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Traducción de Raúl González Bórnez

Sobre la envidia

Envidia 
Algunas malas consecuencias de la envidia

Debes saber que la envidia es una de las más mortales enfermedades del corazón y que, a su vez, es la causa de otras muchas enfermedades del corazón, de la arrogancia y de otras prácticas corrompidas, cada una de las cuales es un terrible pecado y causa suficiente para destruir él sólo a la persona.
Nos ocuparemos de mencionar algunos de ellos que son muy evidentes aunque necesariamente deben existir otros más ocultos que este escritor ignora.

En una tradición auténtica (sahíha) transmitida por Muawia bin Wahab, se relata que dijo Abu Abdel.lah Imam Yafar as-Sádeq, sobre él la paz: La peste de la religión son la envidia, la arrogancia y el orgullo.
Y en una tradición auténtica de Muhammad bin Muslim se recoge que dijo Abu Yafar Imam Muhammad al-Báqer, la paz sea con él: Una persona que comete algo malo en un momento de enajenación puede ser perdonada, pero la envidia devora la fe como el fuego devora la madera.
Es evidente que la fe es una luz divina que convierte el corazón en recipiente epifánico de la Verdad, ensalzada sea Su majestad, tal y como ha sido relatado en los ahadíz qudsí que recogen las palabras divinas:
Ni Mi Tierra ni Mi cielo son suficientes para contenerme, pero el corazón de Mi siervo creyente Me contiene.

Esa luz espiritual, ese destello divino que convierte el corazón en un recipiente más amplio que toda la creación, es lo opuesto a la estrechez y la oscuridad que se establece en el corazón a consecuencia de este turbio defecto. Este sucio e impuro atributo oprime el corazón de tal manera que sus efectos se extienden por todo el territorio interno y externo de la persona. Torna el corazón triste y deprimido, estrecha y oprime el pecho y ensombrece y contrae el rostro. Por supuesto, ese estado anula la luz de la fe y lleva a la muerte al corazón de la persona y cuanto más fuerte se hace más debilita la luz de la fe.
Todos los atributos espirituales y exteriores del creyente están en oposición con los efectos que la envidia tiene, tanto exterior como interiormente.
El creyente posee una buena opinión de Dios y está satisfecho con lo que Él ha otorgado a cada uno de Sus siervos. El envidioso está enfadado con la Verdad Altísima y no acepta Sus disposiciones.
Tal como fue mencionado en el noble hadíz, el creyente no desea el mal para el creyente y le aprecia, mientras que el envidioso es todo lo contrario.
El creyente no está dominado por el amor a las cosas de este mundo, mientras que el envidioso ha caído en ese feo defecto precisamente por su intenso amor por las cosas mundanales.
El creyente no tiene preocupación o temor alguno excepto por lo que tiene que ver con el Origen Altísimo y el retorno a Él, mientras que el miedo y la depresión del envidioso giran en torno a la persona que envidia.
El creyente es abierto y generoso y su humanidad se refleja en su rostro, mientras que el envidioso lleva su frente contraída y sombría.
El creyente es humilde pero el envidioso la mayoría de las veces es arrogante.
Por tanto, la envidia es la peste de la fe y la devora como el fuego devora la madera.
Es suficiente, para establecer la maldad de este vicio, saber que destruye la fe de la persona, que es el capital con el que ésta cuenta para salvarse el Día del Juicio y aquello que da vida al corazón, haciendo de él un pobre desgraciado.
Uno de las grandes faltas que van inseparablemente unidas a la envidia es el enfado con el Creador y el alejamiento de Sus disposiciones y mandamientos.
Hoy en día, los espesos velos de nuestra naturaleza material y nuestra inmersión en el mundo de los sentidos han embotado nuestra percepción, nos han cegado y ensordecido. Ni nos damos cuenta de que estamos disgustados con el Rey de reyes y que nos hemos apartado de Él. Tampoco sabemos la forma que adoptará ese disgusto y alejamiento en el próximo mundo y en la Morada Eterna.
Podemos oír las palabras de Imam As-Sadeq, sobre él la paz, resonando en nuestros oídos:
Y quien sea así, ni Yo soy de él ni él es de Mí.
No comprendemos la desgracia que suponen nuestra aversión hacia Él y el que la Verdad Altísima nos rechace, ni las consecuencias que ello tiene para nosotros.
No hay esperanza de salvación para quien ha sido excluido de la amistad y la protección divinas y ha sido alejado del estandarte de misericordia del Más misericordioso de los misericordiosos.
No disfrutará de la intercesión de los intercesores:
¿Quién puede interceder ante Él sino es con Su permiso?[1]
¿Quién podrá interceder ante Dios por alguien que está enfadado con Él, se ha alejado de la protección que brinda Su amistad y ha cortado los lazos que le unían a Él?
¡Ay de nosotros! ¡Qué terrible calamidad nos hemos ocasionado a nosotros mismos!
A pesar de todo lo que los santos y mensajeros divinos nos advirtieron y de cómo trataron de despertarnos del sueño en el que estamos sumidos, nuestra negligencia y distraimiento se incrementa día a día y también nuestra villanía y desgracia.
Los sabios entendidos en asuntos relativos a la otra vida, nos han dicho que una de las terribles consecuencias de tal comportamiento es el estrechamiento, la opresión y la oscuridad de nuestra tumba, ya que, dicen ellos, la forma que este vicio que oprime el espíritu y el corazón adopta después de la muerte es la opresión y la estrechez y oscuridad de la tumba. Esta situación en la tumba es la consecuencia directa del estado que ese defecto ocasiona.
Ha sido recogido que Imam As-Sádeq transmitió que el Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios y la paz sean con él, salió de su casa para asistir al entierro de Saad y vio como setenta mil ángeles participaban en la ceremonia. El mensajero de Dios levantó su rostro hacia le cielo y dijo: ¿Será alguien oprimido como Saad?
Quien transmitió el hadíz dijo al Imam: Doy mi alma por ti. Nos ha sido relatado que era descuidado en la limpieza de su orina.
El Imam dijo: ¡Dios no lo permita! Su única falta era que trataba duramente a su familia.[2]

El grado de opresión, estrechez y oscuridad que la envidia provoca en el corazón es difícil de encontrar en otros vicios del comportamiento.
De cualquier manera, la persona aquejada de este defecto sufre en este mundo sus consecuencias y perjuicios, sufre la estrechez y opresión de la tumba y también en la otra vida por culpa de ello será desgraciado y recibirá el castigo.
Estos son los perjuicios que la envidia ocasiona, siempre y cuando no provoque además otros defectos morales o induzca a otros comportamientos pecaminosos. Y es infrecuente que eso no suceda y la envidia no sea la causa de otro comportamientos corruptos tales como la arrogancia en algunos casos, como ya vimos, y también la calumnia, el insulto, la vejación y cosas similares, cada una de las cuales son por sí mismas pecados mortales y destructivos.

