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Nos recibe en su casa, acompañados de un buen café y de libros, así comenzamos una amena conversación con un autor joven, de la Generación de Posguerra, se trata de Mauricio Vallejo Márquez con quien hace algunos años atrás tuvimos otra conversación.

Editor, autor, periodista y promotor cultural, Mauricio Vallejo Márquez como buen orfebre literario ha logrado fraguarse un lugar en el mundo cultural salvadoreño, director del único suplemento cultural del país, responsable de talleres literarios y autor de más de 5 libros, dirige también su propia editorial (La Fragua) en la cual publica la "nueva sangre literaria" salvadoreña y también autores internacionales de la talla del español Benjamín Prado.

Se confiesa devoto y creyente de la nueva literatura salvadoreña, la cual defiende con ferocidad "creo que hay literatura que vale muchísimo la pena, pienso que hay autores jóvenes que están haciendo muy buena literatura en la poseía, la narrativa, el ensayo etc. Creo que no debemos caer en el pesimismo, aún hay autores y letras que tienen mucho que ofrecerle a la sociedad salvadoreña" señala un contundente Vallejo Márquez.


Sobre el papel de la literatura como herramienta para las transformaciones políticas y sociales el autor también tiene su criterio y apunta con certeza "No se puede dejar de lado la realidad, la literatura debe ser un reflejo de las realidades de los pueblos, la literatura tiene el deber de mostrar una realidad porque el autor habita en una realidad específica. La literatura es una herramienta antropológica, social y política".

"Yo busco mostrar más diversidad, creo que no vale la pena discriminar autores, géneros ni temas. Autores de la talla de Omar Khayyam son imprescindibles y deben conocerse" dice Vallejo sobre la diversidad de temas que promueve desde el suplemento cultural Tres Mil.

Y no deja pasar la oportunidad para expresar su admiración y respeto por el legado político del fallecido presidente Hugo Chávez Frías de quien dice "Para mí Hugo Chávez fue el primer presidente con una ideología definida, es el autor de una idea política que benefició a su país, era un hombre consecuente, coherente, progresista" .

La Revista Biblioteca Islámica conversó con él y esto fue lo que nos contestó.

Por Bilal Portillo


—Alberto Guerra Trigueros dice que la poesía se inclina hacia la religión, que es un verdadero sacerdocio, qué opinión te merece esta aseveración

La poesía muestra cómo es el individuo y la sociedad, Guerra Trigueros y otros autores consideran que la poesía es algo sublime, la poesía creo yo es parte de la identidad de los pueblos, por ejemplo si quieres conocer la cultura islámica debes leer el Sagrado Corán y luego a los grandes poetas como Hafiz y Omar Khayyan, lo mismo con la cultura griega que para conocerla mejor es indispensable leer a sus poetas clásicos como Homero o Hesiodo. En relación a si la poesía es como la religión creo que están en categorías diferentes, no pueden equipararse ya que la religión es algo sagrado, es el camino por medio del cual el hombre encuentra lo divino, la poesía en cambio es una herramienta para mostrar la belleza de lo divino.

—Existe una tormenta que azota la cultura salvadoreña, algunas personas piensan que no vale la pena leer ni mucho menos invertir en la literatura salvadoreña sobre todo en la nueva, se percibe un gran desencanto

Yo pienso lo contrario, creo que hay literatura que vale muchísimo la pena, pienso que hay autores jóvenes que están haciendo muy buena literatura en la poesía, la narrativa, el ensayo etc. Creo que no debemos caer en el pesimismo, aún hay autores y letras que tienen mucho que ofrecerle a la sociedad salvadoreña, y te puedo dar nombres como Erick Chávez Salguero con quien presentamos en la Asociación Cultural Islámica Shiita Salvadoreña su libro que tuvo una buena acogida y buenos comentarios o Wilfredo Arriola.

