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Los días cercanos a las celebraciones occidentales de la Navidad suelen traer consigo una fuerte carga emocional, material y mediática, esta última pensada –en la mayoría de casos- para seducir a la gente hacia la neo-adoración de los nuevos ídolos o como los llamaba el Imam Jomeini “los nuevos ídolos de la época”. Las tiendas, centros comerciales, los medios de comunicación, las calles y hasta los más pequeños negocios se ven inmersos en esta vorágine, siempre hemos sido creyentes que la publicidad es el reflejo de las aspiraciones más comunes entre la gente de un país o cultura, por eso es oportuno prestar atención a lo que ella nos dice. Y es precisamente en estas fechas en donde hay una efervescencia mediática, pero esta efervescencia por lo general se diseña para que las personas rindan culto devocional hacia el consumo de “necesidades” creadas por los sistemas ideológicos como el de la religión mercantilista cuya propaganda se concentra en la exposición de cuerpos de mujeres y hombres semidesnudos -como si las personas debieran evaluarse por la estética de los mismos-  llamando a las personas hacia el desenfreno sexual y la ingesta de bebidas que son el perfecto “acompañante” para las fantasías y mundos de ficción prometidos en semejantes campañas, asimismo hay una “invitación” frecuente para asistir a los centros comerciales y “aprovechar” las bondades de los almacenes que ofrecen baratijas inservibles y de segunda clase a precios “de rebaja” caso concreto la gradual inoculación de costumbres como el llamado “Black Friday”.  Lo mismo hacen las ventas de comida rápida, que por lo general están a tope en estas fechas. No cabe duda que para muchas mentes que carecen de la fuerza espiritual y ética emanada del mensaje liberador de los grandes profetas y mensajeros estas ofertas resultan tentadoras pues hay que pensar que los nuevos ídolos deben seducir y mostrarse atractivos, y ahí está la trampa de la que debemos cuidarnos.

Estas festividades deberían ser una muestra de verdadera espiritualidad, armonía, fraternidad y tolerancia, pero resulta que en países como el nuestro –El Salvador- y seguramente en otros países hermanos, los asesinatos, los accidentes y la violencia aumentan de forma desproporcionada, en buena parte por culpa de la religión mercantilista, sus teólogos y sus nuevos templos. Lamentable es darse cuenta que la mayoría de actos violentos son propiciados por el consumo de alcohol, el robo, infidelidades y problemas materiales, la batalla espiritual de los nuevos tiempos se está perdiendo y nuestros correligionarios musulmanes también han sucumbido ante esta situación, no se puede perder más terreno. Es necesario pues rescatar el sentido profundo de las enseñanzas proféticas y divulgar su sublime sabiduría liberadora.

Redacción de la Revista Biblioteca Islámica

San Salvador, 7 de diciembre de 2013
 
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