Por tanto, la persona inteligente debe estar alerta para poner su fe a salvo de ese fuego abrasador y de esa peste destructora y librarse, tanto de la presión sicológica y de la angustia que este pecado provoca al corazón en este mundo, que es en sí mismo un castigo continuo mientras está uno vivo, como de la opresión y estrechez de la tumba y del mundo intermedio y del disgusto de Dios Altísimo. Que piense un poco y se de cuenta de que algo que posee tal poder de corromper debe ser curado y eliminado y más teniendo en cuenta que tu envidia no perjudica en nada al envidiado. Tu envidia no impide que él siga siendo favorecido y agraciado y además le proporciona beneficios, tanto en esta vida como en la otra, ya que tu enfermedad, que es la envidia y la enemistad que sientes hacia él, y tu castigo y tu disgusto le benefician, ya que ve como él es favorecido con bendiciones y tú sufres por ello y eso es en sí mismo una bendición para él. Si tú llegases a saber que el recibe esa segunda bendición, recibirás otro castigo más y otra preocupación mental, lo cual vuelve a ser una bendición para él, y así indefinidamente.
Por lo tanto, mientras tu sufres y te disgustas y te preocupas, él es bendecido y se encuentra feliz y relajado.
En la otra vida tu envidia también le proporciona beneficios, especialmente si va unida a difamación, calumnias y otras insidias parecidas que hacen que tus buenos actos vayan a parar a su cuenta y a ti solo te perjudican mientras a el le proporcionan bendiciones y grandeza.
Si piensas un poco en todo ello, sin duda, te purificaras de toda esa inmundicia y salvarás tu alma de la destrucción.
No creas que los defectos del alma y del comportamiento espiritual no pueden ser eliminados. Eso es un falso concepto que te sugieren tu alma concupiscente y Satanás. Él quisiera apartarte de la senda espiritual que te lleva a la otra vida y te permite corregir los defectos de tu alma. Mientras el ser humano permanece en esta morada de transición y cambio, puede cambiar y corregir todos sus atributos y comportamientos y, aunque sus malos hábitos estén en él fuertemente establecidos, mientras esté en este mundo, puede eliminarlos.
Desde luego, el esfuerzo necesario para ello varía según la intensidad o debilidad de su defecto. Una mala costumbre, cuando se encuentra en sus primeros niveles, puede ser eliminada con un poco de esfuerzo y práctica, como un pequeño brote de palmera que todavía no ha tenido tiempo de echar fuertes raíces y de fijarse con fuerza en la tierra. Pero, una vez que un defecto se fija con fuerza en el alma y se convierte en un atributo establecido de ella, eliminarlo sigue siendo posible, pero requiere de un esfuerzo y una determinación muchísimo mayores. Lo mismo que se necesita de un mayor esfuerzo para arrancar un árbol que se ha hecho viejo y extendido sus raíces.
Cuanto más tarde llegues a la conclusión de que debes eliminar tus defectos espirituales mayor será el esfuerzo, la determinación y el trabajo que necesitarás para conseguirlo.
ḂOh querido! Lo primero que debes hacer es no permitir que los defectos morales o las acciones inmorales penetren en tu recinto interno o externo. Eso es mucho más sencillo que eliminarlos una vez que han entrado en él, de la misma manera en que un enemigo al que no permites que traspase las fronteras de tu territorio o que penetre en tu fortaleza es mucho más fácil de rechazar que si consigue penetrar en él y tomar tus castillos y fortalezas y cuanto más tardes en acudir a defenderte mayor será el esfuerzo que habrás de realizar y más débiles serán tus fuerzas interiores.
Nuestro gran maestro y gnóstico Shahabadí, que mi alma sea sacrificada por él, solía decir que mientras se posee la fuerza y el vigor de la juventud es más fácil enfrentarse y combatir los vicios morales y llevar a cabo las obligaciones propias de todo ser humano. No se debe permitir que esa fuerza se pierda y llegue la vejez, porque entonces será mucho más difícil tener éxito en esa tarea y, suponiendo que podamos conseguirlo, el esfuerzo requerido será mucho mayor.
Por lo tanto, la persona inteligente que medita sobre estos vicios, si no está aquejado por ellos, no dejará que penetren en él y que le contaminen, y si, Dios no lo quiera, han entrado en él, podrá enfrentarse a ellos lo antes posible y no permitir que echen raíces en él.
Si, Dios no lo quiera, han echado raíces en su alma, deberá utilizar toda la fuerza y el esfuerzo necesario para eliminarlos, para que no lleguen a dar sus frutos en el mundo intermedio y en el mundo final, ya que si saliera de este mundo, que es el mundo de los cambios materiales, con esta moral corrupta, su fortaleza habrá escapado de sus manos y habrá de sufrir enormemente para eliminar cada uno de sus defectos morales en el otro mundo o en el mundo intermedio.
En un hadíz del noble Mensajero, las bendiciones y la paz sean con él y con su familia, se recoge que las gentes irán eternamente al Paraíso o al Infierno en función de las intenciones que tuvo en este mundo.[3] Las malas intenciones son la fuente del mal comportamiento y no se puede acabar con éste mientras no se destruya la intención que lo origina. En ese mundo, los atributos se manifiestan con tanta intensidad que o bien es imposible eliminarlos y, en ese caso, el individuo permanecerá eternamente en el Infierno, o, en caso de que puedan ser eliminados bajo la presión y las dificultades del fuego, habrán de transcurrir siglos, según el cómputo divino del tiempo, antes de que puedan desaparecer.
Por tanto, piensa ¡Oh tú, ser inteligente! Algo que, según el computo del tiempo limitado de este mundo, en un mes o en un año de esfuerzo puede ser corregido si te lo propones, puede provocarte la desgracia en este mundo y en el otro si no lo eliminas antes y, finalmente, provocar tu destrucción.
[1] Cfr. Sagrado Corán, 2:255.
[2] Cfr. Koleyní, Furu al-Káfí, t. III, p. 236, Libro de las impurezas, sección: Problemas en la tumba y quién será interrogado y quien no, hadíz 6.
[3] Imam Yafar as-Sádeq, recogió de su padre, que dijo Emir al-Muminín Ali: Estaba el Mensajero de Dios, las bendiciones y la paz sean con él y con su familia, sentado un día en la mezquita cuando vino a él un hombre de los judíos y le dijo: Si tu Dios no oprime ṡCómo es que mantiene eternamente en el Infierno a quien le ha desobedecido solamente un periodo de tiempo limitado? El Mensajero de Dios le dijo: Lo hace basándose en la intención que esa persona tenía. Aquel de quien Dios sepa que su intención, si hubiera permanecido en este mundo mientras el mundo existiese, habría sido desobedecer a Dios poderoso y majestuoso, Él le hará permanecer eternamente en el Infierno por su intención, pues su intención era peor que sus obras. Y de la misma manera quien permanece eternamente en el Paraíso. Pues Dios sabe que si hubiera vivido en este mundo hasta el final de éste, habría obedecido a Dios eternamente. Por tanto, su intención era mejor que sus obras. Así pues, es por sus intenciones por lo que las gentes vivirán eternamente en el Infierno o el Paraíso. Cfr. Al-Tauhíd, p. 398 y 399. Bab al-Atfál, hadíz 14. 

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Sobre los numerosos tipos de deseos egoístas

Se debe saber que los deseos del ego son muy variados si atendemos a sus grados y preferencias y que a veces son tan sutiles que la persona no se da cuenta de que son trampas de Satanás y pasiones egoístas si no se le pone sobre aviso y se le despierta de su distracción. A pesar de sus diferencias, todos ellos suponen un obstáculo en la senda de la verdad y un impedimento en el camino hacia Dios, aunque en diferentes grados. Algunas gentes volcadas a los deseos de manera desorbitada toman el oro y la riqueza como sus dioses, tal como Dios nos ha informado:
ṡHas visto a quien ha tomado como dios a sus pasiones?
y otros versículos semejantes.

Las gentes que siguen los deseos de su ego y las mentiras de Satanás que les induce a las falsas creencias y a la moral corrupta se velan de la verdad de muchas maneras. Las gentes que cometen pecados grandes y pequeños, se alejan del camino de la verdad en la misma proporción de la gravedad de su pecado y de su capacidad destructiva. Y lo mismo le sucede a la gente que sigue deseos y placeres legítimos. Cuanto mayor sea su entrega y rendición ante ellos mayor será su extravío. Esa es otra manera de alejarse del camino de la verdad.
También existen personas que son practicantes y cumplen con los ritos y los actos formales de obediencia a las leyes de Dios por deseo de asegurarse su bienestar en la otra vida y de gobernar sus deseos y pasiones, o por deseo de obtener un grado de espiritualidad, o por temor al castigo divino y deseo de librarse de los Infiernos, que se velan de la realidad y del camino que lleva a ella de otra manera distinta.
Y están las gentes que se ocupan de pulir y disciplinar su alma para alcanzar un grado de auto control o para alcanzar el paraíso de los buenos atributos, pero que se velan de la verdad y del encuentro con ella de otra manera diferente.
Y está la gente de gnosis y del camino espiritual, buscadores del éxtasis y de estaciones místicas, que no tienen interés en nada más que en el encuentro con Dios y en alcanzar una morada de cercanía a Él y que también sufren un tipo especial de velamiento de la verdad y de las teofanías, ya que queda en ellos un resto de ilusión y de ego.
Además de estos casos existen otros pero no es éste el lugar para ocuparse de ellos.
Por tanto, cada persona, conforme a la categoría a la que pertenezca, deberá examinar su propia situación y estado y purificarse de sus deseos egoístas, para no alejarse del camino de la verdad y no extraviarse de la senda espiritual. En cada uno de esos caminos las puertas de la misericordia y de la benevolencia se encuentran abiertas para ellos.
Y Dios es el Señor de la guía y el éxito.

