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Es el 26 de Noviembre de 2010. Se han reunido más de 25 mil personas en el Pionner Square, centro de Portland, Oregón, para presenciar la iluminación del árbol de Navidad. Mientras eso ocurre, tres hombres colocan toallas en el suelo de un apartamento de un hotel local para hacer sus oraciones y comenzar el ataque. Uno de ellos es un adolescente llamado Mohamed y dos adultos: Youssef y Hussein, éste último, un fabricantes de bombas de Al Qaeda. El ataque consiste en un atentado en medio de la celebración del encendido del árbol Navideño. 

Hussein abre las puertas del auto y se ubica en el volante. El joven Mohamed se sienta al lado. En la aparte de atrás hay seis recipientes azules de 55 galones conteniendo casi 2 mil libras de explosivos hechos a base de fertilizantes. Cada recipiente tiene un dispositivo de explosivo. Están conectados por un cable detonante.

En el vehículo Hussein va cantando en voz alta en árabe. Se estaciona en la calle Yamhil, justo frente de Pioneer Square. Le dice a Mohamed que comience a armar las bombas con el conmutador de palanca. Una vez terminado, los dos sujetos se bajan del carro y toman la calle Broadway y luego toman la avenida 10, donde Youssef los espera en una camioneta. Llevan a Youssef a la estación de trenes de Portland y después estacionan la camioneta unas cuadras más adelante. 


Hussein, murmura, “Allahu Akbar” (Alá es Grande). Mira detenidamente a Mohamed y le dice: “¿Listo?”. Mohamed con gesto de aprobación moviendo su cabeza: “Listo”. Hussein le pasa un celular que abajo indica los números a marcar para detonar las bombas. Mohamed nervioso marca los números, pero nada ocurre. Nada explota. Hussein le declara que posiblemente la señal está débil. De momento aparecen muchos agentes con armas largas gritando simultáneamente ¡FBI! ¡FBI! ¡FBI! Y les ordenan que se tiren al suelo con las manos en la cabeza. Gracias a la oportuna y pronta llegada de los agentes del Buró Federal de Investigación (FBI por sus siglas en Inglés) se evitó un atentado terrorista.  

¡Cuidado!, todo fue una falsa. Mohamed fue engañado todo el tiempo y apresado y los otros dos liberados. Para el FBI es suficiente que alguien sea un potencial terrorista por el mero hecho de viajar al Medio Oriente, apoyar moralmente la resistencia afgana o un musulmán denuncie los vicios sociales y el materialismo en EEUU.   

La muestra que recogimos anteriormente es una trampa inducida por el FBI que aparece en el libro “The Terror Factory: Inside the FBI's Manufactured War On Terrorism” [2013] (La Fábrica del Terror: que se manuratura dentro del FBI en contra del terrorismo) del investigador Trevor Aaronson. Donde se documenta que el FBI ha fabricado hasta ahora 150 supuestas conspiraciones terroristas y casi todos los demás casos no están relacionados con el terrorismo, se lo han achacado a los musulmanes. A base de chantajes y engaños reclutan informantes que han estado o están en una situación irregular migratoria. 

 La fabricación de casos no es nueva, lo hicieron en Puerto Rico contra el independentismo, en la guerra contra las drogas y en contra el crimen organizado en EEUU. Lo novedoso tal que es que ahora se concentran mayormente en contra del presunto terrorismo doméstico valiéndose de todos medios tecnológicos modernos y sumando miles de informantes más que el 11 de Sept.  Preguntamos, ¿Cuáles son los objetivos de las trampas? ¿Darnos tranquilidad? ¿Fomentar el terror como arma de control político? ¿Justificar los 3 billones que recibe para su presupuesto? Si hay una presunta guerra contra el terrorismo ¿Por qué el FBI hace trampas que lejos de prevenir un atentado paradójicamente lo promueve? O es que estamos bajo lo que Paul Craig Roberts, ex-secretario asistente del Secretario del Tesoro de EEUU, llama un “Estado Policial” que destruye las protecciones y libertades civiles garantizados por la Constitución y el hábeas corpus, un Estado Policial que Bush comenzó y continúa, con algunos matices, pero esencialmente igual, con Obama. 



 
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