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Dos aportes esenciales de la mitología náhuat a la política contemporánea los expresan un imperativo categórico y un postulado ontológico.  Ambas exigencias las transcribe el título en náhuat y en castellano.  El precepto ético reclama la necesidad del don.  Hay que compartir los bienes terrenales entre los miembros de una comunidad aldeana o nacional.  El principio de existencia le atribuye una cualidad energética o anímica a todas las entidades palpables y abstractas.  Todo ser existente posee yúltuk por lo cual merece respeto y trato digno.

Analizo y transcribo al final un mito náhuat que desglosa ambos conceptos (Leonhard Schultze-Jena (Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco, 1930-1935), cuya traducción formal sería “don” y “alma-energía”.  El artículo examina los términos náhuat y sus implicaciones políticas, al igual que reconoce la presencia de una figura clave, los Tepehuas.  Su acto primordial redistribuye el maíz y determina todo juicio sobre una utopía comunal que convierte el don en el axioma angular de su política interna.

Asimismo, al prodigar todos los bienes terrenales, los Tepehuas aseguran que las dádivas que les reparten a los humanos poseen cualidades vivas.  Este hálito vital no sólo revela la capacidad de reproducción que identifica lo existente, también aclara uno de los puntos comunes entre esos entes y el ser humano.  A la regeneración primaveral de lo vivo, se añade el alma-energía común que caracteriza lo existente. 

A continuación, reviso ambas nociones de “don” y “alma-energía” a partir de su etimología, al igual que de sus implicaciones filosóficas y políticas.  Si la primera presupone un intercambio generalizado, una redistribución de productos por un sistema de don y contradón, la segunda establece una carga anímico-energética común para todo lo existente.  La sociedad del reparto la complementa un respeto ecológico hacia el común de los seres. 

I.  Temá(ka)
Te-má es el presente de la tercera persona singular del verbo causativo má, “dar”.  Expresa la idea general de don hacia una persona, con el prefijo de complemento personal indefinido (te-) fusionado a la raíz”.  A partir del sentido general, la entrada léxica completa del diccionario le otorga cuatro sentidos ligeramente distintos, a saber:

, mag, verbo (a menudo se omite la g final,                por lo cual resulta posible que se trate de la raíz náhuatl ni-tla-tema, echar, poner algo.  Nótese que el sonido que Schultze-Jena transcribe como g, corresponde a una variante de k.  Además el apócope de mag(a)/maka no aparece en otro diccionario salvo en el de Schultze-Jena).  Pero el origen etimológico no afecta la traducción (náhuatl: Molina, 1571: 50 y 96, maca, “dar a algo a otro, restituir”; temaca, “darse alguno a sí mismo y entregarse a otro […] dar algo a otro”.  Rémi Siméon, 1977: 241, maca, “entregarse, contituirse prisionero […] tomar una cosa, un remedio […] nictemaca, dar una cosa a alguien, servir la mesa”.  Karttunen, 1983: 126, maca, “por la naturaleza aplicativa inherente, este vebo toma dos prefijos de objeto, uno directo y el otro reflexivo oblicuo o indirecto”; temaca, reitera la definición de Molina). 
1.  Ni-k-mág-a, lo doy; entregar, conseguirle algo a alguien, añadir, enseñar;      con prefijo de complemento definido, “darle a alguien”, es decir, pegarle; del     venado: dar en el blanco; del paseo: dar, hacer; del fuego: encender; del                 muerto en la fosa: echarle tierra; proponer algo; pretérito, ni-k-mák; náhuatl,               nictemaca (Molina, 1571: 50).
2.  Ni-te-má, darle a alguien, con prefijo de complemento indefinido personal   te; temá túmin, le da dinero a la gente.  —Yáui temá kan ními se uéi tít, va                a dar ahí donde hay un gran fuego, es decir, se traslada, desemboca. 
3.  Mu-má se resuelve, es decir, se le da, véase: mu-mák-yek, reflexivo presente            3ª persona singular [acaso se resuelve con eficiencia]. 
4.  Ni-má con adverbio/interrogativo ken, ken nimá ¿(a) cómo (lo) das?, al          comprar algo, es decir, ¿a cuánto lo das?  (LC: maa, maka, “dar, castigar”; JL:      tamaka, “dar”).

