judaísmo y del Cristianismo, cuyas formas más puras han sido aceptadas por el Corán, estaban al alcance de los pensadores de aquel entonces.

La relativa autonomía de las comunidades científicas, a veces libres del fanatismo, tenía la ventaja de que cada uno podía inclinarse hacia la tendencia que más le apeteciera.

LA ESCUELA DE IBN ARABI EN CINCO GENERACIONES

He tratado de dibujar en las páginas previas la relación entre la evolución política y los pensadores, establecer vínculos entre los cambios de una región con otra, nombrar a los pensadores célebres contemporáneos y enumerar la relación de las fuentes del pensamiento de aquel entonces. Ahora, con una visión más clara, podríamos imaginar la caída de los mongoles y la llegada al poder de los Timúridas en la Transoxiana y sus ataques a Irán, Irak, Siria e incluso África, así podríamos preparar el terreno para próximos estudios que no voy a detallar aquí y que demostrarían cómo los pensadores y los poetas intercambian ideas en lugares alejados de enfrentamientos políticos graves.

En esta época surgen los Kobravieh, los Nurbakhshia y los Nematollahi. Sheik Eshagh Khallani, de credo suní, y sus compañeros pierden la vida en el enfrentamiento con Tamerián. Shah Nernatollah Vali (1330-1430) es desterrado a Transoxiana. Cinco miembros de la dinastía Safavi, fundadores de la monarquía chiíta en Irán, pierden la vida en las guerras del 1334 a 1492.

En la misma época, Saerioddin Alí Ibn Torke, una de las figuras de la escuela Masha y Erfan de Irán fue desterrado de Isfahán y tuvo que soportar el frío invierno de Harat junto con su familia. Sus cartas a los dirigentes merecen ser leídas.

Khaje Sharris Aldin Muharrimad, Hafiz, fallecido en el siglo XIV, compone sus odas en esa época. Se desconocen datos sobre su vida, incluso la fecha exacta de su nacimiento o de su muerte. No se sabe cómo le llego el pensamiento de Ibn Arabí, ni quien fue su maestro. No soy un literato para comparar a Hafiz con sus antecesores como Saadi, que componía con amor, Meviavi que es todo misticismo, Attar con su historia de los pájaros y Sanaei con su gran poesía.

Pero si creo que después de la influencia de Makinoddin Isfahani sobre Ibn Arabi y la aproximación de éste a la poesía, poco lírica, de Abu Saeed Abolkhair, es Hafiz quien recoge la belleza y la delicadeza femenina en su poesía, disfrazada de profundos conceptos místicos. Pero no hubo reproches para Hafiz. Con sus excesos graciosos con el sheik y el guardián les convirtió en sus seguidores. Su poesía es parte de la vida de la gente en Irán y en Asia Central. Todos le quieren pero nunca dicen que se ha dejado influenciar por Ibn Arabi. Sólo son los lectores de Ibn Arabi quienes de vez en cuando comparan la poesía de Hafiz por su contenido con los escritos de Ibn Arabi y de su contemporáneo egipcio, Ibn Farez Mesri, 1181-1235, aunque por su estilo es más acorde con Tarjoman Al Ashwagh. Para los que hablamos persa, Hafiz por encima de todo es un erudito versado en el Corán que lo interpreta en su diván.

El profesor Henry Corbin ha vivido durante algún tiempo en Irán, enriqueciendo las investigaciones científicas y filosóficas en colaboración con sus discípulos persas y egipcios. Es una buena referencia para el estudio de los acontecimientos de aquellos días. Sugiero la lectura de sus libros, así como la obra del Dr. Seyed Hussain Nasr, ambos traducidos al castellano, para el lector español. Henry Corbin es un hombre al que la sociedad iraní debe mucho. Dio a conocer a los iraníes y al mundo entero a una de las grandes figuras del misticismo chiíta y seguidor de la escuela Ibn Arabi. Me refiero a Seyed Heidar Amoli Vazir, erudito en la corte de los gobernantes de Mazandarán que falleció en 1391. Después de renunciar a su cargo de ministro en la corte emprendió viaje con destino a La Meca y Medina, pasando por Rey, Isfahán, y Shushtar. Residió durante muchos años al lado del santuario del primer imán de los chiítas, Ali Ibn Abitalib. Finalmente, regresó a Amol, donde está enterrado. Ha dejado muchos libros, siendo uno de ellos “Nas Al Nosus”,. Es el primer autor que al margen de interpretar al “Fusus” ha criticado rigurosamente a Ibn Arabi.