—Editorial La Fragua es un proyecto tuyo, es parte de tu evolución, actualmente está publicando precisamente a esos autores nuevos en los que alguna gente cree poco, hablanos más de este proyecto, qué persigue, y cómo marca la diferencia con otros proyectos

La verdad es que La Fragua es un proyecto cultural amplio, actualmente pretende incentivar las letras jóvenes de El Salvador, no pretendemos hacer de este proyecto algo exclusivamente comercial, ni algo cerrado o hermético. Algunas editoriales suelen convertirse a veces en clubes de amigos en donde se publican obras por amistad. La Fragua busca publicar autores de calidad y en algunos casos no solo autores nuevos sino consolidados como Benjamín Prado de España quien aceptó publicar con nosotros. Otra cosa importante es la viabilidad para adquirir los trabajos, hemos querido publicar obras accesibles para la gente. Ahora en cuanto a las diferencias entre La Fragua y otras editoriales es que La Fragua sale a buscar autores, basados en un principio de no-egoísmo, queremos ser una ventana literaria.

—Cómo hace un autor para que la gente le reconozca por su trabajo y no por ser el hijo de un famoso escritor, te lo pregunto porque sos hijo de un autor talentoso y mártir, ¿cómo se hace para trascender esta situación?

 Yo pienso que la mejor forma de trascender y superar una situación así es hacer un trabajo que se soporte solo, aunque yo no compito con la obra de mi padre, yo pude haber sido egoísta porque a mi padre trataron de ocultarlo, de velarlo, sus coetáneos han tratado de sumergirlo en el silencio y tienen responsabilidad en ese sentido. Yo emprendí una búsqueda del legado de mi padre, traté de hablar con las personas que le conocieron y muchos de ellos no me prestaron mayor ayuda, otros sí me ayudaron como José Roberto Cea, Alfonso Velis, Giovani Galeas etc. Luego traté de buscar una editorial interesada en publicar su obra y ninguna se interesó por eso realicé un gran esfuerzo y en el 2008 saqué un plaquette. En conclusión me convertí en un divulgador de la obra de mi padre y también debo mencionar a la gente de Tonacatepeque que ha mantenido su memoria viva.

—La literatura como herramienta de transformación social y política en contraposición con la visión de la literatura como mero entretenimiento, ¿acaso se está perdiendo la naturaleza transformadora de la literatura?

Debemos hacer una diferencia entre literatura y panfletería, la literatura muestra la realidad y el panfleto es utilizado para generar opinión de una parte de la realidad. No se puede dejar de lado la realidad, la literatura debe ser un reflejo de las realidades de los pueblos, la literatura tiene el deber de mostrar una realidad porque el autor habita en una realidad específica. La literatura es una herramienta antropológica, social y política. Denunciar los problemas sociales es parte de la literatura y si no veámos el trabajo de Neruda, César Vallejo, Jaime Suárez Quemain y otros que mueren por denunciar la injusticia de su realidad.

—En cuanto al trabajo editorial de índole cultural, en tus manos está el único suplemento cultural del país y se nota una apertura hacia lo alternativo, incluso publicando trabajos de autores tan distantes como Omar Khayyan y Hafiz, poesía china,  
o poco valorados como el pensamiento indígena. ¿Por qué es importante publicar estos trabajos?

Una diferencia fundamental entre mi coordinación y la de otros compañeros ha sido la apertura hacia la miscelánea, yo busco mostrar más diversidad, creo que no vale la pena discrimar autores, géneros ni temas. Autores de la talla de Omar Khayyam son imprescindibles y deben conocerse, a eso le apunta mi coordinación del suplemento Cultural Tres Mil.

—El poeta,el literato de acuerdo a lo que acabas de expresar no se sustrae de la realidad, no puedo dejar de preguntarte sobre la muerte de Hugo Chávez y su legado

Para mí Hugo Chávez fue el primer presidente con una ideología definida, es el autor de una idea política que benefició a su país. Era un hombre consecuente, coherente, progresista y sobre todo buscó siempre apoyar a los venezolanos y a toda América Latina. Es él quien infundió confianza en las izquierdas latinoamericanas, Chávez se convirtió en una persona de palabra y de acción. Hugo Chávez pasa a ser de ahora en adelante en un símbolo de integración de los pueblos del mundo.
 
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