Pese a la diferencia de transcripción entre , maga, maka, el verbo expresa un acto de donación, entrega o transferencia.  En el mito “Los Señores de las frutas” aparece en los renglones 3, 8, 9 y 10 (dos veces), es decir, se repite en cinco ocasiones con cierta variación en cuanto al prefijo de objeto que lo precede. 

En tres de ellas (renglones 8 y 10), lleva antecedido el prefijo te-, el cual significa “objeto humano indefinido”, las cuales se corresponden al sentido más abstracto de don estipulado en el numeral dos (2) de la entrada léxica anterior.  En la primera aparición (renglón 3, esa indeterminación del beneficiario se personaliza en el hablante y oyente, tech- (nos, a nosotros, objeto (in)directo de la segunda persona singular).  En la antepenúltima (renglón 9), el verbo acentúa el objeto directo (k-, tercera singular) o el objeto a distribuir, el maíz (i-sin). 

Cronológicamente, el relato establece que a todos nosotros, los seres humanos, los Tepahuas nos entregaron el maíz en obsequio y, por ello, quien escucha el relato, tú/Ud., está obligado a compartirlo con quien no lo posee, ya que de negarse a repartir una porción razonable, desaparecería la riqueza natural que recibió en donativo.

El imperativo categórico establece un principio ético de reciprocidad que proviene de los Tepehuas hacia los humanos para permanecer en la comunidad aldeana como tal en máxima de su vida cotidiana.  Hay que donarle (má/maka) al prójimo (te-) desposeído una fracción del maíz (sinti), símbolo de bienestar material.  El don primordial de los Tepehuas se traduce en la exigencia por establecer un intercambio generalizado entre toda sociedad aldeana y nacional. 

II.  Los Tepehuas
Sin explicar de lleno la identidad de los Tepehuas, valga revelar que se trata de uno de los inumerables nombres que recibe la Divinidad.  Reproduzco en recuadro el texto que recoge Fray Andrés de Olmos (1485-1571) en su famosa gramática del náhuatl clásico (1547). 

Tepehua

Tepehua
                [dueño de los cerros:
                (dios prehispánico)]
                véase Apéndice 5
                227r.

5.  LOS NOMBRES QUE DABAN A DIOS

(Traducción de los textos de los ff. 227r. y 227v.)

Dueño de lo cerca, dueño de lo junto. Dueño del mundo (lit. dueño de lo sobre de la tierra). Dueño del hogar. Dueño de la casa. Dueño de las criaturas e.d. oh él por quien vivimos. Dueño de las barrancas. Dueño de los cerros. Dueño de los peñascos. Humillador de la gente. Elevador de la gente. El que crea a la gente. El que hace lucir a la gente. El que hace brotar como árbol a la gente (fig. el que hace prosperar a la gente). El que funde a la gente como si fuera oro e.d. creador. El que taladra a la gente como si fuera jade e.d. creador. El que pinta a la gente como si fueran flores. El que exalta a la gente. El que crea a la gente. El bienhechor. Nadie es como él. Nadie es su semejante. Nadie — le hable. Nadie se excusa de él. Es el único. [sin traducción].

Dios es gran señor

Dios solo manda, es el único, todopoderoso, creador de la gente, bienhechor, engendrador, misericordioso, dador de la vida, consolador, regocijador a la gente, enriquecedor de la gente, glorificador de la gente.

Andrés de Olmos.  Arte de la lengua mexicana y vocabulario [1547].  México, D. F.: UNAM, 1935-1975.  Edición de Thelma D. Sullivan.

