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Argelia Quintana, madre de Amada Libertad
“Lo primero que vi cuando me la dieron fue que era peloncita, cachetona y con unos ojos grandes, bien bellos”, Argelia Quintana Marxelly, madre de la poeta Leyla Quintana, más conocida como Amada Libertad, no puede evitar la emoción al recordar cuando su hija nació un 2 de abril de 1970, allí comenzó  para ambas una vida de sacrificio, lucha, amor y poesía.

Argelia cuenta que a los 11 años le encontró a Leyla sus primeros poemas, escritos en los cuadernos de clases, que ella siempre le revisaba. Fue allí que inició su carrera literaria, participó en un certamen de declamación y era la favorita para el premio, pero al final no lo obtuvo, “No te preocupes, vos vas a escribir bien bonito”, le alentó Argelia, pero a Leyla se le olvidó la poesía por un tiempo, quizá de la decepción de no haber ganado aquel concurso, según su madre. 

Leyla también incursionó en el teatro, danza y canto, “Participó en un programa de canal 10, La Hora Infantil”, recuerda con mucho orgullo Argelia. A los 15 años tuvo el primer novio y es a quien le dedica un poema que le publicaron posteriormente en el libro: Trilogía Poética de las Mujeres en Hispanoamérica. La relación duró poco porque el muchacho tuvo que irse a estudiar a otro país, Argelia manifiesta que eso le provocó a Leyla su primera desilusión amorosa. 
En 1987 ingresó a estudiar periodismo en la Universidad Nacional de El Salvador (UES), tenía 17 años, allí conoció a Otoniel Guevara, “Siempre menciono a Otoniel porque fue él quien cambió la mentalidad de Leyla”, aclara Argelia, pues manifiesta que antes de conocerlo a ella no le interesaba lo que sucedía en el país, eran tiempos de guerra, pero ella se preocupaba más por salir con las amigas, “Lo de toda chamaca”, dice entre risas nuestra entrevistada. “Ustedes nunca van a ganar, porque eso de andar en sindicatos y cosas así, eso no trae nada bueno”, decía Leyla a su madre y hermana, quienes para ese entonces ya pertenecían a organizaciones políticas, “Yo andaba en las protestas y en todo aquello…”, afirma Argelia, “Esas palabras de Leyla fueron antes de conocer a Otoniel”. 

Después de un tiempo, Leyla comenzó a faltar en la casa, se iba con el pretexto de ir a hacer una tarea donde una compañera, “Se iba un día, dos y luego no aparecía en una semana,” Argelia comenzó a sospechar que algo más pasaba, “No era la misma, ya no andaba tipería, fue agarrando conciencia, comenzó a leer otro tipo de literatura, ya estaba organizada y luego desapareció”, Un breve silencio invadió la atmosfera, sin duda Argelia revivía ese recuerdo doloroso. 

Algunos textos de y sobre Amada Libertad/Fotografía de Inés Ramírez

En 1988 Leyla migró a Nicaragua y fue allí donde escribió su primer cuaderno de poesía completo, llamado: Ausencia, esta vez ya no escribía sólo al amor, sino al pueblo, a la pobreza y a la injusticia. “En ese tiempo me contó que leía a Cortázar, César Vallejo y yo dije algo bueno tiene que salir”, en efecto, Argelia no estaba equivocada, pues en los siguientes años su hija escribió la mayoría de poemas que ahora conocemos. 

