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Muhammad Baqir As-Sadr. (1989). LAS FUENTES DEL PODER EN EL ESTADO ISLÁMICO.  29 páginas. Editorial Al Hoda. Teherán, Irán.

Una vez más, nos complace presentar el trabajo de uno de los intelectuales más grandes que ha tenido el islam durante nuestro siglo XX. En esta ocasión, traemos a conocimiento de los lectores una reflexión de no muchas páginas, sin embargo, suficiente para dejar plasmada la propuesta islámica sobre la construcción de una sociedad completa.

Tal reflexión goza llamarse Las fuentes del poder en el Estado Islámico, y lo que As-Sadr trata a demostrar es que la invención de un Estado Islámico no es solamente una necesidad religiosa, sino una necesidad de la civilización. Con esto va más allá de las posibilidades de satisfacción espirituales que ofrece una sociedad religiosa, a una completa sociedad que satisface las necesidades del individuo en todas sus dimensiones.
El trabajo de As-Sadr se organiza en dos partes fundamentales: La primera parte, la estructura ideológica que caracteriza al Estado Islámico; la segunda parte, la estructura ideológica y psicológica del individuo musulmán.

Empezando por la primera parte, concerniente a la estructura ideológica del Estado Islámico, As-Sadr nos deja claro que la base del Estado Islámico es una estructura ideológica, y esta se maneja en base a un objetivo, y ese objetivo es hacia el cual se dirige, tal dirección debe estar guiada por la ley divina. Sin embargo este camino es limitado, porque el ser humano es limitado y no se podrá alcanzar a Allah, el Altísimo, sin embargo, esta aproximación es lo que dirige a la sociedad islámica a lo nuevo. La estructura ideológica del Estados Islámico, el cual tiene como firme base la fe en Dios y sus atributos y que ofrece Allah como objetivo de marcha evolutiva, constituye la única estructura ideológica que puede ofrecer al movimiento humano una energía inagotable (p. 9-10).
As-Sadr, es las primeras páginas de su trabajo, critica fuertemente a los objetivos desviados  construidos fuera de la religión, al considerarlos como limitados en sus propuestas.

El Estado Islámico debe tener dentro de su estructura ideológica una base moral, que libre al hombre del apego de este mundo, aplicando las enseñanzas del Sagrado Corán y las enseñanzas del noble Profeta. Es pues, deber de la sociedad islámica garantizar el desarrollo del individuo en esta vida y en la otra. 
Dentro de las implicaciones políticas de la estructura ideológica del Estado Islámico, esta forma parte importante a librar al ser humano de cualquier forma de explotación por otro ser humano, en todas sus dimensiones. Así, el Islam enseña a los dirigentes que el poder no es un medio para gozar de los placeres de este mundo, ni elevarse por encima de los otros, sino una responsabilidad, una delegación, un pertenecer en los asuntos de los más débiles (p. 15-16). 

La segunda parte de este trabajo, concierne a la realidad del individuo musulmán, porque son dos partes fundamentales que conllevan al éxito de una sociedad: El papel del Estado y del individuo.

Al igual que el Estado, el individuo posee potencialidades. El grado de éxito y de su pujanza se mesura con el cumplimiento de las posibilidades de la sociedad y el la eclosión de las potencialidades positivas en los individuos, de acuerdo con la estructura psicológica e histórica de estos individuos (p. 17).
En esta parte As-Sadr resalta el papel de la fe en el islam y de la ummah (comunidad islámica), al considerar a la ummah no como un agrupamiento de individuos que han declarado ser musulmanes, sino como un grupo de musulmanes que tomar la responsabilidad divina sobre la tierra, aquellos que “prohíben el mal y ordenan el bien” y toman la decisión social de realizarlo. As-Sadr, resalta en esta parte el éxito que ha tenido el gobierno islámico en la historia, durante el mandato del Santo Profeta y del Imam Alí. La democracia, el socialismo, el materialismo, el comunismo y otras doctrinas y corrientes sociales, han sido vividas por el hombre en el exterior del mundo musulmán y están encarnadas en numerosas formas diferentes; no inspiran al musulmán una representación neta, ni comporta las definiciones claras (p. 22).

Por último, As-Sadr termina con una conclusión sobre una contradicción que surge en las formas de pensar del hombre oriental y el occidental. Considera pues que el pensamiento laico y no-islámico, no podrá siquiera explicar el islam, por la simple razón que no lo vive. Así pues, el musulmán no podrá separar su vida terrenal de su visión celestial. El musulmán mientras viva, su vida terrenal es un medio, su mirada estará siempre dirigida hacia el cielo, a lo que As-Sadr considera incomprensible para el colonialista occidental que siempre mira hacia la tierra.

De esta manera presentamos el trabajo de uno de los intelectuales más grandes que tenemos la oportunidad de leer, su obra es su más grande herencia. Demos de considerar que As-Sadr no tuvo la oportunidad de ver mientras vivía en nuestro mundo terrenal el triunfo de la Revolución Islámica de Irán y por tanto, la constitución de un Estado Islámico moderno.

Respecto a la edición del libro hay algunos aspectos que deben mejorarse, por ejemplo la traducción y la redacción, así mismo la estructura de la obra. A pesar de eso de acuerdo a nuestra opinión satisface la lectura si se quiere estudiar a este gran intelectual islámico de la época contemporánea.

Abdul Karim Huzman 
San Salvador, El Salvador (2014)

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