Desde el establecimiento de los Safavi hasta unos cien años más tarde, es decir hasta los principios del siglo XVII, hubo una relativa seguridad para los pensadores iraníes de las diferentes escuelas. Pero en los años finales del citado siglo las presiones van en aumento hasta convertirse en un método habitual. Es, en esta época, cuando se desata el enfrentamiento entre los filósofos seguidores de las escuelas de Ibn Arabi y de Sohrevardi sobre el principio de la existencia y el principio de la esencia. Otro tanto ocurre con las escuelas de Shiraz e Isfahan. Tras estos enfrentamientos científicos, llega la huida, el destierro y el castigo de los filósofos. Desde aquella época vamos a resumir la biografía de dos de ellos. Pero antes, quisiera indicar que según ciertos estudios el factor principal de estas tensiones poco tenía que ver con el fanatismo religioso (aunque hay testimonios escritos que demuestran lo contrario) sino que la situación se debía a la confusión creada por las rivalidades políticas. Los Safavi sabían muy bien que habían alcanzado el poder en Irán gracias a su inclinación por el misticismo. Pensaban que la aparición de nuevas figuras con un pensamiento superior pondría en peligro su poder. Por lo tanto, movilizaron a los alfaquíes y a los cortesanos y así fundaron la oposición a la filosofía y al misticismo. Lo mismo que había ocurrido con anterioridad en el Imperio Otomano, en Egipto y en muchos otros lugares.

Retornando el punto anterior, vamos a resumir la biografía de los dos filósofos anteriormente citados:

El primero, Muharrimad Ibn Ibrahim, más conocido como Sadroddin Shirazi Molla Sadra o Sadra o Sadrolmotal-lahin, fallecido en 1640, es el primer filósofo que desarrolla la filosofía “taalah” con estilo propio, basándose en los filósofos de “masha”, “ishragh” y “erfan”, especialmente Ibn Arabi. Fue desterrado a “Xahak”, una aldea cerca de Qom, donde escribió su célebre obra “Asfar al Arbaa” en 9 tomos.

El segundo, Abul Ghassem Mirfendereski, 1580-1628, vivió en la época de Sha Abbas. Huyó a la India. En su huida vivió en varias ciudades, en las cuales difundía sus ideas. Una vez era reconocido en un lugar, se veía obligado a huir a otro. En esta huidas le acompañaba su discípulo, Saeed Sarmad Kashami, que también había asistido a las clases de Molla Sadra y que finalmente cayó mártir en La India. En colaboración con el príncipe Darashku contribuyó a la difusión de esta doctrina. La traducción de los principales textos del hinduismo al persa y de este idioma a otras lenguas europea fue bajo la influencia de esta doctrina, pero su estudio exige otros artículos. Sólo añadiré que en La India se tipografiaron decenas de libros sobre las opiniones de Molla Sadra. Hay un breve resumen sobre los resultados de la difusión de estas ideas en “La historia de la filosofía en el Islam”, obra de M. M. Sharif. La continuidad del proceso místico teórico y práctico y el sufismo en Asia Central es otro de los temas de interés. Hay un estudio interesante del K.G.B. sobre este tema, publicado en Irán y en Europa.