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Hipocresía (nifáq)

Con una cadena de transmisión que llega al Ziqat ul-Islam Muhammad ibn Yaqub al-Kulayní, de Muhammad bin Yahia, de Ahmad bin Muhammad bin Isa, de Muhammad bin Sinán, de Awn al-Qalánisí, de Ibn Abi Yafúrin, de Abu Abdel lah, la paz sea con él, que dijo:
Quien tenga para los musulmanes dos caras y dos lenguas, llegara al Día del Juicio y tendrá dos lenguas de fuego.

Lo que significa tener dos caras para los musulmanes es que la persona se comporta ante ellos mostrando un estado y una cara que no se corresponde con lo que siente en su corazón. Por ejemplo, una persona puede mostrarse como si fuera un amigo vuestro y sintiese hacia vosotros una gran simpatía y aparentar una gran sinceridad, pero interiormente sintiese todo lo contrario y se comportase ante vosotros de una manera y de espaldas a vosotros de otra muy diferente.
Y el significado de dos lenguas es que alaba a cualquiera que se encuentre y manifiesta una actitud amistosa y aduladora, pero en su ausencia habla mal de él y le difama.
Conforme a esta explicación, su primer atributo es la hipocresía en los actos y su segundo atributo es la hipocresía en las palabras.
Y puede ser que este noble hadíz esté indicando los feos defectos de la hipocresía y, como estos dos atributos son los atributos más evidentes y las características más prominentes de los hipócritas, haya hecho una mención especifica de ellos.
La hipocresía es uno de los defectos del alma y uno de los malos hábitos y esos dos son sus manifestaciones y tiene grados y niveles y, si Dios quiere, nos ocuparemos, en las siguientes secciones, de enumerar esos grados, sus nefastas consecuencias y la manea de curarlos.


Los diferentes niveles de la hipocresía

Debes saber que la hipocresía, lo mismo que las demás cualidades y defectos, tiene diferentes niveles y grados de intensidad. Todos los defectos morales, si la persona no se preocupa de ponerles remedio y persevera en ellos, tienden a incrementarse y los grados de intensidad de los vicios, lo mismo que sucede con las virtudes, no tienen límites.
Si la persona deja que su ego actúe a su antojo, debido a la tendencia innata que este tiene hacia lo corrupto y hacia los placeres mundanos, la ayuda de Satanás y los susurros del tentador, se inclinará hacia la degradación y sus vicios se harán más fuertes y se incrementan cada día, hasta llegar a un punto en que terminarán formando parte indisoluble de su alma y convirtiéndose en una característica definitiva de ella y todo el territorio exterior e interior de la persona sucumbirá a su gobierno. Por ello, si sus vicios son vicios satánicos, como lo son la hipocresía y la doblez de carácter, atributos particulares de este maldito, tal como nos lo ha indicado el noble Corán cuando dice:
Y les juró a ambos: En verdad, soy para vosotros dos un buen consejero.
entonces, su territorio se rendirá ante Satanás y su forma en la otra vida y su esencia interior adoptarán la forma de Satanás, aunque en este mundo su forma sea la de un ser humano.
Por tanto, si la persona no se protege de este vicio y no controla su ego, en poco tiempo perderá el control de tal manera que todas su acciones y su atención sucumbirán ante él y actuará ante cualquiera con quien se tropiece con doble cara y con doble lengua y no se relacionará con nadie sin que le contamine con la tenebrosidad de su doblez y su hipocresía. No tendrá en cuenta más que su propio beneficio personal, su egoísmo y su egolatría, pisoteará todo lo que tenga que ver con la sinceridad, el afecto, la valentía y la hombría de bien, todo lo que haga o deje de hacer estará teñido de doblez y no se abstendrá de ninguna perversión ni indecencia. Tal persona no tiene categoría humana, se habrá alejado mucho de la condición de los seres humanos y será levantado de la tumba entre las huestes de Satanás.

Lo que hemos dicho hasta ahora tiene que ver con los grados de intensidad de la hipocresía en sí misma, pero sus grados de corrupción varían también según sea el asunto sobre el que se manifieste, ya que, algunas veces, la hipocresía tiene que ver con la religión divina, otras veces con los buenos atributos y las virtudes morales, otras con las buenas obras y en los ritos religiosos y otras con los asuntos corrientes de la vida cotidiana. De la misma manera, a veces la persona es hipócrita con el Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, a veces con los Imames de la guía, la paz sea con ellos, a veces con los personas santas, los sabios y los creyentes y otras veces con los musulmanes y con el resto de los siervos de Dios de otras creencias.
Desde luego, dependiendo del tipo de cosas sobre las que se sea hipócrita, los grados de perversión, maldad y fealdad son diferentes, aunque todos ellos participen básicamente de la misma fealdad y suciedad moral y sean ramas del mismo árbol corrupto.


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La ira (Gadab)

Con una cadena de transmisión que llega a Muhammad bin Yaqub, quien lo recogió de Ali bin Ibrahím, que lo hizo de Muhammad bin Isa, que lo hizo de Yunús, que lo hizo de Dawud bin Farqadin, que dijo: Dijo Abu Abdel lah, el Imam Yafar as-Sádeq, la paz sea con él:

La ira es la llave de todos los males

El gran investigador Ahmad bin Muhammad, conocido como Miskawai, en su obra Tahárat al-aráq, que es un delicado trabajo de rara excelencia por la belleza de su composición y la hermosura de su estilo, dice algunas cosas sobre el significado de gadab que he tratado resumidamente de traducir de la siguiente manera:
La ira es en realidad una agitación del alma a consecuencia de la cual la sangre del corazón hierve con el deseo de venganza. Cuanto más intensa es esta agitación más se enciende el fuego de la ira, la sangre del corazón sufre una violenta conmoción, llenando las venas y el cerebro de un dañino humo oscuro a consecuencia del cual pierde la persona el control del intelecto y su actividad se debilita.
Los filósofos han comparado ese estado de la persona con una caverna en el interior de la cual han encendido un fuego que la llena de llamas y de un humo sofocante que sale por su boca con un intenso calor y un terrorífico alarido. Cuando esto sucede, resulta difícil calmar a la persona y calmar el fuego de su ira y todo lo que se arroja a él para tratar de apagarlo no hace sino sumarse a él y aumentar su intensidad. Es por esa razón que la persona, cuando se encuentra en ese estado, se ciega y no es posible guiarla ni aconsejarla, pues no solamente se vuelve sorda a los consejos, sino que estos se añaden al fuego y sólo sirven para incrementar las llamas y el fuego de su ira y no hay manera de remediar el estado en el que se encuentra.
Después de eso, Miskawai dice:
Hipócrates dice que existe más esperanza para un barco rodeado por una terrible tormenta que le aparta de su ruta y al que las grandes olas arrastran a los arrecifes, que para una persona inflamada por la ira, ya que el barco que se encuentra en esa situación puede ser salvado por la pericia de los marineros, pero cuando el alma de la persona se enciende con el fuego de la ira no hay manera de salvarle, ya que cualquier cosa que se haga, como tratar de aconsejarle y calmarle, y por más que se le trate con delicadeza y moderación, solo se consigue incrementar su fuego.

