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Por Soraya Vellisca (Universidad de Bilbao):

INTRODUCCIÓN:

El problema no es el Islam. El problema es la forma de entenderlo.
La comunidad internacional se enfrenta constantemente a cambios, retos y amenazas, pero, por desgracia, a la hora de tomar decisiones la pluralidad ideológica se olvida y, en su lugar, se opta por la simplificación. La realidad se acomoda según ciertos parámetros que se consideran universales, cuando su aplicación no puede o no debería realizarse por igual en todos los países del mundo.

Las relaciones entre Occidente y las tierras del Islam son tensas, especialmente a raíz de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. Esta tirantez ha provocado que la visión hacia los países musulmanes sea cada vez más negativa, incluso puede hablarse de un sentimiento de islamofobia carente de fundamentos que ha generado un incremento en las diferencias entre el mundo musulmán y Occidente.

En Occidente existe un sentimiento de amenaza por parte de los países musulmanes, pero estas naciones, al mismo tiempo, se sienten oprimidas por un mundo que no logra comprenderlas. Para los musulmanes el pilar de su civilización es el Islam, que engloba sin hacer distinciones tanto política como religión. El problema es que esta concepción de la realidad no coincide con la visión occidental, hecho que da pie a que el desconocimiento se transforme en prejuicio, rechazo y miedo. Actualmente se cae en los extremos: Occidente
contra Oriente, blanco contra negro, buenos contra malos y se olvida que entre los extremos siempre hay más espacio. Por desgracia, este sentimiento también tiene su lugar en las relaciones internacionales.

POLÍTICA E ISLAM

Desde hace siglos Occidente ha abordado el mundo musulmán tanto con fascinación como con desconfianza. Por una parte, su exotismo lo ha cautivado, por otra, su propia incapacidad para aceptar la diversidad sin establecer comparaciones ha generado una distorsión de la identidad e imagen del mundo islámico.

Para comprender las relaciones internacionales desde una perspectiva islámica es indispensable tener en cuenta dos conceptos. En primer lugar, el Islam no hace distinciones entre política y religión. El Islam es un conjunto de normas que rigen la sociedad, es un modo de vida, una manera de entender la realidad que poco o nada tiene que ver con la de Occidente. Sayyid Qutb, uno de los pensadores islámicos más relevantes, establecía:

“When Islam, according to the method described above, starts a Muslim community on
this basis, forms it into an active group, and makes this faith the sole basis for the relationship between the individuals of this group, its ultimate aim is to awaken the 'humanity of man', to develop it, to make it powerful and strong, and to make it the most dominant factor among all the aspects found in man's being. It seeks to implement this purpose through its teachings, its rules, its laws and injunctions” (1)

En segundo lugar, es de vital importancia entender la figura del califa. El califa es el máximo representante de la comunidad, quien disfruta de prestigio religioso y autoridad, protege el Islam y gobierna la comunidad a través de la Sharia, tal y como el Profeta Muhammad estableció. De esta manera se deduce que si el califa es la cabeza de la comunidad islámica, el califato es el símbolo de unidad de los musulmanes. Ambos conceptos dejan patente que en el Islam no cabe separar política de religión ni religión de política, ya que la religión tiene una práctica política al igual que la política tiene una práctica religiosa.

En definitiva, no es factible utilizar los parámetros occidentales para comprender las relaciones internacionales de los países musulmanes, ya que la comprensión del orden mundial que imponía la Paz de Westfalia y la que propone el Islam son totalmente antagónicas. Mientras que a raíz de la Paz de Westfalia la religión ha sido considerada una parcela concerniente a la esfera personal del individuo, para los musulmanes, el pilar de la
conducta privada y pública es el Islam.

PRINCIPIOS RECTORES DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES

El discurso islámico establece una serie de valores que deben ser adoptados
individualmente por todo creyente, lo cual no significa que la asunción de estos principios sea una tarea exclusivamente individual. John Locke apuntaba que sólo se puede constituir una sociedad civil cuando un grupo de hombres se une y renuncia cada uno al poder de ejecutar la ley natural. Valga el planteamiento de Locke para comprender cómo la interiorización de los principios de hermandad, libertad, justicia e igualdad que el Corán cita es lo que hace que se conforme la sociedad musulmana. Por ende, si tenemos en cuenta que las relaciones internacionales, para los musulmanes, no son más que la extensión de las relaciones individuales, los mismos principios que rigen la vida individual serán los que guíen las relaciones internacionales.

Hermandad y libertad

El sagrado Corán hace referencia a la unidad de la especie humana en diversos pasajes y en diferentes contextos. El Islam enseña que la batalla colectiva de los seres humanos debe conducir a la creación de un entramado social basado en la unidad de los hombres y en el valor sagrado de la vida humana. “El Corán considera que honrar a los seres humanos, proteger la existencia de cada uno de ellos y salvaguardar sus derechos, independientemente de su actitud o comportamiento, son los derechos básicos en la percepción de la humanidad” (2).

Cada persona debe escoger su camino con libertad y cada individuo debe ser libre para elegir lo que más le beneficie. Optar por un camino que no haya trazado Alá no debe de considerarse ilícito, no es motivo para emprender una guerra contra esa persona (si es individual) o Estado (si se amplía el término a colectivo). La decisión de esa persona debe de ser respetada siempre y cuando ese individuo respete el camino elegido y no ataque a quienes hayan optado por una senda distinta a la suya. En tal caso, el principio de hermandad habría sido quebrantado, pudiendo ser razón suficiente para justificar una guerra:

“Alá no os prohíbe que seáis buenos y equitativos con quienes no han combatido contra vosotros por causa de la religión, ni os han expulsado de vuestros hogares. Alá ama a los que son equitativos. Lo que sí os prohíbe Alá es que toméis como amigos a los que han combatido contra vosotros por causa de la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra expulsión. Quienes les tomen como amigos, ésos son los impíos”(3).

Notas bibliográficas:

1 S. Qutb, “Milestone”, SIME journal, USA, 2005, http://majalla.org/books/2005/qutb-nilestone.pdf (Octubre
2009).
2 W. M. Al-Zuhili, “El islam y el derecho internacional”, Revista Internacional de la Cruz Roja, Nº 858, 2005, p.
163.
60:8-9.

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