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DECIR ADIÓS

He conocido dolores que mienten cuando sonríen.
También he llorado como forma desequilibrada de la mirada
íntimo aguacero de la pupila
pasión sin plomo
vértigos de mar adentro
historia de vacíos; todo eso dentro de una lágrima.
Quedan mis manos tocando
el cristal donde te marchas
agarro el puñado de intenciones
y pasan al cesto de los pasados sin futuro.
Todo tiembla.
La tristeza son cien hombros ocupados
donde no se puede llorar
las calles tienen un ritmo de fuga cuando no estás.
Así me pueblas, empapas de abandono todas las horas
y los días pasan a ser uno más en la muerte.
Te marchas
decir adiós es un pequeño acto suicida.

CERTEZAS

Es cierto, mi mirada no detendrá el río.
En esta piedra solo cabe mi afán
donde se vierten las bocanadas de alientos
fenecidos en mi boca.
Distante sumerjo mis manos en los poemas
faltos de fechas.
Recuerdo el humo acibarado de las calles
con tu paño de rebeldes lienzos sobre mi cara
iracundo de vestirme con la mirada perdida de las aves
que ignoran nuestro camino.
Yo no puedo detener el vidrio de los cristales
frecuentados por tu reflejo de mujer de tiempo inerte.
Tú si puedes detenerme,
como un reloj olvidado sin energía
y sin embargo te vas,
así como las aves saben de su camino.





 
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