Sobre los beneficios del poder de la ira

Debes saber que el poder de la ira es una de las grandes mercedes divinas por medio de la cual la persona puede dar respuesta a muchas de sus necesidades de esta vida y de la otra y con la cual protege la especie, su vida y la de su familia y que juega un importante papel en la formación de la ciudad ideal y en el establecimiento del orden social.
Si los animales no poseyesen este noble poder no podrían defender de las adversidades naturales, quedarían indefensos y serían destruidos. Y, si el ser humano no poseyese este poder, además de quedar expuesto a todos esos peligros, no podría acceder a muchas de sus perfecciones y progresos. Más aun, cuando se posee por debajo del nivel requerido, se considera una debilidad moral de la que surgen toda una serie innumerable de vicios y defectos, tales como el miedo, la timidez, la debilidad, la pereza, la avaricia, la impaciencia, la falta de firmeza en la medida y circunstancias en que ésta es necesaria, la carencia de ambición, la torpeza, el letargo, la sumisión frente a la opresión y la tiranía, el insulto y las desgracias que el individuo y la familia deben enfrentar, la falta de celo y entusiasmo y la carencia de bravura y determinación.
Dios Altísimo ha dicho refiriéndose a los atributos de los creyentes:
Son duros con los enemigos de Dios y misericordiosos entre ellos.
Solamente a la sombra del poder de la ira es posible cumplir con la obligación de ordenar el bien y prohibir el mal, aplicar los límites establecidos en la ley, los castigos y el resto de las medidas de policía establecidas por la ley y la razón. Por tanto, quienes suponen que eliminar el poder de la ira implica un grado de perfección y elevación, cometen un enorme error e ignoran cuál es el límite de la perfección y en que consisten la moderación y el equilibrio.
Esos pobres desgraciados ignoran que Dios Altísimo no ha dotado en vano de esta noble facultad a todas las especies del reino animal y que Él ha otorgado este poder a los hijos de Adán como un medio capital para proteger su vida en este mundo, la llave para acceder a bienes y bendiciones y para alcanzar los beneficios de la otra vida.
Sólo gracias a este noble poder es posible asumir la defensa contra los enemigos de la religión, la protección del orden familiar, de la propia vida, de las propiedades, del honor y de los principios divinos, y sólo gracias a él es posible afrontar el esfuerzo contra el propio ego, que es el mayor enemigo del ser humano.
La protección ante las invasiones y los ataques a los derechos, la defensa de las fronteras, ante las ofensas individuales y sociales y las prácticas nocivas y dañinas, se lleva a cabo bajo la bandera de este poder.
Por esa razón, los sabios han recomendado diferentes remedios para evitar la decadencia y debilitamiento de este poder y distintos medios teóricos y prácticos para estimularlo y fortalecerlo, tales como la realización de actos heroicos y la participación en la defensa armada para defenderse de las guerras suscitadas por los enemigos de Dios.
Ha sido recogido que incluso algunos filósofos solían acudir a los eventos peligrosos, participaban en ellos y exponían sus personas a grandes riesgos. Se embarcaban con la mar embravecida y tormentosa para combatir su timidez y debilidad de carácter y fortalecer su ánimo y valentía.
En cualquier caso, en lo profundo de la esencia humana y animal se aloja el poder de la ira, incluso aunque en algunos se encuentre adormecida, lo mismo que el fuego permanece atenuado bajo las cenizas.
Cuando la persona siente que el poder de su ira se encuentra débil y apagado, debe ponerle remedio llevando a la práctica aquellos actos que lo fortalezcan, hasta alcanzar el grado de equilibrio que representa la valentía, la cual es uno de los valores morales y cualidades que la persona debe poseer.
Volveremos a hablar de este asunto.

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Amor a las cosas mundanales

Transmitió Muhammad ibn Yaqub al-Koleyni, de Muhammad ibn Yahia, de Ahmad ibn Muhammad, de Ibn Mahbúb, de Abdel lah ibn Sinán, de Abdel Azíz al-Abdí, de Abdel lah ibn Abu Yafúr, que relato que Abu Abdel lah Imam As-Sádeq, sobre él la paz, dijo:

Dios decreta la pobreza para quien pasa los días y las noches ocupado fundamentalmente de las cosas de este mundo y desbarata sus asuntos, de manera que no le alcance de este mundo más que aquello que ha sido decretado para él. Y a quien pasa el día y la noche ocupado fundamentalmente de lo que tiene que ver con la otra vida, Dios le pone la riqueza en su corazón y reúne sus asuntos.

Debes saber que entre los sabios existen diferentes interpretaciones de los términos ḋeste mundoṠ (duniá) y ḋel otro mundo (ájirah) dependiendo de la ciencia que dominen. Pero no es nuestro objetivo entrar en un análisis especializado sobre los diferentes significados que se pueden atribuir a estos términos. Lo que es esencial para nosotros aquí es entender lo que significa ḋel mundo censurableṠ (duniá-ye madmumeh) del que la persona que busca el otro mundo si quiere alejarse de él lo haga sabiendo cómo debe hacerlo y lo que ayuda a la persona en este camino espiritual hacia su salvación. Si Dios quiere nos ocuparemos de ello es varios capítulos y pedimos a Dios que nos otorgue éxito para recorrer esta senda.

Explicación de las palabras de Mawlana Maylesí sobre la realidad del mundo censurable.

El gran investigador y recopilador de hadices Maulana Machlesí, la misericordia de Dios sea con él, dice:
Debes saber que lo que se deduce de los versículos coránicos y de la información procedente del Profeta conforme a nuestro entendimiento, el significado de ḋel mundo censurableṠ (duniá madmúmah), es la suma de todas aquellas cosas que impiden a la persona obedecer a Dios, ser Su amigo y prepararse para la otra vida. Por tanto, duniá y ájira son dos conceptos opuestos. Todo aquello que causa satisfacción a Dios glorioso y acerca a Él pertenece al Ájirah, aunque sea parte de la duniá aparentemente. Por ejemplo, el comercio, la agricultura, la industria, actividades cuyo propósito es obtener la provisión necesaria para la subsistencia familiar tal y como Dios nos ordena y para gastarla en buenas obras y en ayudar a los necesitados y no depender de los demás y necesitar su ayuda, y cosas semejantes. Todas esas cosas son parte del Ájirah aunque las personas las consideren cosas propias de la duniá. Mientras que las prácticas innovadoras en las cuestiones religiosas o el actuar para ser visto y admirado, aunque se realicen con gran devoción y cuidado, pertenecen a la duniá, ya que alejan de Dios en lugar de acercar a Él, como sucede con las obras de quienes niegan a Dios y actúan en oposición a Su mandamientos.
Y, en palabras de otro de los grandes pensadores e investigadores tu duniá y tu ájirah son dos estados internos de tu corazón. El que está más cerca y es anterior a la muerte se denomina duniá y el que viene después y es posterior a la muerte se denomina ájirah. Por tanto, ese estado en el que hay para ti placer y disfrute antes de la muerte es tu duniá.
Este humilde servidor opina que se puede decir que algunas veces se denomina duniá al nivel inferior de la existencia, que es la morada del cambio, la transformación y la ilusión y ájirah al regreso desde ese plano inferior de existencia al plano superior, celestial, interior, que es la morada de lo inmutable, lo eterno y lo estable. Y estos dos estados o niveles existen en todas las personas y en todas las almas.
En resumen: Cada ser existente ocupa una posición manifiesta, un dominio y una presencia testimonial, y eso corresponde al nivel más bajo de su existencia y una posición no manifiesta, angélica y oculta a los sentidos corporales y ese es su nivel elevado y espiritual. El nivel inferior y mundanal, aunque en su propia esencia es imperfecto y el último grado de la existencia, es el lugar en el que se educan y forman las almas sagradas, la escuela en la que se adquieren las estaciones más elevadas y el campo de cultivo en el que se cosechan los frutos de la otra vida y, por eso, para los santos y la gente que sigue la senda espiritual es el mejor lugar para alcanzar los grados superiores del testimonio existencial y el más valioso y beneficioso de los mundos. Y si este reino material, impermanente y esencialmente cambiante de la naturaleza y de la voluntad no existiera y Dios Altísimo no lo hubiera establecido como el lugar de los cambios y ls transformaciones, ni una sola de las imperfectas almas habría podido alcanzar su perfección prometida y llegar a la morada de la estabilidad y la quietud propia y los seres incompletos no habría podido acceder al reino divino.
Y las condenas a la duniá que en el Corán y en la tradiciones proféticas aparecen se refieren, no al mundo es sí mismo, sino al amor y la atracción que los corazones sienten por ella.
Por tanto queda claro que para la persona existen dos dunias: una alabada y otra censurada. La alabada es aquella que representa la escuela en la que el alma se forma, el lugar en el que se accede a las estaciones espirituales y a la perfección y en el que se sientan las bases para disfrutar de una vida eterna de felicidad a la que no sería posible acceder sin pasar por ella.
Tal y como dice el Señor de los Monoteístas y Príncipe de los Creyentes Ali ibn Abu Táleb en uno de sus discursos, después de oír a una persona que maldecía este mundo:
En verdad, este mundo es la morada de la sinceridad para quien es sincero con él; la morada de la prosperidad para quien lo entiende; la morada de la riqueza para quien acumula provisiones para la otra vida y la morada del consejo espiritual para quien se deja aconsejar por ella. Es la mezquita de quienes aman a Dios y el lugar de oración de los ángeles divinos. El lugar al que desciende la revelación de Dios y el mercado en donde los amigos de Dios adquieren las provisiones para la otra vida. En él obtiene la misericordia y los beneficios que les llevarán al Paraíso.[1]
Y las palabras de Dios Altísimo:
¡Que bendición es la morada de los temerosos![2]
Conforme a las palabras del Imam Muhammad al-Baqer, la paz sea con él, recogidas y transmitidas por Ayáshí, se refieren a duniá.
Por lo tanto, contemplado desde ese punto, no hay motivo para condenar este mundo, que es el lugar epifánico de la Belleza y la Majestad divinas y de la Presencia Testimonial Absoluta.
Lo que es censurable es el propio mundo del ser humano cuando se sumerge en su naturaleza material y se enamora de ella, pues entonces es la fuente de todos los vicios y errores internos y externos, tal y como en la noble obra Al-Káfí se recoge que dijo el Imam Yafar as-Sádeq, sobre el la paz:
La causa de todos los errores es el amor a este mundo.[3]
Y de su padre, el Imam Muhammad al-Baqer, sobre el la paz, que dijo:
El daño que causan dos lobos atacando uno por delante y otro por detrás al rebaño sin pastor no es nada comparado con el que causan a la fe del creyente el amor por la riqueza y por la posición social.[4]
Por tanto, el significado de duniá-ye madmúm es el amor y la atracción por este mundo y cuanto más atraído se esté mayor y más espeso será el velo que separa a la persona de la morada de la bendición y a su corazón de la Verdad.
Y leemos en algunos nobles ahadíz que entre Dios y la persona existen setenta mil velos de luz y oscuridad.[5]
Es posible que los velos de oscuridad sea esa misma atracción que el corazón siente hacia este mundo. Cuanto mayor sea esa atracción más serán los velos entre él y Dios y cuanto más intensa sea esa atracción más densos serán los velos y más difíciles de eliminar.
[1] Cfr. Feid ul-Islám, Nahy ul-Balága, p. 1138, hikam 126,
[2] Cfr. Sagrado Corán, 16:30.
[3] Cfr. Koleyni, Usul al-Káfí, t, II, p. 315. hadiz 1.
[4] Cfr. Koleyní, Usul al-Káfí, t, II, p. 315. hadiz 1, pie de página 56.
[5] Machlesí, Bihár al-anwár, t. 55, p. 45, hadíz 13.

