Menu



Es esencial distinguir entre la sociedad ideal descrita en el Corán y el Hadíth la sociedad islámica histórica. Si las dos fueran idénticas, no habría males ni defectos de ninguna parte, y el mundo no sería el mundo con todas sus imperfecciones. De hecho,  a lo largo de su historia los musulmanes han considerado la sociedad de Medina en el tiempo del Profeta como la sociedad ideal, como la edad de oro del Islam, religiosamente hablando; han tratado de emular esa sociedad en la medida de lo posible, pero siempre se quedaron muy por debajo de esa aspiración. A las generaciones de musulmanes  jóvenes se les han contado historias de aquella época, cuando, se podría decir, el cielo y la tierra se tocaban. Recuerdo que cuando era niño, escuchaba  a mis padres y otras personas historias sobre el Profeta u otros grandes santos antiguos que ayudaban a los pobres, eran honrados en todos los negocios, administraban justicia y cosas semejantes. Casi siempre, se contrastaban los hechos contemporáneos  de la sociedad con los ideales que aquellas historias reflejaban. Sin embargo, contrastar esas historias con los hechos y llorar los defectos es mucho menos provechoso que tratar de comprender en qué medida los ideales islámicos han sido puestos en práctica y realizados en cada sociedad islámica a pesar de las imperfecciones  inherentes  a la condición humana, imperfecciones que las enseñanzas originales del Islam han tomado en consideración. Aunque cada generación de musulmanes haya estado por debajo  de las normas establecidas por el Profeta en Medina, y a pesar de la debilidad, todas las generaciones, hasta la época moderna, han realizado en la práctica muchos de los valores establecidos por el Islam en la sociedad que vivieron.

Las normas ideales de la sociedad tal como las prevé el Corán y el Hadíth incluyen el establecimiento de la justicia y la igualdad ante la Ley Divina, el juego limpio de la economía y la justa distribución de la riqueza, aunque legitima la propiedad privada y anima las actividades económicas, el trato equitativo a todos los seres humanos (viviendo musulmanes y no musulmanes como miembros de sus respectivas comunidades religiosas en la sociedad islámica) y la creación de un entorno religioso y social en que la presencia de lo Trascendente no se olvide nunca. En esa sociedad, se honran más los lazos familiares que los tribales, pero que se considera que la verdad está por encima incluso de las filiaciones familiares. Fue Cristo quien dijo: <<Déjalo todo y sígueme>>, afirmando también que se debería odiar a los propios padres si se oponen a la verdad. Igualmente, dice el Corán: <<Hemos recomendado a los seres humanos que sean bondadosos con sus padres, pero si éstos te incitan a que me asocies aquello de lo que no tienes ningún conocimiento, entonces no les obedezcas>> (29,8).
Puesto que el objetivo de la sociedad Islámica es hacer posible ‘’que se haga Tu voluntad en la tierra’’, en la sociedad ideal es deber de todo musulmán, como se afirma en varios versículos coránicos, <<ordenar el bien y prohibir el mal>> (3,110). Esto significa que los musulmanes en tanto  que individuos deban interferir en los asuntos de otros; más bien, cada persona tiene la responsabilidad social de tratar de que la autoridad moral reine en la comunidad. En una sociedad así, se exige mantener la paz y promover la armonía social, pero si la autoridad moral es destruida por una u otra razón  y las normas religiosas son desobedecidas por quienes ejercen el poder político, entonces se tiene el derecho a la rebelión y el restablecimiento de un orden basado en normas éticas y en la Ley divina.

También en la sociedad islámica ideal la virtud, la bondad y el conocimiento deben ser los únicos criterios para honrar y elevar a los individuos. La jerarquía de la sociedad debe basarse en la cualidad del temor de Dios, llamada taqwá, y en el conocimiento, a los que el Corán  se refiere explícitamente.  Cualquier otro honor y distinción debe ser evaluado a la luz de la verdad de la transitoriedad del mundo. Este ideal no se ha realizado totalmente, pero los musulmanes devotos siguen siendo muy conscientes de él, como se ve en la actitud de muchos gobernantes poderosos hacia los santos y los hombres de conocimiento. Yo mismo he sido testigo del gran respeto mostrado a eruditos virtuosos y devotos no sólo por la gente común, sino también por los ricos y los políticamente religiosos.

Las enseñanzas sociales islámicas incluyen también el sostén y la ayuda a aquellos que han sido oprimidos o desfavorecidos de una manera u otra. En la reforma que el Islam llevó a cabo en la sociedad árabe, se puso del lado de los pobres, y así como Cristo dijo:<<Bienaventurado los pobres>>, también el Profeta dijo:<<La pobreza es mi orgullo>>.  Evidentemente, en los dos casos pobreza significa, sobre todo, pobreza espiritual, pero también en nivel material el Profeta, como Cristo, vivió con sencillez y estuvo más cerca de los pobres y los débiles que los ricos y los poderosos. Aunque el Profeta dijo que la riqueza es como una escalera, con la que uno puede subir al cielo o bajar al infierno, siempre subrayó que se debe ayudar y respetar a los pobres sin tener en cuenta su carencia de riquezas mundanas. Igualmente, los ideales sociales islámicos siempre hicieron hincapié en ser amables con los esclavos, tratar a las mujeres con dulzura, y ser generoso con quienes habían sufrido pérdidas económicas y estaban con deudas o, en general, con todos los que los sociólogos modernos llamarían ‘’ clases desfavorecidas’’. Tampoco en este caso y otros ideales fueron siempre plenamente realizados por las sociedades islámicas posteriores, pero como ideales planteados por una generación tras otra, son cruciales para la comprensión de los valores dominantes de la sociedad islámica. Por supuesto, el sentimiento de que ‘’mi religión es la mejor’’, se encuentra por fuerza en cualquier ambiente religioso, y el islámico no es una excepción. El Corán, de hecho, menciona a los musulmanes  como la mejor de las comunidades. Pero, en la práctica, los musulmanes individuales reconocen a menudo que algunas virtudes, que se suponía debían mostrar los miembros de la comunidad islámica, de hecho estaban ausentes y, sin embargo, se encontraban en los miembros de otras comunidades  religiosas. Por ejemplo, quienes han realizado el hájjí suelen ser profundamente respetados como personas piadosas y dignas de confianza, y la mayoría está a la altura de esa reputación, pero ha habido excepciones, por ejemplo: hájjí engañosos, que, con la apariencia de devoción, con frecuencia han tratado de manera poco honrada con sus clientes en el bazar.  En mi propia familia, en Persia, siempre comprábamos nuestras alfombras a un comerciante judío sumamente honrado, y todos los miembros de la familia solían decir que era tan honrado como un verdadero hájjí .  En cualquier caso, la dinámica entre los ideales y la práctica cotidiana es para los musulmanes, como para los judíos, cristianos o hindúes, un asunto complicado. Pero eso no debe llevar ni a una actitud de beatería ni a la depreciación de la comunidad religiosa propia como carente de cualquier virtud. En lo que se refiere al Islam, esas actitudes han sido expresadas por forasteros, y también por pequeños grupos dentro de la propia sociedad islámica en los tiempos modernos. El fenómeno ha conducido a posiciones y movimientos de un extremismo lamentable. 

Fuente: Nasr, Seyyed Hossein, El Corazón del Islam, Kairós, Barcelona, España 2007, págs. 189 a 192

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

No se permite bajo ningún criterio el lenguaje ofensivo, comente con responsabilidad.

 
Top