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La tacha sobre la tinta

la seriedad de los cerrojos

la furia de los nudos

con sus palabras amordazadas

las resonancias en las paredes del olvido

sofocan

la marejada del rocío en la alborada

los besos de las olas con el cielo

la pulcritud del silencio

el crepitar de las velas disipándose

anuncian la frontera de la noche

la extensa luz de Quetzalcoat dilata los aguachinados poros del rostro

sus relámpagos quiebran las ventanas del mar

livianas heridas quedan en el barco

un zanate picotea huellas en las lajas

espera en el puerto de la Primera Avenida

en el fondo un coro de peces

vuelve el fuerte Xipacná

del mar y del martirio

el premio valió la osadía


 
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