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Arrogancia (kibr)

Con una cadena de transmisión que llega a Muhammad ibn Yaqub, de Ali ibn Ibrahím, de Muhammad ibn Isa, de Yunus, de Abán, de Hakím que dijo: ḋPregunte a Abu Abdel lah Imam Yafar as-Sádeq, sobre él la paz, cuál es el peor grado de herejía y él me respondió: Ciertamente, la arrogancia es el peor grado.

La arrogancia es un estado del alma que hace sentirse a la persona superior y mejor a los demás. Sus señales son perceptibles en sus actos y se manifiestan claramente, de manera que cualquiera puede ver que esa persona está dominada por el orgullo.
Es un defecto diferente a la vanidad. Como dijimos anteriormente, este feo defecto, este sucio vicio moral, es hijo y fruto de la vanidad. La vanidad es un sentimiento de autocomplacencia, mientras que la arrogancia hace a una persona sentirse mejor y más importante que los demás y le lleva a manifestar abiertamente su grandeza.
A la persona que se considera a sí misma perfecta le sobreviene un estado de placer y coquetería, al que denominamos vanidad.
Como cree que los demás carecen de esa perfección que él posee, se ve superior y por delante de los demás. Eso hace que crezca en él un sentimiento de grandeza e importancia, al que se denomina arrogancia.
Todo esto se localiza en el corazón, pero se evidencia en el comportamiento exterior, tanto en sus gestos corporales como en sus actos y en la manera de hablar.
En resumen, la persona que es auto indulgente con sus defectos se vuelve auto complaciente. Cuando esa auto complacencia crece en él se transforma en auto adoración y cuando eso se manifiesta lo hace en forma de altivez y arrogancia ante los demás.
Debes saber que los atributos del alma, tanto los que tienen que ver con defectos y vicios como los que tienen que ver con virtudes y perfecciones, son cuestiones extremadamente sutiles y complicadas y, por esa razón, es difícil diferenciar con precisión unos de otros. Debido a ello, encontramos con frecuencia, en los mismos eruditos, grandes diferencias cuando tratan de delimitarlos con precisión, de tal manera que resulta imposible establecer definiciones categóricas de los estado interiores del alma. Por ello, es mejor que dejemos eso a la naturaleza y a la conciencia interior de cada individuo y nos ocupemos de los aspectos fundamentales del asunto que nos ocupa.
Debemos saber que la arrogancia también tiene diferentes grados, parecidos a los grados que vimos al tratar lo relativo a la vanidad y algunos otros, que por no considerarlos demasiado importantes cuando se referían a la vanidad, dejamos de lado entonces, pero que cuando tienen que ver con la arrogancia sí lo son y que habremos de mencionar.
Los grados que presentan semejanzas con los grados de la vanidad son seis:

1. Arrogancia por causa de la fe y las creencias religiosas .
2. Arrogancia por causa de la incredulidad y de las falsas creencias.
3. Arrogancia por causa de los hábitos virtuosos y las buenas cualidades.
4. Arrogancia por los vicios morales y las malas cualidades
5. Arrogancia por la realización de buenas obras y de los rituales religiosos.
6. Arrogancia por la realización de actos malvados y pecados.

Es posible que cada una de esas clases de arrogancia sea producida por su equivalente vanidad o puede que sea causada por otras cosas, como veremos más adelante.
Lo que ahora nos ocupa especialmente son las causas exteriores que provocan la arrogancia, del tipo: raíces familiares, riqueza, estatus social, y cosas semejantes y, posteriormente, analizaré, si Dios quiere y en la medida de mis posibilidades, las consecuencias negativas de este hábito y la manera de curarlo.
Pedimos la ayuda de Dios Altísimo para que tales remedios hagan efecto en nosotros y en vosotros.

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Vanidad (uchb)

Con una cadena de transmisión que llega a Muhammad ibn Yaqub, de Ali Ibn Ibrahím, de su padre, de Ali ibn Asbát, de Ahmad ibn Umar al-Halalí, de Ali ibn Suwaida, que dijo:
ḋPregunté a Abu al-Hasan Musa ibn Yafar, sobre él la paz, a cerca de la vanidad que corrompe las acciones y me dijo: La vanidad tiene diferentes grados. Uno de ellos es el que embellece ante el siervo sus malas acciones haciéndole verlas como buenas. Le llena de orgullo y le hace pensar que actúa bien. Otro de ellos es que lleva al siervo que tiene fe en su Creador a pensar que le hace un favor a Dios con ello, cuando, en realidad, es Dios quien le agracia.

Según los sabios islámicos (ulama), Dios tenga misericordia de ellos, ḋvanidadṠ consiste en magnificar las propias virtudes y buenas acciones y sentirse feliz y satisfecho por ello, considerándose más allá de todo defecto y falta.
Pero, el alegrarse de las virtudes propias con moderación y humildad ante Dios Altísimo y con agradecimiento a la Esencia Sagrada de la Verdad por los favores recibidos y el buscar incrementarlos, no es vanidad sino agradecimiento y glorificación (mamdúh).
El gran recopilador de hadices, Maulana Aláma Maylesí, que su tumba se llene de fragancia, cita al gran erudito y pensador Sheyj Baha ud-Din al-Amulí, Dios esté satisfecho de él, que dijo:
No hay duda de que, quien realiza buenos actos, tales como ayunar y levantarse a rezar por las noches y cosas semejantes, se siente interiormente feliz y satisfecho. Si esa alegría y satisfacción le lleva a sentirse agradecido a Dios Altísimo, Quien le ha otorgado esa disposición y esos favores que le permiten realizar tales actos, a temer perderlos y a pedirle a Dios que se los incremente, eso no se considera vanidad. Pero si esas buenas acciones le llenan de alegría porque piensa que son sus propios merecimientos y el resultado de sus virtudes, y le hace sobrevalorarlos y sentirse más allá de cualquier defecto, hasta el punto que piensa que le hace un favor a Dios Altísimo realizando tales actos, eso es vanidad.

