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A punto de finalizar el año comienzan a perfilarse los nombres de los films que podrían ser galardonados con la preciosa estatuilla del Oscar, hace apenas un año la academia sorprendió al público norteamericano con el reconocimiento del film iraní Nader and Simin, a Separation, en medio de una guerra no declarada contra el Irán y su pueblo el reconocimiento a la calidad del argumento y cinematografía no podía pasar por alto.

Sin embargo, se volvió nuevamente al ruedo, pareciera que ahora como siempre el público detrás delante de la pantalla presenciará otro capítulo de la guerra mediática. Se acaba de estrenar el film Argo que cuenta la historia de cómo un grupo de trabajadores de la embajada norteamericana en Teherán, en 1979, huyen de ser secuestrados luego de la toma por parte de estudiantes y luego como un “valiente agente de la CIA” por medio de fingir la filmación de una película de ciencia ficción logra sacar a estos por medio de operación encubierta.

Soy sincero, sin haberla visto al inicio, me pareció que esto iba a ser una más de la larga lista de films patrioteros y apologéticos de las fuerzas armadas gringas, sin embargo después de tener acceso a ella, logre observar  un arranque de conciencia de Ben Afleck, su productor, al aclara al inicio  el contexto de la toma de la embajada y como los Estados Unidos habían apoyado en la década de los cincuentas el golpe de estado contra el primer ministro Mohamed Mossadeq y claro, teniendo este recuerdo presente, cuando se produce la revolución islámica de 1979 sumada  la estupidez del servicio exterior norteamericano al aceptar la entrada del odiado Sha Reza Pahlevi a su suelo patrio, era de esperar la reacción de parte de la población indignada y la posterior toma de la embajada, pocos países en el mundo han actuado con tal dignidad y valentía ante el poder colonial como lo hicieron esos estudiantes en 1979.

Pero regresando al film, se trataba de mostrar, primero, la determinación del gobierno norteamericano en cuanto a velar por la seguridad de sus compatriotas, claro está, el film no cuenta que esta embajada ya había sido asediada una vez y desocupada, en este mismo contexto de agitación popular, y a pesar de conocer perfectamente bien las dimensiones de la revolución y la responsabilidad que ellos tenían en haber armado y asesorado a la policía del régimen aún así la dejaron abierta, ya esto era un claro desafío.

En  la historia, el argumento central, es el engaño, como las imágenes deslumbrantes de Hollywood que cubre el planeta entero, no hay rincón del mundo que se salve a su influencia, en ese contexto un agente de la CIA se encarga de montar una operación donde rescata a los empleados de la embajada que se han refugiado en la residencia del embajador de Canadá, como es costumbre existe tensión en el ambiente, existen ejecuciones en las calles de antiguos funcionarios o de agentes de los aparatos represivos, y bueno, los norteamericanos sienten que ellos serán víctimas de esa barbarie.

Después de haber triturado millones de documentos en la embajada, niños y mujeres se dan a la titánica tarea de armarlos nuevamente, como si fueran rompecabezas. El productor tratar de unir dos hechos contextuales para elevar la acción en la historia, es por eso que poco a poco surgen las fotografías de todos los trabajadores de la embajada y de repente se dan cuenta que faltan varios, los que en ese momento están abordando el avión que lo lleva a la libertad, es de suponer que esto no sucedió así, en principio la reconstrucción de los papeles llevo meses y el objetivo era ubicar a los cientos de agentes que la CIA tenía bajo su nomina en Teherán, muchos de los cuales se dan a la fuga como sucedió en Vietnam, y luego se vieron comprometidos con la criminal guerra que se produjo con Irak.

La salida del grupo se produce en un lapso de tiempo diferente, y siendo un film norteamericano como todos los de su género, la visión existente en el será siempre egocéntrica, no pueden mostrar la historia completa como por ejemplo  la premura de los iraníes por evitar el golpe de Estado (que era un peligro real)  o el verdadero rostro de los agentes que han tenido a su cargo el desarrollar acciones encubiertas de asesinato, secuestro y extorsión.

El agente de la CIA de Hollywood es bien parecido, decidido, omnisapiense, valeroso, enamorado de su país y su gente, en ingles se diría the good guy , y claro, el productor sucumbe a la tentación de dar un buen mensaje a su público dibujando nuevamente a the bad guy, como hombres fanáticos, barbas crecidas, mujeres con nikab , con el rostro endurecido y lleno de venganza, para que no lo culpen de poco equilibrado en la parte del film surgen fotos comparando escenas, las reales y las construidas, y sorprende el grado de fidelidad, esto me lleva a un elemento recurrente en los últimos films de acción norteamericanos, cuando las historia discurría en escenarios donde evidentemente no se podía rodar se elegían escenarios “similares”, esto comprometía la fidelidad pero ubicaba a los personajes en tiempo real, Ben Afleck no necesito encontrar tales locaciones ya que todo fue montado en computadora con una fidelidad que asusta ya que esto confirma la capacidad de montaje fílmico para crear realidades virtuales como las desarrolladas en los juegos electrónicos, esta capacidad se ha puesto a prueba en las operaciones de desinformación que se desarrollan en Siria actualmente.

Entre la necesidad de contar una historia y elevar el nivel de patriotismo norteamericano, el tema de Irán resulta ser vigente, a pesar de que el mismo gobierno norteamericano estuvo de acuerdo con pagar con armas su liberación, a pesar de haber armado a Sadam Hussein con armas químicas para asesinar iraníes, eso por supuesto no narra el film, este al igual que otros lo que hacen es enaltecer a las personas que en el anonimato asesinan en otros países para mantener la libertad en el imperio.


 
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