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¡Con qué facilidad los pueblos y sus gobernantes olvidan la historia! Escribo esto porque leo que los pueblos árabes y sus dirigentes ¡ahora se colocan a la par de los imperialistas, sus sometedores, para atacar a Siria! Alguien en las sombras está retorciéndose las manos con gran satisfacción. Antes de la revelación del Islam, los pueblos árabes eran reconocidos como salvajes miembros de tribus desperdigadas por los desiertos. Tras la llegada del Islam, los  pueblos dispersos se unieron bajo una sola creencia, abrieron las puertas a la civilización y difundieron por el mundo entonces conocido la nueva fe, la ciencia y las artes. Aún sorprende a los estudiosos del Islam, de cómo este se difundió sin violencia, sin estructura, convirtiéndose en una fuerza revolucionaria que, incluso iluminó la oscuridad de la Edad Media en la naciente Europa.
Muchos imperios trataron de apoderarse de los ahora países árabes, terminando por reconocer la derrota. El, digamos, imperio del Islam abarcó desde España hasta China, pasando por gran parte de África.
Con el devenir de la historia, debilitados por guerras externas e internas, el imperio musulmán se divide en los países que ahora se conocen como de origen árabe, pero mientras la civilización musulmana caía en la desgracia, otros imperios se levantaba en Europa.
El derrumbe de los árabes empieza con su expulsión de España, luego con la demonización del Islam por la creciente influencia del cristianismo que impulsó una feroz persecución de todo lo árabe o musulmán. Los árabes empezaron a retroceder estancados en el limbo de sus guerras intestinas tribales.
Así llegamos a las puertas del siglo XIX. Los territorios árabes fueron conquistados por la potencia del momento: Gran Bretaña. Para finales de ese siglo los judíos ya empezaban a apoderarse de las propiedades árabes, y con la complicidad de Gran Bretaña, tras el holocausto de la Segunda Guerra Mundial, se funda Israel con los territorios palestinos.
Esto provoca indignación del mundo árabe, indignación que inicia la guerra contra la fundación de Israel en 1948. Los árabes mal armados contra una Israel apoyada por los imperialistas, son derrotados y pierden otros territorios.
En 1956 hay otro intento de atacar a Israel, pero este país ya es poderoso. Intervienen en esta guerra los Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética que mueven sus piezas en ya tablero de la política mundial.
Muy pronto entra en escena otro interés: el petróleo, recurso de enormes proporciones bajo el suelo de los territorios musulmanes.
Las guerras se suceden. Los Estados Unidos arman hasta los dientes a Israel, y tienen en ese país un aliado seguro para defender sus intereses.
Luego los Estados Unidos ataca Irak, Afganistán, promueve la desestabilización de todo el Medio Oriente con su aliado Israel, promueve junto a Europa, la “civilización occidental”, destruye pueblos pacíficos y crea divisionismo entre los árabes, que muy pronto olvidan quiénes son sus enemigos.
Tal es el marco, explicado muy someramente, en el que se da la reunión el pasado sábado 24 de febrero en Túnez, donde los árabes en alianza con los que siempre los han atacado pretenden someter a Siria.
Este párrafo tomado de una nota de una agencia de noticias resume el maridaje “Estados Unidos y Francia multiplicaron en Túnez sus advertencias a Siria, a la que amenazaron con una serie de sanciones, al tiempo que Túnez y Catar propusieron el envío a Siria de una fuerza árabe para poner fin a las masacres del régimen de Bashar al Asad”.
Tal parece que los árabes olvidaron su oscura  historia con los imperios.
Agrega la nota que “Más de 60 países participan en la reunión, con Rusia y China como grandes
ausentes, en la que se deben estudiar las medidas de ayuda al pueblo sirio y cómo aumentar la presión sobre el régimen de Damasco”

Por supuesto, ya sabemos por medio de la historia el papel que jugaron los Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, y otros en la desgracia del pueblo árabe, pero parece que el pueblo árabe y sus dirigentes no lo saben, porque, como se dice popularmente, se acuestan con sus enemigos.
No es Siria su enemigo, ni tampoco es Siria el que ataca a su pueblo. Es Siria el atacado por fuerzas foráneas, es del interés de las potencias imperialistas que caiga el poder de Siria para someterla a sus propios intereses políticos y apoderarse de sus recursos.
Libia, Irak y Afganistán, no puede hacer alarde de que ahora viven en buena armonía bajo “la civilización occidental”, por el contrario ahora son países caóticos cuyos recursos naturales ya son explotados con gran beneficio por empresas extranjeras, mientras los pueblos se hunden en la barbarie de los odios creados.
Los Estados Unidos apoya a Israel, incluso en el incumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas; es Israel el que está desapareciendo a Palestina bajo la mirada pasiva de los pueblos y dirigentes árabes, entre muchas violaciones a la paz, la dignidad, la libre determinación de los pueblos, es la Unión Europea y su brazo armado de la OTAN, la que ayuda a someter a los pueblos árabes.
Y ahora esos imperialistas amenazan a un pueblo árabe ante sus propios hermanos:
“Al inicio de la conferencia, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, advirtió al presidente sirio Bashar al Asad que “pagará un alto precio por ignorar la voluntad de la comunidad internacional y violar los derechos humanos de vuestro pueblo”.
La jefa de la diplomacia estadounidense abogó por incrementar “las prohibiciones de viajar a los altos responsables del régimen (…), congelar sus haberes, boicotear el petróleo sirio, suspender cualquier nueva inversión y estudiar el cierre de embajadas y consulados”.
Su homólogo francés, Alain Juppé, apostó por reforzar las sanciones para “someter” a Damasco. “A partir del lunes (en Bruselas) tomaremos nuevas medidas fuertes, especialmente el bloqueo de los haberes del Banco Central Sirio”, precisó”.

En definitiva, el imperialismo sí que le tiene doblado el brazo al pueblo árabe.

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