En mi opinión, está manera de caracterizar lo que significa vanidad es correcta, pero al hablar de los actos que realiza se deben considerar tanto las acciones externas como las internas y tanto las buenas acciones como las malas, ya que la vanidad tanto corrompe las acciones exteriores como las intenciones y sentimientos interiores y tanto afecta a las buenas acciones como a los comportamientos inadecuados y corruptos. Y, de la misma forma en que la persona vanidosa se enorgullece de las buenas acciones que realiza, el vanidoso que realiza actos inadecuados se enorgullece también de ellos.
El noble hadíz citado al principio hace referencia a ambas situaciones ya que este aspecto suele ser ignorado por la mayoría de las personas. Si Dios quiere hablaremos de ambos aspectos más adelante.
Debe también saberse que la alegría producida por las buenas acciones, de la que se ha dicho que no debe ser considerada como vanidad, sino como agradecimiento y glorificación, responde a otro estado del alma, tal y como veremos en uno de los capítulos posteriores.

Y debes saber que, tal y como ha indicado el noble hadíz, la vanidad es de diferentes clases.

La primera clase corresponde a la vanidad que tiene que ver con la fe y las creencias religiosas. Es diferente a la vanidad de quien no tiene fe (kufr), de quien adora varios dioses (shirk) y de quien tiene creencias erróneas.

La segunda clase corresponde a la vanidad por las buenas cualidades y es diferente a la vanidad por los malos hábitos y costumbres corruptas.

La tercera clase corresponde a la vanidad por las buenas acciones y obras pías y se diferencia de la vanidad por los malos actos y los comportamientos inadecuados.

Existen algunas otras clases de vanidad, pero no son lo suficiente significativas como para clasificarlas aparte. Si Dios, quiere hablaremos de estas tres clases, las fuentes de las que surge y las posibles maneras de remediarla.
Y al Él pedimos ayuda.

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El combate del ego

Recogió Al-Sukuní que Su Santidad Abu Abdel lah al-Sádeq, la paz sea con él, dijo que el Profeta, las bendiciones y la paz sean con él y con su familia, envió un grupo de combate (sariya) y, cuando regresaban, dijo:
ḋBienvenida sea la gente que ha realizado el combate menor (al-yihád al-asgar) y a los que les queda pendiente el combate mayor (al-yihád al-akbar)

Y le fue preguntado: ¡Oh Mensajero de Dios! ¿Qué es el combate mayor?
Dijo: El combate del ego.

Explicación: Sariya es una compañía del ejército. Se ha dicho: La mejor sariya es de cuatrocientos hombres. Los restantes términos del hadiz son claros y no necesitan explicación.
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Has de saber que el ser humano es un ser sorprendente que posee dos nacimientos[3] y dos mundos: un nacimiento al exterior de este mundo, que es el de su cuerpo y otro nacimiento interior oculto y angélico (malakutí) que pertenece a otro mundo.
Y su alma, que pertenece al mundo oculto y angélico, posee estaciones (maqamát) y grados (darayát) que, unas veces y de manera general, han sido divididos en siete[4] y otras en cuatro[5] y, a veces, en tres[6] y, a veces, en dos.[7]
Para cada una de las estaciones y grados existen ejércitos de seres misericordiosos e inteligentes que les atraen a los reinos más elevados y les invitan a la felicidad. Y existen ejércitos demoníacos e ignorantes que les atraen a los reinos más inferiores y les invitan a la desdicha. Y entre estos dos ejércitos siempre existe un estado de enfrentamiento, hostilidad y conflicto y el ser humano es el campo de batalla de estas dos fuerzas.
Si vence el ejercito de la misericordia, la persona emerge como un ser feliz y virtuoso, entra a formar parte de la comunidad de los ángeles y se une al grupo de los profetas, los amigos de Dios (awliyá) y los rectos (sálehin). Pero, si vencen los ejércitos demoníacos y las tropas de la ignorancia, será una persona desdichada e iracunda que pasará a formar parte de la comunidad de los demonios, los descreídos y los maldecidos.
Como este no es el lugar para explicar este asunto de manera detallada, cuando indiquemos algunas de las moradas del alma y expliquemos, de manera breve, los aspectos relativos a las causas de su felicidad o desdicha, comentaremos en esa morada las particularidades del combate del ego, si Dios quiere.

Primera estación

En ella existen varias partes


Has de saber que la primera estación del alma y la morada más inferior es la que corresponde a la morada de este mundo (manzel-e mulk) exterior y bajo. Que las luces divinas ocultas en su interior han sido mezcladas con su cuerpo sensible y su condición física externa para conformar su existencia en este mundo y que es en ese cuerpo donde han sido colocados los ejércitos combatientes. Que el campo de batalla de ellos es ese mismo cuerpo y que las fuerzas manifiestas de él son esas tropas con las que combate y que están situadas en siete cuarteles, es decir: los oídos, los ojos, la lengua, el estómago, el sexo, las manos y los pies.
Y todas estas fuerzas distribuidas en estos siete reinos están bajo control del alma en la estación de la conjetura y el pensamiento (wahm), ya que el pensamiento es quien gobierna las fuerzas exteriores e interiores del alma.
De esa manera, si el pensamiento establece el gobierno de ellas para uso propio o de Satanás, transforma estas fuerzas en ejército satánico y pone al reino bajo el control de Satanás y las fuerzas de la misericordia y los ejércitos del intelecto son destruidos y expulsados por ellos. Y si el pensamiento las pone al servicio de la razón y de la ley divina y sus movimientos y su reposo están bajo el mando de la razón y la ley divina, se convierten en el reino de la misericordia y de la inteligencia y cierran el paso a Satanás y sus ejércitos y les obligan a retirarse derrotados.
Por tanto, el combate del ego en esta estación, es un gran combate, más elevado que el ser matado defendiendo la causa de Dios. Consiste en hacer triunfar al ser humano sobre las propias fuerzas y facultades exteriores, poniéndolas a las órdenes del Creador y liberando el territorio de nuestro cuerpo de la poderosa contaminación de Satanás y sus ejércitos.



Sobre la reflexión (tafakkur)

Has de saber que la primera condición del combate con el ego y del movimiento hacia la Verdad Altísima es la reflexión (tafakkur).
Algunos de los sabios en la ciencia del carácter (ajláq) la han situado en el quinto lugar y eso también es correcto en su contexto.[8]
En esta estación, reflexión consiste en que la persona inteligente dedique cada día un tiempo, por pequeño que sea, a meditar sobre cuál es su obligación con el Rey del mundo, su Señor y Creador, que le trajo a este mundo, que le proporcionó todos los elementos para su disfrute y comodidad y que le ha otorgado un cuerpo sano, facultades y poderes, cada uno de los cuales otorga unos beneficios que dejan perpleja a la inteligencia, y que, por otro lado, ha enviado a todos los profetas y ha hecho descender todas las Escrituras Sagradas con sus orientaciones y llamamientos al camino recto.
¿Acaso todos estos elementos nos han sido otorgados únicamente para ponerlos al servicio de la existencia animal que compartimos con el resto de los seres vivos y para satisfacer nuestras pasiones? ¿O responden a otra intención diferente?
¿Es posible que los nobles profetas, los grandes santos, los sabios y pensadores de cada nación que invitan a las gentes a seguir los mandatos que dicta la razón y la ley divina y a no caer víctimas de los deseos animales y de las tentaciones de este mundo efímero, fueran y sean enemigos de las personas? ¿O puede que conciban un camino para nuestra salvación que nosotros, pobres criaturas sumergidas en las pasiones, no conocemos?
Si la persona inteligente reflexiona un momento, entiende que la intención de todo lo que nos ha sido otorgado es otra. Que la razón de esta creación es un mundo superior y más grande y que la finalidad esencial no se circunscribe a este plano de la vida animal.
La persona inteligente debe reflexionar y tomar conciencia de su estado de indefensión y decirse: ¡Oh alma miserable que has desperdiciado los años de tu vida corriendo tras los deseos sensuales y las pasiones y que no has obtenido otra cosa que aflicción y decepción! Sería bueno que tuvieses un poco de compasión de tu estado. Humíllate ante tu Señor Soberano y da un pequeño paso hacia la meta verdadera, pues ello es la causa de la vida eterna y de la felicidad permanente y no vendas tu felicidad eterna a cambio del disfrute sensual de unos pocos días efímeros que, además, no se consiguen sino con gran esfuerzo.
Piensa un poco en la vida de la gente de este mundo desde el pasado hasta el presente que estás viendo. Observa cuan numerosos son sus esfuerzos en comparación con sus momentos de felicidad y reposo y que muchos incluso ni siquiera obtienen esos escasos momentos de felicidad y tranquilidad.
Observa por un momento a esa persona, con figura de persona pero un soldado de Satanás y enviado por él, que te invita a satisfacer tus pasiones y que te dice que hay que hacerse con los placeres de esta vida material, y considera si él mismo está satisfecho de su situación o sufre y pretende que otro pobre desgraciado sufra también.
Y, en cualquier caso, pide a tu Dios con humildad que te muestre tus obligaciones hacia Él.
Existe la esperanza de que esa reflexión que realizas con intención de combatir contra Satanás y contra el alma que incita al mal (nafs-e ammaré) te indique otro camino y puedas alcanzar con éxito otra morada distinta a la del combate del ego.

