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Doctor Suhail Assad y Faruk Hussain


















Roberto Flores
Redacción Diario Co Latino
Suhail Assad, un teólogo musulmán con raíces latinoamericanas, no solo profesa la fe islámica. A él lo gobierna el Islam.

De acuerdo a Assad, cuyos estudios teológicos sobre el Islam le han llevado a obtener el título de sheij (una especie de guía espiritual), la fe islámica es, más que un conjunto de rituales, una filosofía de vida, la cual sirve de guía en todos los aspectos de la vida humana, incluyendo la política.

Recientemente Assad fue invitado al país por la Asociación Islámica Chiita de El Salvador a participar en algunas charlas introductorias al mundo islámico y sus tradiciones. Según el teólogo musulmán, “el Islam en sí quiere guiar al ser humano en su calidad de ser humano, sin hacer hincapié en una etnia determinada en una o en una distinción cultural determinada”, razón por la cual la fe islámica ha trascendido las fronteras de los países que la vieron nacer, llegando a convertirse en la actualidad en una de las religiones de mayor expansión en el mundo.

El Salvador no es la excepción. En el país el número de personas que profesan el Islam ha ido expandiéndose poco a poco, principalmente en la zona metropolitana de San Salvador, en donde pueden encontrarse  un buen número de mezquitas (templos islámicos) a las que esas personas acuden.
“Muchas de las personas encuentran en el Islam una forma de vida que puede ser compatible con su propia cultura”, asegura Assad.

La expansión del Islam, de acuerdo al teólogo, ha permitido que esa religión tenga presencia en todos los continentes del mundo, incluido el mundo occidental. “Nosotros como occidentales no debemos olvidar que gran parte de occidente se desarrolla con una presencia islámica muy fuerte”, manifiesta.

Pese a ello, Assad acepta que la poca información existente sobre la tradición islámica ha dado paso a que se creen ciertos estereotipos, avivados por la creciente manipulación mediática de superpotencias occidentales (como el caso de los Estados Unidos e Inglaterra).

“Si uno quiere ser objetivo al momento juzgar al Islam debería de ver no solo esa realidad que tratan de imponer algunos medios de comunicación occidentales sino también ver qué desarrollo histórico tuvo el Islam y que es lo que el Islam ofreció al mundo y qué produjo a nivel cultural y civilizacional”, manifiesta Assad.

En América Latina, según dice, hay muchas experiencias incluso en las que la comunidad islámica, de ascendencia árabe, ha contribuido al crecimiento de sus economías. Cita, por ejemplo, el caso de Brasil, en donde actualmente habitan unas 8 millones de personas originarias del Líbano (país árabe), quienes han aportado mucho “al desarrollo de la sociedad” brasileña.

Lastimosamente, dice Assad, aplicaciones equívocas de conceptos dentro del Corán (libro sagrado de los musulmanes) han contribuido a que los estereotipos contra el Islam incrementen. Es el caso de los grupos fundamentalistas que señalados en el mundo occidental por recurrir a actos de terrorismo bajo la Yihad.

“El Yihad no es un invento humano o una interpretación mala del Corán. El Yihad es una realidad que existe en el Corán como la legítima defensa existente en la Carta de Naciones Unidas, y como derecho de todos los pueblos al momento de enfrentar un ejército extranjero que invade nuestras tierras. La legítima defensa es aceptado por la humanidad históricamente hablando, y es uno de los derechos del ser humano, defenderse a sí mismo”, explica el teólogo musulmán.

“El problema no está en los conceptos del Corán, el problema está en la forma de aplicación de esos conceptos, la interpretación del Corán es clara: defenderse legítimamente contra un ejército extranjero que viene a invadir mi tierra, eso es algo aceptable por todas las religiones”, agrega.
De hecho, Assad asegura que el Islam no es indiferente a la realidad social de los pueblos, y tiene una clara “visión de justicia social”.

En el caso del Despertar Islámico o Primavera Árabe (nombre con que se ha designado a una serie de levantamientos ocurridos en países árabes como Egipto en el año 2011 contra los regímenes autoritarios de la región) las enseñanzas del Islam han servido como un creador de consciencia social, que se traduce en acciones políticas, explica el teólogo.

“En estos países, en los que se dio la primavera árabe, los gobiernos eran totalmente dependientes de algunas superpotencias occidentales, eran gobiernos que no abogaban por los intereses de sus pueblos si no por los intereses de sus gobernantes (…) y los pueblos, obviamente con su consciencia islámica clara, estaban cansados de ese tipo de gobernantes y de sistema de gobierno”, dice Assad.

Y hace una conclusión más, derivada de las enseñanzas de la fe que lo gobierna: “el primer paso hacia la transformación es el despertar de los pueblos”.


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