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Colaboración enviada por Marcos (Alí) Rubén Ruíz Díaz (Argentina):

No me quiero acostumbrar tanto

a tus signos, Señor mío.

Desde la roca más común y monótona

hasta los más esplendentes,

a ninguno me quiero acostumbrar.


Que cada uno sea fuente vivificadora

de esta inquietud perenne.


Hoy he sentido,

en la realidad onírica, tras mí,

a Fátima entrañablemente caminar.


¡ Fátima !, ¡Ay Fátima !

Pude sentir la sinceridad de tu mirada.

Cautivado por tu piedad florida,

escuché tus súplicas elevándose

desde las páginas omitidas

del apartado infame de la historia.


El aire te sentía...

como siente la copa en flor del lapacho

y el aire...estaba gélido

y la ciudad era una sombra.

Me desperté en este invierno

rebozante de amor al Divino, cálido de gratitud

porque tu sangre purificada

ha sido para los mundos

una lección fragante.


¡Ay Hija del que anunció

que La Hora no se retrasa !

Mereces que me ponga de pié

cada vez que se te nombra

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