Sobre la determinación (azm)

Tras la morada de la reflexión, la persona que se esfuerza accede a la morada de la determinación (azm). Está morada es diferente a la morada de la voluntad (iráda) que el Sheij Ar-Raís en su obra Al-Isharát considera la primera morada de los gnósticos.[9]
Algunos de nuestros maestros, quiera Dios proporcionarles una larga vida, han dicho que la determinación es la esencia de la condición humana y la balanza en la que se pesa la valía de las personas y que la diferente calidad de las personas viene dada por los diversos niveles de voluntad que cada uno posee.
La determinación que corresponde a esta estación consiste en establecer las bases para llevar una vida correcta, tomar la decisión de abandonar el pecado, realizar aquello que es obligatorio, compensar el tiempo perdido de su vida y, finalmente, tomar la decisión de comportarse como una persona inteligente y religiosa. Es decir, adoptar el comportamiento propio de un ser inteligente y religioso, de manera que se pueda decir de él que es un ser humano.
Y ser un individuo religioso significa actuar conforme a los mandatos de las leyes divinas, comportarse de manera semejante a como lo hacía el noble Profeta, las bendiciones y la paz sean con él y con su familia, tomar a esta gran personalidad como modelo e imitar sus actos, hacer lo que él hacía y apartarse de lo que él se apartaba. Y éste es un asunto perfectamente posible, ya que comportarse como él noble Profeta lo hacía es algo que está al alcance de cualquier siervo de Dios.
Y debes saber que el ser humano no puede acceder al más mínimo conocimiento divino si no comienza cumpliendo con los ritos y con los aspectos formales y exotéricos de la religión.
Mientras la persona no lleve a la práctica los mandatos y disposiciones de la ley islámica no podrá alcanzar ni uno solo de los elevados atributos morales. No es posible que la luz y el conocimiento divinos brillen en su corazón ni que se desvelen para él el conocimiento esotérico y los secretos de la ley divina.
Por tanto, aun después de que la verdad y los rayos de las luces de la gnosis iluminen su corazón, deberá seguir cumpliendo con los mandatos exotéricos de la religión.
Son vanas las pretensiones de quienes defienden que el conocimiento interno se obtiene abandonando las prácticas rituales o de quienes dicen que una vez alcanzado aquél ya no se tiene necesidad de las prácticas externas. Eso sólo puede decirlo quien ignora las moradas de la adoración y los grados de la condición humana.
Quizás, en estas páginas sea capaz de explicar algo de esto, si Dios quiere.

Consideración

¡Oh querido! Esfuérzate hasta que consigas determinación y voluntad, pues, si sales de este mundo, Dios no lo quiera, sin poseer voluntad y determinación, eres una forma humana sin cerebro y en el otro mundo no tendrás forma de ser humano, pues ese mundo es el lugar en el que se evidencia lo interno y se manifiestan los secretos.
Cuando la persona se atreve a transgredir, poco a poco se convierte en una persona sin determinación y esta joya preciosa le es arrebatada.
Nuestro gran maestro, que su sombra se prolongue en este mundo, solía decir que escuchar canciones debilita en la persona la voluntad y la determinación más que ninguna otra cosa.
Por tanto ¡Oh hermano! Apártate de los pecados y las transgresiones y toma la determinación de emigrar hacia la Verdad Altísima y adopta el aspecto de un ser humano. Ingresa en el camino de los señores de la ley de Dios y pide a Dios bendito y elevado en tu soledad, para que Él te ayude en este objetivo y ruega al Profeta, las bendiciones y la paz sean con él y con su familia, y a los miembros de su Casa, que intercedan por ti ante Dios para que Él te conceda el éxito y te tome de la mano ante los errores que tienes ante ti, ya que, el ser humano, a lo largo de su vida, puede llegar a cometer errores tan graves que, en un instante, le precipiten de tal manera en un proceso de destrucción, que ya no pueda hacer nada para salir de él, que ni siquiera llegue a plantearse buscarle remedio. Y puede que ni siquiera quienes pueden interceder ante Dios puedan interceder por su estado. Nos refugiamos en Dios de tal cosa.

Sobre el condicionamiento (mushárata),
la vigilancia espiritual permanente (muráqaba)
y el recuento de los actos y los estados interiores (muhásaba)

Estos tres asuntos son cuestiones imprescindibles para el combatiente espiritual (muyáhed).
Mushárata significa establecer un acuerdo con uno mismo al principio del día. Por ejemplo, decirse: Hoy no haré nada que vaya contra los mandatos de Dios bendito y elevado y tomar la decisión de cumplirlo.
Evidentemente, pasar todo un día sin hacer nada contrario a las disposiciones divinas es algo muy fácil, a la persona le resultará muy sencillo cumplir su acuerdo.
Toma la determinación, establece tu acuerdo y comprueba qué fácil te resulta cumplirlo. Es posible que Satanás y los ejércitos de ese maldito te lo traten de presentar como un tarea demasiado difícil, pero eso no es más que uno de los engaños de ese maldecido. Maldícele desde lo más profundo de tu corazón y saca de él las falsas ilusiones y haz la experiencia durante todo un día y verificarás lo fácil que es.
Después de establecer ese acuerdo, deberás prestar atención al estado de vigilancia espiritual permanente (muráqaba).
Muráqaba consiste en prestar atención permanente a los términos del acuerdo establecido durante todo el tiempo que éste dure, sabiendo que necesitas actuar conforme a lo que has acordado.
Si, Dios no lo quiera, en tu ánimo entra el deseo de cometer un acto que vaya contra los mandamientos divinos, debes saber que ese proviene de Satanás y de sus ejércitos, que tratan de apartarte del acuerdo que has establecido.
Maldícelos y refúgiate en Dios del mal que ellos representan y saca de tu pecho esa fantasía vana. Dile a Satanás: ḋHoy he cerrado conmigo mismo el acuerdo de no hacer nada que vaya contra los mandatos de Dios Altísimo durante todo el día. Él durante todos estos años me ha llenado de abundantes favores, me ha dado salud y me ha protegido y me ha otorgado mercedes tales que, aunque dedicase el resto de mi vida a Su servicio, no podría compensar una sola de ellas. No es correcto que sea desleal a un pequeño acuerdo parcial.
Es de esperar que, si Dios quiere, Satanás se sienta rechazado y se desanime y que los ejércitos del Misericordioso venzan.
Esta vigilancia permanente de tus actos no es incompatible con el resto de tus actividades: negocios, trabajo, estudio, viajes, etc.
Deberás mantener ese estado hasta que llegue la noche y, con ella, el momento de hacer recuento de los actos y balance de los estados interiores (muhásaba).
Muhásaba consiste en examinar si has cumplido con el acuerdo que estableciste con Dios al principio del día y no has traicionado esa transacción particular que cerraste con el Señor del Favor.
Si has actuado leal y correctamente, da gracias a Dios por haberte permitido obtener esa victoria y sabe que has avanzado un paso y que has merecido la atención divina y, Dios mediante, Él te guiará para que puedas progresar en los asuntos de este mundo y del otro y el trabajo de mañana de resultará un poco más fácil.
Presta atención a unos cuantos actos de este tipo y es de esperar que se te conviertan en un habito, de manera que te resulten una tarea muy fácil y sencilla de realizar y que, al mismo tiempo, obedecer los mandatos divinos y abandonar los pecados en este mismo mundo sea para ti una fuente de placer.
Aunque éste no sea el mundo de la recompensa, obtendrás placer de tus buenos actos y recibirás una recompensa divina por ello.
Y, debes saber que Dios bendito y ensalzado no te ha encomendado tareas difíciles y que no te ha cargado con obligaciones que escapan a tu responsabilidad o que son mayores de lo que puedes soportar sino, más bien, que Satanás y sus ejércitos te las presentan llenas de dificultades.
Y si, Dios no lo quiera, al hacer recuento de tus actos, descubres que no has sido capaz de cumplir completamente con el acuerdo que habías establecido, pide a Dios Altísimo que te perdone y comprométete a que mañana te comportarás con hombría y cumplirás con las condiciones que has establecido y persevera en ese estado hasta que Dios Altísimo abra para ti las puertas de éxito y de la felicidad y te haga llegar al sendero recto de la condición humana.