Su recuerdo permanece vigente en la tradición oral pipil que colecta Shultze-Jena en 1930.  Esta memoria funda una cultura regional la cual, pese a pertenecer al área mesoamericana, se cacarteriza por rasgos particulares imposibles de diluir en la generalidad sin traicionar su carácter propio.  “Dentro de los [innumerables] nombres que daban a Dios”, la elección del nombre “Tepehuas” connota un sentido singular que ninguna referencia al altiplano central de México opacaría (Ometéotl, etc.). 

Tal cual demuestro en un artículo anterior —“Ne Nextamalani.  Identidad entre sentido y referencia”— por cultura entiendo un sentido específico de referir el mundo material y las ideas abstractasEl sentido prevalece sobre la referencia directa.  Los hechos se hallan recubiertos por la manera singular en que un grupo social habla de esa realidad factual.  En el caso específico de los pipiles, el término Tepehuas sustituye cualquier otro apelativo mesoamericano para la Divinidad. 

Concretamente, el mito transcrito remite a una saga legendaria que narra el hallazgo del maíz en una montaña clausurada, pero hueca, que los Tepehuas “abren” para “extraer” el maíz y obsequiárselo luego a los seres humanos (renglón 4).  Esta abertura del cerro se logra por medio de un “relámpago” que lo raja en dos y permite su extracción (renglón 5). 

A los Tepehuas también se les otorga una cualidad de omnisciencia y vigilancia perpetua sobre la acción histórica de los humanos (renglón 8).  Dejo pendiente para otro artículo profundizar en la etimología del nombre y en la gesta civilizadora de los Tepehuas.  Por el momento, baste recalcar que optar por el nombre “Tepehuas” funda una cultura regional pipil hasta ahora olvidada

III.  Yúltuk
Literalmente yúltuk significa “acorazonado”, ya que proviene de yulu, “corazón”, y del sufijo –tuk, “participio/perfectivo”.  Pero este sentido material lo amplía una abstracción que desprende la referencia directa de la víscera hasta concederle el sentido de lo vivo.  Así, las dos entradas léxicas siguientes especifican su sentido propio. 

yúl-tuk, vivo, vigoroso.  (LCambell, yu(u)ltuk, “vivo”; JLemus: yultuk, “vivo, alma”).

yúlu, aislado; yúlo, corazón, “alma”, lo vivo dentro del humano; pero la naturaleza       también posee este principio energético vital, véase: texto VII, renglón 156.                 (ALópezAustin: uno de los tres centros energéticos náhuatl, teyolia, yollotl e               ihíyotl; JLemus: yulu, “corazón”).
En los mitos náhuat, la raíz yúl entra en composición en otros compuestos verbales y nominales tales como yul-kuit, “confesar (corazón-defecar)”, yul-ulúua, “corazón-recoger del suelo, rebuscar”, y yulu-má, “dar el corazón, demostrar amor”. 

De la expansión del término, interesa anotar el incremento de sentido que, a partir de la víscera medular, desemboca en el concepto de “alma” y en diversos compuestos verbales.  En concreto, el mito establece que todo lo que se entierra/siembra, tuga/tuuka, posee alma-energía que posibilita su renovación primaveral (renglón 3; nótese que sembrar y enterrar son sinónimos en náhuat).  Ante todo, esta cualidad caracteriza al maíz como emblema de grano vital (renglón 7), pero también determina “todo lo que sembramos y enterramos”, muchi tei ne ti-k-túga-t

Por la exigencia anterior, la noción de yúltuk no sólo difiere de la occidental de “alma” al atribuírsele a lo vegetal y a otros seres inorgánicos.  También contrasta por su posibilidad de regeneración primaveral; luego de sembrarse/enterrarse, renace en planta.  De avanzar una hipótesis secular, la traduciría por “energía” que se recicla universalmente en la agricultura, al igual que por otros medios de transformación termodinámica (i.e., alimentación o absorción de una energía ajena; calefacción, etc.). 