IBN ARABI EN EL IRÁN ACTUAL

En las páginas anteriores hemos explicado el ambiente reinante. Hemos presentado algunos datos sobre maestros iraníes y estudiado, brevemente, el desarrollo del pensamiento de Ibn Arabi entre los persas. También hemos repasado las grandes figuras de esta escuela en el reinado de los Safavi. Ahora vamos a dedicarnos, muy someramente, a los dos últimos siglos de la historia. Dos siglos en los cuales las enseñanzas filosóficas y místicas se han mantenido con fuerza, tanto ostensible como solapadamente. Pero por carecer del suficiente apoyo gubernamental su fuerza a nivel mundial iba debilitándose hasta que a finales de la era de los Pahiavi, es decir, antes de la revolución, los occidentales emprendieron la búsqueda en los seminarios de Irán. Aunque durante unos cincuenta años no se enseñaba públicamente la mística teórica, en los seminarios de Irán se impartían clases en círculos restringidos. El Imán Jomeini dirigió la revolución desde esta misma escuela y con unos antecedentes académicos mucho más amplios que los políticos. Él era el primer lector de la filosofía y la mística teórica en el recién constituido seminario de Qom. Es autor de dos libros sobre la interpretación y la crítica de “Fosus” de Ibn Arabi y Sadroddin Ghunavi, así como de varios tratados sobre la mística teórica. Hubo mucha oposición contra el Imán Jomeini. Posteriormente dejó en manos de Alame Muharrimad Hussain Tabatabaei la educación de sus discípulos. Este no enseñaba el “fosus” pero sí daba clase sobre el “asfar” de Molla Sadra (Alame Tabatabaei y sus discípulos, sobre todo Mutahari, han sido continuadores de la pura tradición filosófica de Molla Sadra). Los seminarios de Teherán e Isfahán se dedicaban menos a Ibn Arabi, aunque hasta hace cuatro décadas habla importante representantes de esta corriente. Qom, como centro teológico, tenía más éxito educando a los seminaristas.

Cabe recordar que el estudio de la literatura, la ética y la filosofía de “eshragh” y “masha” es condición sine qua non para asistir a las clases de la mística teórica. El paso siguiente es estudia “tamhid al ghawaed” de Saerioddin Torke Isfahani como primer libro de texto, seguido del comentario al “fosus” de Gheisarí. Este comentario de doce capítulos tiene una importancia especial como exponente de los principios de la mística teórica y del pensamiento de Ibn Arabi. Sugiero a los eruditos españoles la traducción de este prestigioso texto. Una vez estudiados los mencionados capítulos, los alumnos continúan su instrucción con el “miftah al uns” de Fanay como comentario a uno de los libros de Sadroddin Ghunavi. La lectura de los libros dedicados a la mística teórica lleva cuatro años lectivos, siendo una de las asignaturas más duras. Desafortunadamente, personas que no han estudiado estos textos como disciplina académica caen en juicios de valor equivocados sobre el contenido de los mismos.

Por primera vez, después de la victoria de la revolución, dos destacados maestros empezaron a enseñar, por mandato del Imán Jomeini, esta disciplina de forma oficial. Uno de ellos, Ayatollah Abdullah Javadi, fue portador del mensaje que le Imán Jomeini dirigió al entonces presidente de la URSS, Mijael Gorbachov, invitándole a estudiar a Sohrevardi, Ibn Arabi y Molla Sadra. El otro es Hassanzadeh Amolí. Entre los dos han tenido unos setenta discípulos en el seminario de Qom. En el seminario de Mashad ha habido más oposición que en otros lugares. Sin embargo, el maestro Seyed Jalaloddin Ashtiani, colaborador del profesor Henry Corbin, sigue enseñando la doctrina de Ibn Arabi. Cada uno ha dejado sus comentarios sobre este tema. En la actualidad hay un debate público, apoyado por las instituciones oficiales, en los seminarios y en las universidades. Las perspectivas del pensamiento filosófico en Irán son muy prometedores en el marco de los cambios del mundo contemporáneo. En una ocasión, el Ministro de Cultura de uno de los países me preguntó sobre el estado de la revolución islámica. Le conteste: la revolución trata de encontrar el equilibro dorado entre la espiritualidad y la tecnología. Es evidente que en este empeño nos encontrados con algunos problemas.

Uno de estos problemas es la dificultad de mantener el diálogo entre culturas y civilizaciones en una época en la que algunos no piensan más que en el choque de las civilizaciones. Afortunadamente, un hombre instruido en los seminarios, el Presidente Jatami, ha difundido el mensaje del diálogo ente las civilizaciones. La escuela de Ibn Arabi contempla con una bella visión al Creador del Universo, al hombre y al mundo que le rodea. Es tolerante con las religiones, los credos, las civilizaciones y las culturas, siempre que los derechos propios y ajenos no sean violados. Celebramos su pertenencia a esta tierra, donde el Islam y España han contribuido mutuamente a la exaltación del pensamiento humano.

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