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Es muy frecuente preguntarse y oír preguntar por la existencia de una escuela espiritual verdadera o de un maestro auténtico, y además, cuando quizá se lo encuentra, interrogarse si ellos nos ofrece una garantía que nos asegure llevarnos por un camino recto.

También es común escuchar de boca de falsos maestros, guías o consejeros, que es poco menos que imposible aquello que buscamos por la dificultad de hallar tales lugares o maestros, debido al ocultamiento, secreto o misterioso con que se rodean. Ello lleva muchos a adherir a organizaciones pseudo-iniciáticas que se presentan como en un pasado cercano o lejano por ‘’iluminados’’ o ‘’entroncados’’ en una tradición legítima, todo ello rodeado de una atmósfera críptica, que se crea un fondo psicológico y la convicción de haber hallado el camino ‘’único’’ y ‘’oculto’’ de la excelencia espiritual y de ser uno de los elegidos entre multitudes de buscadores.

No es nuestro objetivo entrar aquí a un análisis de maestros u escuelas espurio, sino más bien exponer que, contrariamente a lo que se dice, nada es más fácil que encontrar el Camino de ALLAH, exaltado sea (o el Camino de Dios, para quienes prefieran llamarles así) para aquellos que lo buscan sinceramente, con una voluntad dispuesta a todos los renunciamientos. Esta afirmación es evidentemente redundante por  cuanto a través de todos los Libros sagrados y de todas las tradiciones, ALLAH habla al hombre, indicándole el Sendero Recto que lo lleva a la plenitud espiritual, Camino infinito por cuanto El es Inalcanzable.

Sería ilógico, entonces, pensar que ALLAH se ocultara tanto al hombre que quien lo anhela debiera buscar en organizaciones secretas el sendero que da acceso a Él. Más bien lo que ocurre es todo lo contrario: el camino está disponible y comienza en lugares físicos tan reales como nuestro propio domicilio; donde hay maestros vivos y accesibles, sin medir ningún misterio, con quienes se pueden conversar sobre cualquier tema, incluso los más intrascendentes o comunes, hasta los más elevados.

¿Cómo se explica esto? Ocurre que como todos sabemos, vivimos en una época y un medio de oscuridad de todo la sagrado, en una sociedad que ignora a Dios y donde, no obstante lo dicho, una porción relativamente numerosa y creciente se siente impulsada a buscar a Dios; pero de éstos, y sin duda la mayoría, hay de que ponen condicionamientos a su búsqueda. ¡Parece imposible pero se pretende poner condiciones a lo espiritual puro! Por ejemplo, los hay de los que aspiran al Conocimiento pero rechazan  la parte religiosa de su tradición, arrogándose por sí y ante sí la capacidad de decidir lo que considera superfluo. Otros rechazan a un auténtico maestro, con pretextos profanos, como el de emitir juicios sobre él o su enseñanza. Algunos no aceptan las prácticas, pues no comprenden que sólo con esfuerzo se puede avanzar en un camino en el que se debe renunciar a muchas cosas de esta sociedad, si se quiere subir escalones en el Conocimiento.

La sociedad occidental ha formado nuestra conciencia en la idea de conseguir las cosas o alcanzar objetivos con poco o ningún esfuerzo, o que alguien proporcione los medios para realizarlos; como podría ser, a modo de ejemplo, un viaje a un lugar distante para lo cual hoy en día disponemos de la comodidad del avión comparado con los penosos medios del pasado que demandaban esfuerzos, tiempo, sacrificios y peligros. Esta comparación no pretende que renunciemos a las maravillosas ventajas tecnológicas  de la vida moderna, como lo es el avión para los viajes, pero sí va a que la búsqueda del Conocimiento debe ser encarada mediante lo que se conoce como la actitud de ‘’la recta intención’’ , o quizás más exactamente, ‘’ disponibilidad’’, que es una actitud existencial, vivencial de todo ser, entrega y sometimiento a ALLAH, es estar abierto ante El para que El nos guíe, nos conduzca por el Recto Camino y en Su Infinita Misericordia nos ayude a superar nuestras falencias, a aceptar Su Voluntad y tener fuerzas para vencer los obstáculos internos y externos, y a ser pacientes con lo que no comprendemos.

Disponibilidad es negar el facilismo que el medio social materialista propone a nuestro ego, facilismo que nos hace suponer que encontraremos en un maestro que nos transformará sin esfuerzo o con un pequeño esfuerzo de parte nuestra. Vivimos en el mundo de la prueba, de tal modo que cada uno de nosotros tenemos que superar la que nos está destinada. Por lo tanto, no podemos eludirla o pretender que alguien como el maestro (que también asume su propia prueba) tome la nuestra, o que mediante su investidura nos libere de ella; nada más erróneo. Ciertamente el  verdadero maestro posee, en virtud de su conexión con la jerarquía Espiritual, lo que se conoce como ‘’Baraka’’ o Gracia Divina, que le permite poner bajo amparo sagrado y ejercer una influencia  benéfica en el ámbito de su comunidad, y ayudar a sus discípulos a despertar  las luces de sus intelectos. Nada puede hacer él que no implique un esfuerzo del discípulo, y el Sendero se debe caminar por sí mismos. Su misión es de guía accesible en este mundo que nos evita errar el camino (lo cual, sin él, ocurriría inexorablemente, dada nuestra ceguera y que necesitamos la mano de un guía que ve y conoce).

Todo esto que decimos está basado en la experiencia de muchos, y está dirigido a los buscadores para que examinen su actitud de recta intención o disponibilidad, y que la preparen como una tierra fértil para que el Sembrador Altísimo plante la semilla del Conocimiento y la haga germinar, crecer y florecer bajo Su amparo. Toda otra actitud o suposición es pura fantasía, facilismo o dulces engaños para que incautos e ingenuos eviten el Camino Recto.

Podemos resumir diciendo que el  Recto Sendero que conduce a ALLAH no se lo podemos pedir a otro que ALLAH mismo y que, para ello, la recta intención o disponibilidad, despoja de todo condicionamiento, en un total abandono a Su Voluntad, es el único y seguro medio por el cual el buscador puede encontrarse en la puerta de la escuela y hallar a su maestro, cuya legitimidad reconocerá a través de su corazón o intelecto espiritual.

Fuente: Sufismo Viviente, N 2, Vol I, Enero-Marzo 1994, 32 a 34.

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