El yúltuk no se situaría en un órgano corporal específico —el maíz carece de vísceras— ni tampoco correspondería a una entidad fija y sólida.  Lo interpreto como cantidad variable de energía distribuido a lo largo de un ser, de todo lo existente.  Este potencial energético no puede entenderse a cabalidad sin compararlo a otra “alma” o centro energético llamado túnal/tuunal, ligado al sol como principio calorífico. 

Debido a la complejidad del problema, lo dejo pendiente para otro artículo.  Por el instante, valga explicitar lo siguiente.  Si el yúltuk consiste en una característica que los seres humanos comparten con lo viviente —con lo existente— esta propiedad común presupone una socialidad que rebasa la comunidad (inter)nacional para enmarcarla en un régimen de respeto y convivencia con todos los seres vivos e inorgánicos, ante todo, con la Tierra. 

IV.  Sumario
En síntesis, el breve mito que describe a los Tepehuas como “señores del fruto” terrestre estipula dos preceptos éticos que regulan lo político, a saber:

1)      Si todo bien terrenal proviene de un Principio Único cuyo nombre particular se multiplica según lenguas y culturas diversas, ese Principio que los pipiles llaman Tepehuas recomienda redistribuir una fracción razonable de riqueza hacia la comunidad para el bienestar de los desposeídos. 
2)      Si todo ser posee yúltuk, comparte con los humanos un principio vital que, apelando a la ciencia contemporánea, llamo espacio-tiempo-energía.  Esta carga energética engendra una socialidad universal que nos obliga al respeto ecológico de todo lo viviente y de lo inorgánico.  La sociedad humana se desarrolla en un mundo poblado de entidades con una energía similar a la suya (nótese que la tesis central reclama la antropología como ciencia, no como rama de la teología; pero de mantener el término en boga, hablaría del “alma de las cosas” semejante a la humana). 

Queda pendiente desglosar varias temáticas aledañas a ambos preceptos políticos.  En primer lugar, habría que describir la etimología del nombre de los Tepehuas y su completa esfera de acción.  En seguida, el concepto de yúltuk no resulta exclusivo para comprender la idea de centro energético.  Prosiguiendo los trabajos del mexicano Alfredo López Austin habría que examinar semejanzas y variaciones de la tripartición clásica en el altiplano central de México —Tonalli-Yóllotl-Ihíyotl— hacia su memoria viva en los mitos náhuat transcritos en 1930.  Por el momento, anoto la dificultad de localizar el yúltuk en un órgano corporal específico, al igual que de entenderlo como carga energética exclusiva de los seres humanos. 

V.  Texto náhuat y traducción
La presentación del relato prosigue una estratigrafía a tres niveles: 1) texto náhuat, 2) traducción poética y 3) traducción lingüística literal con notas explicativas a ciertos términos náhuat claves.