A través de correo clandestino Argelia obtenía los escritos de Leyla, quienes le ayudaban son ahora poetas, Kenny Rodríguez y Jorge Haguilar, ellos arriesgaban su vida haciendo labor de “Correos” en el tiempo del conflicto armado, especialmente Haguilar y Silvia Orellana fueron los que hicieron posible que ahora Argelia tenga escritos y fotografías de su hija. “En el 89 nos vimos quizá una vez, ella estaba en Guatemala y allí nos encontramos”, Argelia comenta además que esta reunión fue muy emotiva, porque se tomaron fotografías juntas y Leyla le entregó varios escritos que había hecho en ese tiempo, pero lastimosamente al momento de regresar a El Salvador, Argelia tuvo que botar gran parte del material porque la policía registró el bus donde ella viajaba, en ese tiempo escribir poesía era considerado un acto subversivo.  
Después de ese encuentro Leyla tenía pensado viajar a Italia, le habían ofrecido una beca de estudio, pero al final no quiso irse, “Es que en mi país hay guerra y yo tengo que participar”, fue la justificación de la joven y regresó a El Salvador de forma clandestina. “Tal vez es la última vez que nos vamos a ver”, se decían, madre e hija no sabían qué les depararía el destino. Leyla escribió el poema: Encuentro en conmemoración a cada reunión con su madre.

Encuentro
“Un suspiro forcejea mi corazón
cuando de entre mis cordales
alimento un diminuto rasguño de recuerdos
donde se pintan con diluvios
un caudal de letras y labras 
que inflaman mi agitado respirar
y ensordecen las ganas de volar
q tu costado
donde un llanto me rocíe 
al norte de tus ojos 
que hoy en estos míos renacen 
a cada lágrima de coraje
que en ellos vibra”.

Leyla participó en la ofensiva de 1989 y de esa experiencia surgió el poema: Noviembre, Argelia recuerda que entonces Leyla ya no le mandaba los escritos en cuadernos, sino en “Embutidos”, papeles pequeños para no ser detectados, “Porque si te los hallaban te llevaban preso o te mataban”, asegura Argelia.

El primer trimestre de 1990 Argelia no supo nada de su hija. Leyla estaba combatiendo en el Volcán de San Salvador, ese año Argelia sintió la necesidad de publicar los poemas de su hija, “En el Co Latino me le publicaron una página”, nuestra entrevistada se desborda de la emoción al recordar esto, hasta las palabras toman un tono diferente. Pero a Leyla no le pareció mucho la idea porque su familia podría correr peligro, según recuerda, sin embargo al final lo aceptó. 


En 1990 Argelia visitó a Leyla en el campamento guerrillero y no puede dejar de mencionar que cada encuentro era maravilloso, aunque les tocara dormir en el suelo y comer  una tortilla con huevo duro. Pero a pesar de esas y otras inclemencias  menciona que Leyla tenía el cabello lindo, siempre largo y suave. “Yo cuando regresé dormí 24 horas seguiditas”, Argelia cuenta que la tensión de estar en aquel lugar era indescriptible, el peligro se respiraba a cada minuto.  
Leyla pidió permiso a la guerrilla para volver un tiempo a la casa, Argelia recuerda muy alegre que pasaron navidad y 31 de diciembre juntas, Argelia manifiesta que esos días fueron los más lindos, porque pudieron compartir más tiempo juntas, entonces Leyla escribió el poemario Locuras y Garabatos, el cual ganó un premio posteriormente. Cuando llegó enero Leyla debía regresar al frente de batalla, “Yo le decía llorando que ya no regresara”, dice Argelia.
Sin embargo Leyla volvió y en febrero de 1991 mataron a su novio y compañero de combate Rigoberto Campos. “Fue la segunda vez que yo la vi tan decepcionada por amor”, Argelia cuenta que ellos tenían pensado casarse al terminar la guerra, “Chincho”, que era el nombre de combate del muchacho, está enterrado ahora en la misma tumba que Leyla.
Después de esa pérdida Leyla escribía más, hasta llegar a completar el poemario: Sorbos de Cariño Bajo la Hiel, que también obtuvo un premio según Argelia. “Después de la muerte de Chincho yo le decía que se viniera, una madre presiente la muerte”, pero Leyla no quiso hacer caso al pedido de su madre y siguió en combate. 
“El día del eclipse, el 11 de julio del 91 yo me sentía desesperada, al día siguiente vinieron unos compañeros de ella, te vamos a dar una noticia me dijeron, lo sé Leyla está muerta”, Argelia ya lo sabía, lo había presentido, “Después de eso yo me volví loca, me sentía muerta”. Quintana manifiesta que le dolía el hecho que tampoco podría despedirla, pues Leyla había sido enterrada en una fosa común.
Cuentan los compañeros de combate de Leyla que en un enfrentamiento ésta cayó en una zanja y la descubrieron por su larga trenza, ella se trató de defender, pero la mataron, sin embargo Argelia aclara que estas son versiones, “Es la primera vez que lo voy a decir, nunca he estado conforme con la versión oficial de la muerte de Leyla”, confiesa y endurece su rostro al hablar. 
Leyla guardaba en su mochila dinero con el que pensaba comprar un radio, “A ella le encantaba la música de Guardabarranco y además que era radista”, es justamente el cargo de radista el que hace dudar a Argelia, pues era la que debía ir inmediatamente después del comandante de la cuadrilla, lo cual la mantenía más protegida, sin embargo fue precisamente ella y un compañero de los últimos de la fila quienes fallecieron. 
“Hay un amigo de Jorge (Haguilar), que quiere hablar conmigo desde hace tiempo, él dice que conoce toda la verdad”, pero a pesar de estos llamados, Argelia no ha querido escucharlo, dice que por el momento se conforma con la versión que hasta hoy ha conocido, sin embargo es un enigma dentro de la historia.

