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Juan José Tamayo:

El politólogo  Bernard Lewis considera el yihad “uno de los mandamientos básicos de la fe (musulmana), una obligación que Dios ha impuesto, a través de la revelación, sobre todos los musulmanes”. Según su peculiar interpretación del islam cree que a) en una guerra ofensiva es toda la comunidad musulmana la que s obligada al yihad; b) en una guerra defensiva es cada varón musulmán adulto el que está obligado; c) al gobernante le corresponde llamar a las armas. Según su interpretación, la obligación del yihad no tiene límites ni temporales ni espaciales. Debe practicarse sin descanso hasta la aceptación de la fe islámica por parte de todos los seres humanos o hasta que la humanidad se haya sometido al poder del Estado islámico. ¿Cuál es la base de este mandamiento, para Lewis? La universalidad de la revelación musulmana, es decir, la palabra de Dios que se dirige a toda la humanidad.

Mientras no se logre el sometimiento, el mundo seguirá dividido en dos partes en estado de guerra permanentemente: la tierra del islam (dar al-islam), donde gobiernan los musulmanes bajo la ley islámica, y la tierra de la guerra (dar al-harb), que debe ser conquistada por el islam. La guerra habrá terminado cuando los musulmanes triunfen sobre el resto del mundo, es decir, sobre los no creyentes, y el final no será la paz entre las dos partes del mundo, sino la victoria del islam.

Estamos ante una clara reconstrucción ideológica de Lewis que, según la certera apreciación de Edward Said, pertenece al “ala más dura del orientalismo”, es “uno de los peores infractores en la guerra cultural contra el islam” y uno de los ideólogos de la teoría del “choque de civilizaciones”. Lo más preocupante es que su visión militarista del yihad y su imagen violenta del islam, que carece de fundamento en los textos musulmanes originarios, como luego veremos, han influido decisivamente —y siguen influyendo — en muchos de los principales analistas políticos de la actualidad.

En la tesis de Lewis se produce, además, un falseamiento de los textos y una incorrecta interpretación de las expresiones dar al-islam y dar al-harb. Éstas no se encuentran ni en el Corán ni en la sunna. Fueron creación de los ulemas durante los tres primeros siglos del islam, para clasificar y definir adecuadamente las características de los territorios “islámicos” y de los “no islámicos”. Dar al-islam era el territorio de los musulmanes donde se aplicaba el sistema jurídico islámico. Dar al-harb era el territorio donde ni el gobierno ni el sistema eran islámicos. La referencia no era, por tanto, a la población sino a las leyes y al sistema político. Tariq Ramadan subraya que existe un enorme foso entre los conceptos clásicos de referencia y la situación actual. Por eso aboga por un cambio conceptual y es partidario de llamar a los países occidentales donde los musulmanes son minoría dar ash-shahada, es decir “espacio del testimonio”, y a los países musulmanes, “testigos ante la humanidad”. Estos deben asumir un “permanente compromiso a favor de la justicia social, el bienestar de los hombres, la ecología y  la solidaridad en todas sus formas”. Las mentalidades musulmanas en los países occidentales deben pasar de la “protección” a la “contribución”.
En España encontramos una interpretación muy ideologizada del yi-had similar a la de Lewis en la obra de Gustavo de Arístegui La yihad en España.

Fuente: Juan José Tamayo, Islam. Cultura, Religión y Política, editorial Trotta, Madrid, 2009, págs. 169 y 170.

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