Texto náhuat
Los Señores de las frutas
Yaga muchi tei-né mu-tuga ím-pal nusan ne tepeua: ini sinti muchi ne tei-né tepeua. (1)
Yega yémet nusan taj-pía-t muchi tei ne ti-k-tuga-t tejémet. (2)
Muchi tei ne ti-k-túga-t, muchi yúl-tuk.  Ini ga yémet pej-tik ti-k-pía-t, yémet tech-ma-túuit ini sij-sinti. (3)
Yémet gi-tapuj-ket ne tépet, kan yémet g-ix-tij-ket ni sinti, ini tepeua!  Ijkiuni, ga ti-k-pía-t axan ini sinti. (4)
Ijkuini, ga pej-ki tapikipíni-k: uan gi-tikuinij-ket ne tépet uan gi-tsayan-ket ne tépet, —ne nemi ne, ga pej-ki takipíni-k, taja ne astasan takipini. (5)
Uan mu-gagi, kan-né uetsi ni in machi.  Uan g-ix-tij-ket ni sinti. (6)
Yega inté ueli ti-g-ida, ga taj-taksa-t ijpak chiupi tauíal: ini muchi yúl-tuk!  Iga ini kenaya ken taksa-skía-t pal se nigan taltikpak. (7)
Yémet muchi tech-ix-peluía-t tei-né ti-k-chíua-t.  Yega nigan ueli ti-te-má, su ti-k-pía chiupi mu sin. (8)
Uan asi se, ga ti-g-ida, taja, ga inté gi-pía, ueli ti-k-má ankakeski i sin, pal yémet mets-ída-t. (9)
Ijkuini ueli mu-chíua yek tei-né taja ti-k-tuga.  Tei ne inté te-má-t tei-né gi-pía-t, — ti-ida-s: kuak yu-mu-kuépa-t ta-túga-t, muchi ueli pulíui!  Uan tei-né te-má-t, kuak gi-pía-t, tei-né gi-pía-t. (10)

Traducción poética
Los Señores de las frutas
Toda sustancia que se siembra y entierra pertenece a los Tepehuas, como este maíz también es Suyo.  (1)
Cuidan lo que sembramos y enterramos. (2)
Lo que sembramos y enterramos, todo posee un espíritu tan vivo que por ello compartimos nuestra herencia.  Ellos nos han prodigado este maíz. (3)
Nadie más que Ellos Mismos abrieron el cerro al sacar el maíz.  ¡Así obran los Tepehuas!  Y por Ellos poseemos ahora nuestro sustento, el maíz. (4)
Hicieron que tronaran los cerros.  Rajaron los cerros y se inició el relámpago que ahora observamos en los cielos. (5)
Si truena y relampaguea, es por el eco que produce Su cuchillo de pedernal. (6)
Esta constante labor Divina explica que no sea posible patear el más insignificante grano de maíz.  Al igual que todo lo viviente, que todo lo existente, posee un espíritu vivo.  Golpearlo semejaría a agredir a un ser humano. (7)
Los Tepehuas nos vigilan siempre.  Observan lo que realizamos, de manera que existe el imperativo categórico de compartir con el prójimo el maíz. (8)
Si se acerca una persona desposeída, hay que compartir con ella una fracción del maíz que nos es propio.  Ellos lo observan. (9)
Sólo de esta manera se cumple a la perfección la siembra.  Quienes no comparten lo que poseen —anotarás— desaparece el quehacer mismo de su cultivo.  La bondad se encarna en quienes comparten cuanta cosa poseen. (10)

