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Por Anabel Soriano

Edward Said fue un autor palestino (1935-2003), nacido en Jerusalén y universalmente reconocido como uno de los críticos literarios y culturales más importantes de nuestro tiempo. Cubriendo el Islam es el tercer libro de una trilogía, el primer libro fue “Orientalismo” en el que analiza la relación entre conocimiento y poder, el segundo es “The cuestion of Palestine” una monografía sobre la lucha entre los habitantes nativos árabes, en su mayoría musulmanes, de Palestina y el movimiento sionista, posteriormente Israel, cuya procedencia y método de enfrentamiento con las realidades “orientales” son fundamentalmente occidentales. En este caso en lo que se refiere a la lucha nacional palestina por la autodeterminación.

El propio autor para no acercarse demasiado a la definición que hace Oscar Wilde de un cínico, esto es, “aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada”, reconoce la necesidad de contar con las opiniones informadas de los “especialistas”, si bien en lo que realmente cree es en la existencia de un sentido critico y en unos ciudadanos capaces y dispuestos a usarla para ir más allá de los particulares intereses de los expertos y sus ideas reaccionarias.

No obstante la desinformación, la repetición, la obliteración de los detalles y la ausencia de genuina perspectiva son el común denominador en las informaciones de los medios de comunicación. Said analiza en este libro como durante la crisis Iraní regularmente se mostraba en tv, aderezados con comentarios acerca del “antiamericanismo”, la distancia, la falta de familiaridad y el tono amenazador del espectáculo y limitaban el Islam a esas características todo lo cual alimenta a su vez la sensación de que nos enfrentamos a algo esencia rechazable y negativo. Dado que el Islam está en nuestra contra y lejos, la necesidad de adoptar una respuesta violenta por nuestra parte no será cuestionada.

Lo cierto que es que los periodistas, las agencias de noticias y los canales de radio y televisión deciden conscientemente que se va a exponer y cómo se va a exponer.

El principal objetivo de Edward Said es poner de manifiesto las respuestas occidentales y sobre todo estadounidenses, al mundo islámico percibido desde el comienzo de los años setenta, entre cuyas causas cabe citar la acusada escasez energética. Con el petróleo árabe y del Golfo Pérsico en el ojo del huracán, OPEP, y como consecuencia los efectos económicos devastadores de esta situación en la sociedad occidental. Quizá por ello, el verdadero objeto del debate sería el petróleo ya que el Islam es el único que retiene las reservas petrolíferas. Por ello es occidente, y no el cristianismo, el concepto que parece enfrentarse al Islam.

En cualquier caso entiendo que, con objeto de compensar la tendencia de las informaciones a caer en los fáciles y auxiliadores tópicos y prejuicios, Edward Said apela al sentido común y la valoración crítica como atributos intelectuales disponibles y cultivables por cualquiera y no como privilegio de una clase determinada, ni una posesión privada de un puñado de “especialistas” titulados, cuyas informaciones se convierten en un problema precisamente cuando pierden de vista este sentido común y la responsabilidad intelectual promoviendo el interés concreto de un grupo, o bien lo ponen al servicio del poder con entusiasmo. En ambos casos las sociedades o culturas extrañas como el Islam acaban siendo ocultadas antes de explicadas o comprendidas.

El Islam como chivo expiatorio de todo aquello que no nos gusta en los nuevos modelos políticos, sociales y económicos del mundo. Para la derecha representa la ignorancia, para la izquierda la barbarie y para el centro un desagradable exotismo, en general hay acuerdo en que, aunque sepamos poco del mundo Islamico no hay en él muchas cosas que merezcan nuestra aprobación.

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