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«Ésta es una Escritura que te hemos revelado para que, con permiso de su Señor, saques a los hombres de las tinieblas a la luz...» (14:1)

Este Sagrado Corán es un libro «exento de dudas» (2:1), después de él no habrá otra Escritura Divina, pues es el mensaje final en las religiones monoteístas, aparecidas después del Profeta Abraham (P), y es el Libro Sagrado del Islam.

Dios lo ha revelado por intermedio del Ángel Gabriel a Muhammad (PB), el último de Sus Mensajeros y Profetas: «Es, en verdad, la Revelación del Señor del Universo. El Espíritu digno de confianza lo ha bajado a tu corazón, para que seas uno que advierte.» (26:192-194)

Dijo el Profeta Muhammad (PB): «La Supremacía del Corán por sobre el resto de las palabras, es como la supremacía de Dios por sobre Su creación» (Mustadrak Al-Wasail, t. 4, p. 2137, hadiz 4589) y es que en él se encuentran los fundamentos del Islam, que ha sido establecido por Dios como religión para toda la gente hasta el final de los tiempos.

Dios ha dicho: «Te hemos revelado la Escritura como aclaración de todo» (16:89), por tanto constituye un manantial de racionalidad, espiritualidad, de moral y ética, devoción, disciplina, ciencia. Proveyéndonos de conocimientos religiosos y educándonos en áreas como el derecho, la cultura, economía, política y lo social. Con la práctica de sus enseñanzas podemos llevar una vida justa, en armonía con el Creador, Sus criaturas y con nosotros mismos, es un todo aplicable intrínseca y extrínsecamente, en forma individual y social, porque constituye la «guía a lo que es más recto» (17:9)

El Corán está protegido contra cualquier alteración: «Somos Nosotros Quienes hemos revelado la Amonestación (el Corán) y somos Nosotros sus custodios» (15:9). Así, la fuente primigenia del Islam es el único Libro Revelado que jamás ha sufrido modificaciones, adiciones ni sustracciones, contando aún con el mismo texto que le fue revelado al Profeta Muhammad (PB) hace casi 14 siglos, en virtud de que su compilación fue estricta y fielmente realizada, cosa que nunca se hizo con ninguno de los Libros Celestiales anteriores. Asimismo es un Milagro Divino e inimitable: «Si los hombres y los genios se unieran para producir un Corán como éste, no podrían conseguirlo, aunque se ayudaran mutuamente» (17:88)

La lengua original del Corán es el árabe y su nombre es “Qur’an” que significa ‘asequible de ser leído’, haciendo referencia a que es la Palabra Divina, la cual ha sido plasmada en vocablos y términos, a fin de que su lectura y comprensión le sea posible al ser humano. Está dividido en 114 ‘suras’ o capítulos, en las cuales el número de aleyas difiere entre sí.

Todas las suras, a excepción de ‘El Arrepentimiento’ (Nº 9), comienzan con la frase: «En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso».

La Revelación descendió de manera gradual, a lo largo de veintitrés años; al principio, animados por el Profeta Muhammad (PB), los fieles memorizaban el texto coránico. No obstante, era preciso no confiar completamente en la capacidad memorística de la gente, por lo que el mismo Mensajero de Dios (PB) seleccionó a un pequeño grupo de escribas para el registro exacto de las aleyas. Uno de esos primeros escribas de la Revelación fue Ali (P), el primer Imam, escogido por Dios y el Profeta Muhammad (PB) como su albacea y sucesor.

Elementos como madera, ramas de palmera, hojas de papel y de árboles, piedras, telas, piel curtida, huesos, eran utilizados para grabar las aleyas de acuerdo al orden en que eran reveladas y en algunos casos, por indicación del Profeta (PB) o del Ángel Gabriel (P) eran intercaladas en otras suras.

En los días postreros de su vida, el Mensajero de Dios (PB) eligió a Ali (P) para recopilar el Sagrado Corán, así fue como luego de su fallecimiento, el Imam (P) permaneció en su casa un poco menos de seis meses y reunió la Escritura Divina en un ejemplar (en árabe, Mushaf) el cual se ha conservado en manos de los Imames (P) como legado de uno a otro.

Durante el gobierno de los dos primeros califas surgieron diferentes recopilaciones, como la de Zaid ibn Zabit, el Mushaf de Ubaii Ibn Ka'b, en Damasco; el de Abdullah Ibn Masud, en Kufah, el de Abu Musa, en Basora, el de Miqdad en la ciudad de Homs. Estos Mushaf tenían sus propias características, como diferencia en cuanto a la disposición de las suras o pronunciaciones dialectales. Al cabo de mucho tiempo fueron reproducidos numerosos ejemplares, sin embargo, en la época de Uzmán, el tercer califa se comenzó el trabajo de unificación de los Mushaf, para lo cual se utilizó el dialecto de Quraish, por ser éste el dialecto del árabe en el cual fue revelado el Corán.

El Sagrado Corán no es un libro histórico, su vigencia es permanente, ya que sus principios prevalecerán hasta el Día del Juicio. Esta Revelación Celestial está impregnada de luz y verdad, constituye una misericordia del Dios Único para con su pueblo escogido, es decir, la humanidad entera.

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