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Nuestras sociedades han sido devastadas por largos y sangrientos conflictos armados, después de finalizados la delincuencia, la impunidad y la incapacidad de los Estados han alimentado el desanimo colectivo, la esperanza para que esta situación finalice se aleja en tanto que sociedad y Estado no logran ahondar las soluciones.

Frente a esta realidad no son pocas las expresiones populares, que luego son utilizadas por los políticos, en relación a que parte del problema se encuentra en la falta de "valores" que parten del esencial respeto a la vida, y va hacia el de la dignidad, respeto, solidaridad, clemencia y otros más.

Junto con los discursos renuevan la tan vieja respuesta de la pena de muerte para inhibir al "malo" se encuentra ahora la desesperada medida de implementar, obligatoriamente, la lectura de la Biblia, eso me evoco aquel pasaje que se produjo en el choque cultural entre los conquistadores y el Inca hacia principios del siglo XVI, cuando un sacerdote le dijo a Atahualpa que el libro que llevaba con era, literalmente, "la palabra de Dios", este al escuchar la traducción toma la Biblia y la lleva hasta su oreja e intenta oír la palabra, claro está, no escuchó nada lo que sigue de esta anécdota son cientos de años de imposición que provoco la muerte de millones.

Nosotros los musulmanes reconocemos la tradición profética, entendida esta como la línea de sucesión de los Profetas junto con el mensaje que Dios mando a los seres humanos, sin embargo quien más que un creyente para saber que la palabra impresa sola no hace milagros, si las personas no asumen como valedero el mensaje deja de tener un sentido práctico, ejemplo de ello es la constitución misma, que se estudia y lee en las escuelas y vayan a ver ustedes si los principios de igualdad y prosperidad se concretan en la realidad.

El buscar una solución a la descomposición social no pasa por medidas que vulgarizan a la religión misma, y convierten a la palabra de Dios en una letanía sin sentido. Si lo que Dios nos ha dado como ley, en términos como justicia, compasión, solidaridad no se concretan en el diario vivir, de nada sirve el que se lea como una sumatoria de buenas intenciones.

El respeto hacia la diferencia religiosa, solamente es parte de la discusión, los que preferimos la lectura del Corán, lo profundo de esta cuestión está en que de los principios de convivencia de los creyentes queremos que sean principios que sean el pilar de nuestro sistema de leyes, y vaya, lo que queremos que  nuestros hijos reproduzcan.

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