Traducción lingüística literal
Los Señores de las frutas
Es-su-razón todo qué-artículo/demostrativo reflexivo-siembra/entierra su-beneficio: este maíz todo artículo/demostrativo qué-artículo/demostrativo Tepehuas. (1)
Es-su-razón ellos también cuidan todo qué artículo/demostrativo nosotros-lo-sembramos/enterramos nosotros. (2)
Todo qué artículo/demostrativo nosotros-lo-sembramos/enterramos, todo corazón-participio/perfectivo.  Esta razón ellos empezar/iniciar-participio/perfectivo nosotros-lo-tenemos, ellos nos-dar-perfecto este reduplicación-maíz. (3)
Ellos la-abrir-pretérito-plural artículo/demostrativo cerro/montaña, cuando/donde ellos lo-salir-causativo-pretérito-plural artículo/demostrativo maíz, ¡estos Tepehuas!  Así-es, razón nosotros-lo-tenemos ahora este maíz. (4)
Así-es, razón comenzar/iniciarse-pretérito relampagueó: compañía lo-tronar-pretérito/plural compañía lo-rajar-pretérito/plural artículo/demostrativo montaña/cerro, — artículo/demostrativo existencial artículo/demostrativo, razón comenzar/iniciarse-pretérito relampaguear-pretérito, tú artículo/demostrativo ahora relampaguea. (5)
Compañía reflexivo-oye/escucha, cuando-artículo/demostrativo cae artículo/demostrativo su(s) machete/pedernal.  Compañía lo-salir-causativo-pretérito/plural artículo/demostrativo maíz. (6)
(Es)-su-razón no (es)-posible tú-lo-ves, razón reduplicación-patean sobre poco grano-maíz: ¡esto todo corazón-participio/perfectivo!  Su-razón esto igual cuando patear-condicional (es)-beneficio uno aquí mundo. (7)
Ellos todos nos-ojo-abren/vigilan/observan qué-artículo/demostrativo nosotros-lo-hacemos.  (Es)-su-razón aquí (es)-posible tú-le/humano-das, si tú-lo-tienes poco tu maíz. (8)
Compañía viene uno, razón tú-lo-ves, tú, razón no lo-tiene, (es)-posible tú-lo-das varios/cuánto/vale su maíz, (es)-beneficio ellos te-ven. (9)
Así-es (es)-posible reflexivo-hace bien qué-artículo/demostrativo tú tú-lo-siembras.  Qué artículo/demostrativo no le/humano-dan qué-artículo/demostrativo lo-tienen, — tú-ver-futuro, cuando/mientras va-reflexivo-vuelven algo-siembran, ¡todo (es)-posible desaparece!  Compañía qué-artículo/demostrativo le/humano-dan, cuando/mientras lo-tienen, qué-artículo/demostrativo lo-tienen. (10)

Notas a renglón número

(1)  Dada la sinonimia entre sembrar y enterrar, plantas y difuntos pertenecen a los Tepehuas, tal cual lo explica la sección anterior, “II.  La tierra”. 
(11) Si tuga/tuka ofrece una sinonimia entre “sembrar” y “enterrar” (Campbell, 1985: 513; náhuatl tooca con igual sinonimia), acaso la implicación “todo lo que sembramos, está vivo (acorazonado)/todo lo que sembramos, tiene corazón”, significa también “todo lo que enterramos, está acorazonado”.  Por tanto, los difuntos conservan un hálito vital.  Esta sospecha la confirman la permanencia de los huesos como hálito vital, así como la morada subterránea de la serpiente en el texto VIII.  Más aún, habría que investigar si los náhuat de El Salvador guardan una connotación sexual para la palabra tuga —toka en la sierra norte de Puebla, México (Taggart, Nahuat Myth and Social Structure, 1983: 59)— según la cual la “vagina de la mujer es la milpa del esposo, y se refieren al vello púbico de la mujer como plantas que crecen en la milpa”.
(4) Gi-tapuj-ket, tapuwa, “abrir”, Campbell, 1985: 466.  El episodio de la abertura de la montaña se narra en el capítulo II.  IV.
(5)  Ixkuini, kiunih, “así (es)”, de ki(ya), “así” y uni, “eso”, Campbell, 1985: 380.  Takipini(j), takipiini, “relampaguear”, Campbell, 1985: 444.  Tikuini, Tikwiini, “tronar”, Campbell, 1985: 506.  Tsayan, tsayaana, “romper, rajar”, Campbell, 1985: 526.
(6)  Gagi, kaki, “oír, escuchar”, Campbell, 1985: 263.  Uetsi, wetsi, “caerse”, Campbell, 1985: 566
(7) Táksat, taksa, “patear”, de ta-, “objeto indefinido fosilizado”, e (i)kxi, “pie”, Campbell, 1985: 444. 
(8)  Ixpeluía, iixpeelua, “abrir más”, de iix, “ojo”, y peelua, “abrir”, Campbell, 247. 
(9)  Ankakeski, anka keeski, “¿cuánto vale?”, de anka, “quizás, así”, y keeski, “cuánto”, Campbell, 1985: 165 y 278.
(10)  Pulíui, puliwi, “perderse, desaparecerse”, Campbell, 1985: 401.  

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