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Seguramente mañana no estaremos, quizás mañana cambien las sociedades, quizás mañana los hombres y los regímenes de gobierno sean cultos y piadosos. Inshalá que no, pero quizás mañana la ciudad sagrada de Qom en Irán reciba una ojiva nuclear. Entonces no estará el hombre.

Pero sí, la tercera biblioteca más grande del mundo islámico con más de 40 mil ejemplares manuscritos enclavada en un refugio antiatómico. Las futuras generaciones serán herederas de la cultura. Podrán saber qué pensaba el Shah de Persia a través de su libro blanco, podrán cargar el peso del monumental libro del Rey David, embelezarse con el Corán más pequeño del mundo y con los libros dibujados en el medio evo, aspirar el aroma de las rosas de Saadí o devanarse la cabeza con los cálculos matemáticos de Kayam.

El revolucionario del siglo XX

Hoy existen nuevas formas de hacer la revolución, nuestra publicación dice en su acápite "En un siglo de la mentira organizada y globalizada decir la verdad es un acto revolucionario".

Y es cierto.

Existen también las revoluciones de las armas. Artigas, Bolívar, Martí, San Martín, el Che Guevara. La resistencia civil de Gandhi y Mandela, el martirio revolucionario del pueblo del Imam Jomeini. Pero hoy nos ocupa un héroe revolucionario que quizás Occidente no conozca: MAR´ASHI NAJAFI.

Su tumba está a la entrada de la biblioteca "para recibir el polvo de los viajantes que la visiten". A los 17 años en su época de estudiante, sufría cuando los ingleses se llevaban los libros de la patria. Comenzó a comprarlos. Era pobre, y suspendió una comida para acrecentar sus ahorros. Muchas veces iba al mercado procurando algunas lechugas o tomates, rezaba para los ricos o lavaba a los muertos. Nunca pudo hacer la peregrinación a la Meca. Pero la voluntad férrea, de la que habla el escritor uruguayo José Enrique Rodó en "La pampa de granito" hizo el milagro: Mordió la tierra con sus dientes, sembró el fruto con sus manos y lo regó con sus lágrimas.

La biblioteca floreció. Con su hospital de libros en el tercer piso subterráneo los "médicos de libros" los cuidan como si fueran "bebés", los curan, los restauran y los envían a la vida en la Sala del orgullo.

Murió a los 96 años con la magia noble de una vida extremadamente austera, su túnica, imama y las sandalias están atesoradas en el refugio. Nunca pudo ir a la Meca pero así como el rezó por muchos y honró muertos, muchas personas fueron a la Meca por él.

En una oportunidad, cerca de la mezquita, un coronel de la Savak, policía secreta del Shá, arrancó la hiyab de una mujer creyente, y él, indignado, con sus no más de 50 kilos, lo abofeteó. "Mañana te ejecutaré con mis propias manos" le dijo el coronel frente a los atónitos ciudadanos "Hoy ve y despídete de tu familia". Así lo hizo el sabio, pero esa noche una especie de derrumbe sepultó al coronel.

El premio de la vida

Sin medallas pero con valor, este héroe contemporáneo ha recibido el reconocimiento de su pueblo, miles y miles de hombres y mujeres lo visitan pasando por sobre su tumba sencilla para homenajear su heroica sabiduría. Pero me quedo con la imagen que vi con mis 10 compañeros periodistas latinoamericanos durante nuestra visita: La de una joven de no más de 22 años de hiyab y túnica negra con la cabeza pegada a la madera de resguardo pensando quizás que su hija y la hija de su hija podrán algún día estar allí a resguardo de la barbarie.


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