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Tenemos quince siglos de vida y seguimos vivos, más vivos que nunca. Cada día mucha gente abraza el Islam, nunca se ha cesado el llamado de la oración, nunca se ha acabado la hermosa espera de la llegada de Ramadán y nunca se han apagado dentro del musulmán las ganas de ir a hacer la peregrinación.

El Islam es como un cuerpo sano que nunca se enferma o tiene las defensas por las nubes. Los ataques vienen, suenan, a veces fuertes, pero nunca dañan esta roca con firmes raíces que se llama Islam.

El Islam está bien, muy bien. No está ni enfermo, ni agónico. Los musulmanes son fuertes y tú eres fuerte porque pese a la presión de los demás, sigues sólido y buen musulmán. Sigues soportando las molestias, burlas, ataques y agresiones con perseverancia y fe en Allah. Te relajas cuando lees esta parte de la aleya coránica que dice: 
"Dios se encargó de dar victoria a Sus siervos creyentes". (30: 47) Una vez leyéndola te tranquilizas y sonríes.

Que no te engañen diciéndote que los musulmanes ya no practican su religión. Diles que no, porque tu Profeta dice: "el creyente se asemeja a una espiga, a veces se inclina hacia un lado y otras veces se erige hacia el cielo".  Y también dice: "el creyente es como un caballo que anda pastando en el prado, corre y corre pero siempre vuele a casa". Y así es el musulmán, nunca deja de volver a su religión.

Que no bajen tu autoestima, porque la buenaventuraza es tuya: "la gloria es sólo de Dios, de su Mensajero y de los creyentes y no de estos amenazadores…" (63:8)


*Sami El Mushtawi es profesor de la Universidad Fatih de Estambul y colabora para la Revista Biblioteca Islámica

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