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TREINTA Y DOS

Quiero, me digo a mi mismo
y el viento cruel empuja mis cortinas
Quiero, irremediablemente lo digo una vez
Quiero, me repito sin quererlo hasta que la brisa
Cede y limpio de mi teclado algún ancestro
mientras a mi alrededor va callando el día
al armar en su mirada el misterio de vivir
para irse y no volver como me figuro
y dignarse a buscar entre el vacío
algún nombre que no sea mío
otro nombre que no recuerde
porque quiero, en verdad
olvidar ese nombre
que te nombra
quiero digo
sin querer
Y apenas se escucha el trinar del cielo falso
Porque el día va cayendo en esta hora que el reloj dejó
dejando el número, es decir la palabra irreconciliable
que aún se repite… sin dudar.

Mauricio Vallejo Márquez
 
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