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Si algo cambia la vida de los seres humanos, inevitablemente es el conocimiento. 
Siguiendo esta premisa y calmando mi sed por la sabiduría de la vida, me vi atraída al taller de la Situación de la mujer en el Islam impartido en la Asociación Cultural Islámica Shiíta de El Salvador.  El destino escribió que debía estar ahí.

La Ley Islámica, obligaciones por partes iguales hombre-mujer, deberes, derechos, propuestas, contratos, estereotipos, roles de género y diferentes lineamientos me quitaron el velo de la ignorancia y me abrieron la mente universal, donde todo es justo y prevalece la unidad con el Creador. 

Los errores de comprensión y la tergiversación de ideas por parte del Mundo Occidental (inconscientes o meramente intencionales) hacen parecer que cuando una mujer acepta  un velo está condenada a la esclavitud y sumisión. Antes…yo también creía lo mismo (los medios habían hecho mella en mí) pero finalmente comprendí, a la luz del Islam,  que el acto de cubrirse físicamente implica una apertura mental a las filosofías e ideas de la sabiduría ancestral, que tanta falta nos hacen a nivel mundial.

El esquema de la creación no buscó hacer a uno perfecto y al otro imperfecto señala el sabio musulmán Morteza Mutahari en una de sus obras.


Estas palabras, más allá de puros sentimentalismos, hicieron en mí una especie de “conversión mental”. La mujer, tiene y debe tener un papel trascendental por encima del típico rol de género concebido y perpetuado en todos nuestros países Latinoamericanos e impulsado por el “feroz” blah blah blah de los medios de comunicación. 

Sometí a análisis dichas ideas, investigué y finalmente llegué a la conclusión que estaban en lo cierto. No es la perfección el único objetivo sino mas bien el asentamiento de bases de derechos igualitarios a partir de la dignificación de la mujer en todo sentido. No aspiro a ser feminista…aspiro a ser yo misma dignificada a la luz del conocimiento verdadero de mis deberes y derechos universales como ser humano.

Increíblemente y contrario a lo que puede pensar la sociedad, tras estos breves puntos de vista definitivamente haber participado fue más que una experiencia…un cambio radical.
No prometo la conversión al Islam, pero sí entrego mi total respeto y admiración por dicha filosofía de vida, quienes inevitablemente me ayudaron a reestructurar mi camino como mujer, donde ninguna otra religión o doctrina había hecho énfasis.

Karen Lara es diseñadora gráfica profesional y alumna del taller sobre la mujer en el Islam impartido por la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador.

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