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En la fotografía el ensayista y docente Ali Shariati

Las habilidades culturales de los hombres a través de la historia despertaron siempre las emociones más intensas de la humanidad, desde al amor y la admiración hasta el odio y el temor. Los hombres y las mujeres de excepcional talento para alguna de las expresiones culturales (pintura, escultura, literatura, cinematografía, etc.) fueron en algunos casos personas muy apreciadas, que despertaron el cariño y la admiración de muchas personas; pero cuando estos talentos son utilizados por su creador no solo para recrear el alma, sino para funciones sociales de naturaleza comprometida las cosas suelen cambiar: la cultura sin duda se convierte en un acto de insurrección.

En el Islam por lo general los grandes movimientos sociales tuvieron sus mártires culturales, por ejemplo la contemporánea revolución chií de Irán tuvo en Ali Shariati y Murtadha Mutaharí a dos mártires culturales, uno docente y gran ensayista, el otro teólogo, filósofo y narrador (incluso uno de sus trabajos fue premiado por la UNESCO). Semejantes personajes utilizaron sus capacidades intelectuales y culturales para unos fines sociales y revolucionarios que lograron cambiar la configuración histórica y política no solo de Irán sino de todo el Oriente Medio, situación por la cual tuvieron que pagar un precio: su asesinato por parte de sus encarnizados enemigos. Nuestra región Latinoamericana de igual manera tiene sus propios mártires culturales encarnados en las figuras de todos los poetas, novelistas, pintores, canta-autores, y artistas que ofrecieron sus vidas con el fin de cambiar la situación de sus respectivos pueblos y naciones. En El Salvador para ser más específicos recordamos con especial afecto el martirio de los intelectuales Mauricio Vallejo Marroquín y Jaime Suárez Quemain, dos escritores que tuvieron la dicha de llevar siempre la frente en alto y de morir con sublime dignidad. Ahora mucha gente se lamenta y llora por la pérdida de estos personajes, pero con toda seguridad ellos desde el lugar en que se encuentran sin duda que estarán satisfechos, pues las cosas cambiaron y se convirtieron así en hombres que encontraron en el martirio la verdadera fuente de la vida eterna; pues que mejor morada que el corazón y la memoria de aquellos que saben valorar a los sacrificados.

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