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En el nombre de Dios

A pesar de la sangrienta acometida sionista sobre los palestinos podemos decir que la sangre triunfó sobre las balas y que el sacrificio de todos esos inocentes (niños, mujeres, ancianos y soldados de la resistencia) ha rendido algún fruto. Después de la vergonzosa retirada del Estado sionista del Sur del Líbano, la maquinaria diabólica del sionismo puso su mayor empeño y ansias de venganza en la población palestina —la cual ha sido su víctima desde hace más de 60 años—, pero esta vez hubo algo diferente en la resistencia, algo con lo que el Estado sionista no contaba. Eso fue la tenaz lucha de su pueblo y las organizaciones de resistencia, estos no solo pusieron su confianza en las balas y la estrategia, sino en la fe y el auxilio de Dios —situación que también llevó al éxito a los luchadores por la instauración del Islam en Irán en 1979—.

Por primera vez en la historia de la lucha palestina por sus derechos, se obligó al sionismo a firmar una tregua ventajosa para la resistencia, Israel en términos prácticos suplicó por la firma de la misma, demostrando así que aunque su poderío militar es aún fuerte, este no es rival para la fe y el convencimiento personal. Adam Shatz describe bien esta victoria:

“la victoria de una guerra no se mide solo con el recuento de víctimas. Y la “selva” –la palabra israelí no solo para los palestinos sino para el conjunto de los árabes– puede tener la última palabra. Hamás no solo se defendió mejor que en la guerra anterior, sino que además impidió la ofensiva terrestre israelí, logró un reconocimiento implícito como actor legítimo de EE.UU. (que ayudó a mediar en las conversaciones de El Cairo), y consiguió objetivos concretos, sobre todo el final de los asesinatos selectivos y un alivio de las restricciones del movimiento de personas y mercancías en los cruces fronterizos. Tampoco se habló en El Cairo, de los Principios del Cuarteto que exigían que Hamás renunciara a la violencia, reconociera Israel y cumpliera acuerdos anteriores firmados entre Israel y la Autoridad Palestina; una victoria simbólica pero no pequeña para Hamás.” (1)

Y todo esto aderezado con la renuncia a la política de uno de los emblemas más significativos del terror sionista personificado en Edhuk Barak, quien obligado por esta derrota dio un paso al costado.

Pero esta victoria no culminó en el escenario bélico, en el diplomático también le fue propinado un durísimo golpe a las aspiraciones sionistas, pues Palestina fue reconocida por mayoría absoluta como “Estado Observador” por la ONU, contando con los votos de la mayoría de los países (exceptuando como se esperaba a Alemania, Bulgaria, República Checa, los Estados Unidos, Canadá y, cómo no, un Israel derrotado).

Redacción de la Revista Biblioteca Islámica


Notas bibliográficas:
1-Por qué no venció Israel de Adam Shatz, en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=159831 (Rescatado el 17 de diciembre de 2012) 
 
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