Años después de la muerte de Leyla, específicamente después de los Acuerdos de Paz, dos organizaciones colaboraron con Argelia para realizar la identificación del cadáver de Leyla en El Salitre, ubicado en el Volcán de San Salvador, “Tuve que callar mi dolor, mis lágrimas y seguir adelante”, Argelia se muestra fuerte en todo momento, “Vi las botas, no tuve valor de verla, me desmayé”, recuerda. 
Leyla nunca llegó a saber que la conoceríamos como Amada Libertad, en una ocasión ella le envió en uno de sus mensajes los posibles seudónimos que le gustaría tener y a Argelia le gustó Amada Libertad, desde entonces la llamó así. 
Amada Libertad dejó alrededor de 400 poemas, los cuales Argelia se ha encargado de publicar y dar a conocer en cada evento de poesía donde tiene oportunidad. Sobre Leyla se han escrito ensayos, tesis, canciones, poemas, hecho documentales, publicado poemas en diferentes idiomas como el inglés, francés e italiano. Pero esto no es suficiente, Argelia aún tiene en puerta varios proyectos que darán a conocer más la poesía de Leyla.
“El objetivo se ha logrado, la palabra de Leyla va a seguir inspirando a otros poetas, a mí me inspira”, Argelia cuenta que también escribe, aunque lo suyo no es la poesía, escribe cuentos y “Lectora sí soy”, afirma.  Con la seguridad y sonrisa que la caracteriza, manifiesta que se siente satisfecha del trabajo que hasta ahora ha realizado, es por ella que la poesía de Amada Libertad se ha conocido nacional e internacionalmente.
El café se nos enfrió hace rato, en la mesa hay libros de Leyla y Argelia toma cada página con tanta ternura, como si fuera aquella bebé que un día tuvo entre sus brazos. ¿Recuerda la última vez que la vio? Pregunté, llevó sus dos manos al rostro y rompió en llanto, “Sí, fue por el Parque San José”, me dijo entre sollozos inconsolables, “Iba a subirse al bus y me dijo Adiós pues, pronto nos volveremos a ver, pero ya nunca más la volví a ver”. 

 Después del eclipse
“Después del eclipse
desmitificaremos la agresiva atracción
esa que de porcelana se viste
y una pisca de brillo
escurriendo deseo ardiente de ilusiones
es para entonces que te amo
no ciegues tu sonrisa
ni apagues tu canto
agrégale luz a tu motor
y aunemos nuestros corazones
en un solo estallido
detonémoslo así  
pausado pero seguro
subamos al viacrucis del amor
y besémonos eternamente”. 

*Inés Ramírez es docente y periodista, responsable de los talleres de periodismo de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador
 
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