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La lista de eminentes judíos disconformes con las políticas del estado israelí sería interminable (Daniel Barenboim y su noble  cruzada pacifista con el palestino Edward Said se nos viene inmediatamente a la mente) y lo mismo vale decir de las múltiples organizaciones judías que rechazan esa espuria identificación entre pueblo y régimen.
Imagen: Internet

En la andanada de ataques recibidos por mi condena a esta nueva agresión perpetrada por Israel en la Franja de Gaza sobresale y se reitera una descalificación: se me acusa de “antisemita”. Para esos inveterados racistas cualquier crítica a las políticas genocidas del estado de Israel, cualquier denuncia de sus atrocidades y de su barbarie sólo puede ser la manifestación de un intenso odio al pueblo judío. Se equivocan a sabiendas: tamaña confusión entre pueblo y régimen político no es casual ni gratuita. Constituye, en cambio, el chantaje metódicamente utilizado por la derecha reaccionaria israelí y sus aliados en el imperio para desacreditar toda crítica a un suicida curso de acción que, en el largo plazo, tendrá como víctima al propio pueblo judío.

Es una postura absurda, aparte de reaccionaria y malintencionada. Recuerda la que exhibía la derecha argentina cuando calificaba de “campaña anti-argentina” las críticas que desde dentro y fuera del país se dirigían en contra de la dictadura terrorista cívico-militar que sembró destrucción y muerte en la segunda mitad de los años setentas. Ella también confundía maliciosamente pueblo y gobierno como hoy lo hacen los racistas judíos. Y tanto ayer en la Argentina como hoy en Israel lo que se pretendía era defender a un régimen político nefasto que, en el caso que nos ocupa, ha sido denunciado por eminentes personalidades de la comunidad judía, dentro y fuera de Israel. Son conocidas     –pese a ser silenciadas oficialmente- las dudas que Albert Einstein y el gran filósofo judío Martin Buber abrigaban en relación a la forma concreta que estaba tomando la creación del estado de Israel. Y ayer nomás nos referíamos a Noam Chomsky y las demoledoras críticas que formulara luego de su reciente visita a Gaza: http://www.democracynow.org/2012/11/14/noam_chomsky_on_gaza_and_the

        La lista de eminentes judíos disconformes con las políticas del estado israelí sería interminable (Daniel Barenboim y su noble  cruzada pacifista con el palestino Edward Said se nos viene inmediatamente a la mente) y lo mismo vale decir de las múltiples organizaciones judías que rechazan esa espuria identificación entre pueblo y régimen. Una de ellas, denominada Jews for Justice for Palestinians. Two peoples-one future,  tiene como divisa una cita del Rabino Hillel, del siglo I antes de Cristo, que para horror de los fundamentalistas de hoy día reza así: “Lo que no quieras para ti no lo hagas a tu vecino. Esto es toda la Torah. El resto son comentarios.”  Por supuesto que no serán las enseñanzas de ese sabio judío las que escuchen Netanyahu, su fascista canciller Avigdor Lieberman y los halcones israelíes; escucharán más bien los torpes balbuceos de sus decrépitos sucesores, movidos por un odio inconmensurable hacia el pueblo de cuyas tierras se apoderaron, los palestinos, y de los cuales in pectore se pone en duda su misma condición humana. Razón por la cual se puede movilizar la infernal máquina guerrera de Israel contra un pueblo indefenso, sin ejército, sin aviación, sin marina de guerra, sin status internacional reconocido, bloqueado por aire, tierra y mar, y encerrado “como animales en una jaula”, recuerda Chomsky en la entrevista citada más arriba. Por eso es apropiado caracterizar al estado de Israel como un “estado canalla”, que viola flagrantemente, con el incondicional apoyo del amo imperial,  la legislación internacional, las resoluciones de las Naciones Unidas y el derecho de gentes. Ningún chantaje de “antisemitismo” puede  disolver el carácter genocida de estas políticas; ningún ardid extorsivo, cuya eficacia se ampara en los imperdonables horrores de la shoah perpetrado por el régimen nazi pero condonado por las potencias imperialistas de la época, es suficiente para transformar el vicio en virtud o el crimen en bondad. Y ante ello ningún hombre o mujer puede permanecer callado. El cómplice silencio de los años treinta y cuarenta posibilitó el exterminio de los judíos en la Alemania nazi. Esa conducta no debe repetirse.
        
       Cierro esta breve reflexión citando las actualísimas palabras de León Rozitchner, un gran filósofo marxista, judío, argentino, fallecido hace poco más de un año. Un maestro en el sentido más integral del término, que en el “Epílogo” de  un notable libro de su autoría, Ser Judío, se preguntaba lo siguiente:

 “¿Qué extraña inversión se produjo en las entrañas de ese pueblo humillado, perseguido, asesinado, como para humillar, perseguir y asesinar a quienes reclaman lo mismo que los judíos antes habían reclamado para sí mismos? ¿Qué extraña victoria póstuma del nazismo, qué extraña destrucción inseminó la barbarie nazi en el espíritu judío? ¡Qué extraña capacidad vuelve a despertar en este apoderamiento de los territorios ajenos, donde la seguridad que se reclama lo es sobre el fondo de la destrucción y dominación del otro por la fuerza y el terror! Se ve entonces que cuando el estado de Israel enviaba sus armas a los regímenes de América Latina y de África, ya allí era visible la nueva y estúpida coherencia de los que se identifican con sus propios perseguidores. Los judíos latinoamericanos no lo olvidamos. No olvidemos tampoco Chatila y Sabra”.

Fuente: http://www.atilioboron.com.ar/2012/11/rechazar-el-chantaje-del-antisemitismo.html
 
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