Sobre el recuerdo (tadakkur)

Tadakkur es una de los asuntos que presta a la persona una ayuda definitiva en el combate con el ego y con Satanás y con la que el viajero espiritual esforzado (sálek) debe ser muy cuidadoso. Y con él ponemos final a esta primera estación, a pesar de que quedan muchos asuntos pendientes.
Tadakkur, en esta estación, consiste en recordar a Dios Altísimo y los dones que ha otorgado al ser humano.

Has de saber que uno de los asuntos innatos, de aquellos que todo ser humano realiza de manera instintiva y natural, es el mostrar agradecimiento hacia quien le favorece.
Cualquiera que reflexione un instante en el libro de su naturaleza esencial, verá que en él está escrito que deberá mostrar agradecimiento y respeto hacia quien hace un favor a un ser humano. Y, es evidente que, cuanto mayor sea ese favor, cuanto más valioso sea el don que el donante otorga, de manera instintiva, el agradecimiento se hará más necesario y será mayor.
Por ejemplo, es evidente que, si alguien te regala un caballo para que tengas buena opinión de él y otra persona te regala un pueblo entero, sin pretender nada de ti, el agradecimiento que sentirás por cada uno de ellos será diferente. O si, por ejemplo, el doctor te cura la ceguera, te sentirás agradecido hacia él espontáneamente, pero si te salva de la muerte, el respeto y agradecimiento que sentirás hacia él será muchísimo mayor.
Ahora, considera las mercedes externas e internas que el Señor del Mundo, ensalzada sea Su majestuosidad, te ha otorgado, que aunque todos los hombres y los genios se unieran no podrían darnos ni una sola de ellas, y cómo nosotros vivimos sin prestarlas atención.
Por ejemplo, ese aire que respiramos noche y día y del que nosotros y todos los seres vivos dependemos para vivir, de tal manera que, si nos faltase por quince minutos, no quedaría ni un solo animal vivo ¡Qué inmenso favor es! Si todos los genios y los hombres se juntasen para facilitárnoslo serían incapaces de conseguirlo.
Lo mismo podríamos decir del resto de los favores divinos: la salud corporal y las potencias exteriores como la vista, el oído, el tacto, el gusto, y las interiores, como la imaginación, el intelecto y demás, cada una de las cuales supone un beneficio ilimitado.
Todas ellas nos las ha regalado el Señor del Mundo sin que se las hayamos pedido y sin pedirnos nada a cambio. Y no se ha contentado con eso y nos ha enviado profetas y mensajeros y escrituras sagradas y nos ha indicado el camino hacia la felicidad y la desgracia, hacia el Paraíso y el infierno. Nos ha otorgado todo aquello que necesitamos para esta vida y para la otra sin tener necesidad de nuestra obediencia o adoración, o sin que nuestra obediencia o desobediencia Le afecte. Nos ha explicado lo que debemos hacer y de lo que debemos apartarnos solamente para nuestro propio beneficio.
Después de mencionar todas estas mercedes y miles de otras más que no podríamos entre todos llegar a enumerar, eso sin entrar en analizar las particularidades de cada una de ellas ¿No pensáis que vuestra naturaleza debería sentirse espontáneamente agradecida? ¿Qué dice la razón de traicionar a Quien nos otorga tales favores?

De la misma manera, otro de los asuntos que están establecidos sólidamente en la naturaleza humana es el respeto hacia la personalidad dotada de grandeza e importancia.
¿Acaso todo ese respeto que las gentes muestran hacia las personas que posee poder y riqueza en este mundo, hacia los gobernantes y poderosos, no se debe a que los consideran grandes y elevados?
¿Y qué grandeza puede ser mayor que la grandeza del Soberano del Reino, que ha creado este pequeño mundo y sus insignificantes criaturas, que representan el más pequeño de los mundos por Él creado y, a pesar de ello, no ha podido llegar a ser conocido y comprendido en su totalidad por la mente de criatura alguna?
Considera nuestro mismo sistema solar, que no es sino un pequeño sistema en comparación con la importancia de muchos otros, y sin embargo no ha llegado a ser conocido por los más grandes descubridores e investigadores del mundo ¿Acaso la naturaleza innata de la mente no siente necesariamente respeto y admiración ante esa grandeza que ha sido capaz de crear con una sola indicación todos estos mundos y otro millón más de mundos ocultos a los sentidos?

También existe otro asunto presente en el libro de la naturaleza innata que ésta considera necesario respetar y admirar.
Podéis ver que si una persona, Dios no lo quiera, habla mal de alguien que no se encuentra presente y de pronto esta persona aparece, la otra, de manera instintiva, calla y trata con educación y respeto al que ha llegado.
Es evidente que, no tan solo Dios bendito y altísimo está presente en todos lados y que todos los mundos existentes se encuentran bajo Su control y dirección, sino que todo ser existente y todo mundo es presencia del Señorío.
Ahora, recuerda ¡Oh ego pecador del escritor! qué gran opresión y qué inmenso pecado cometes si frente a Su favor, que es tu fuerza, tú cometes una falta de tal magnitud ante Su sagrada presencia. ¿Acaso si te quedase un grano de mostaza de modestia no deberías deshacerte en llanto y caer a tierra avergonzado?
Por tanto ¡Oh querido! Recuerda permanentemente la grandeza de Dios y Sus dones y mercedes y recuerda que estás ante Su presencia y abandona todo acto de desobediencia a Él y sal victorioso de esa gran guerra contra los ejércitos de Satanás.
Convierte tu territorio en territorio de la bondad y la Verdad y haz que sea el lugar en el que se establezcan los ejércitos de la Verdad Altísima y no los ejércitos satánicos, hasta que Dios bendito y ensalzado te conceda el honor de combatir en otra plaza mayor aun, que está por venir. Esa plaza es la del combate del ego en el mundo interior, que es la morada segunda del alma y de la que hablaremos, si Dios quiere.
Te recuerdo de nuevo que, de cualquier manera, no esperes que tus actos regresen a nadie más que a Dios Altísimo. Así pues, pide con súplicas y lamentos a Dios Altísimo mismo que te conceda éxito en este combate, hasta que, si Dios quiere, salgas victorioso. Ciertamente, Él es el Señor de la Victoria.
[1] Furu al-Kafi, t, V, p.12, Kitab al-Yihad, sección, wuyuh al-yihad, hadíz nẃ 3.
[2] Wasáel al-shia, t, XI, p. 103, Kitab al-Yihad, cap. 45, hadíz n 1.
[3] Nasha: crecimiento, juventud, vida temprana, surgimiento, nacimiento, formación, génesis, origen.
[4] Hach Mula Hadi Sabsowarí, en sus Notas a Al-Asfar (Hashie-ie Asfar) t. V, p. 36, ha enumerado en este orden los siete grados o fases del alma: nafs, qalb, aql, ruh, sirr, jafí, ajfá. Marhume Shah Abadí en el libro Al-Insán wa l-fitra, a colocado el aql antes del qalb, pero Sadr al Mutaal lehín, las ha enumerado de la forma siguiente: tabaa, nafs, qalb, aql, ruh, sirr, jafí y no ha mencionado el nivel de ajfá y ha añadido el de tabaa. Cfr. Asfar, t. V, p. 36.
[5] Para el aql humano se han enumerado cuatro niveles: aql haiulaí, aql bil malaca, aql bil figl, aql bil mustafád. Cfr. Shawáhed al-Rububíya, p. 202-207. Y, también Sadr al Mutaal lehín ha dividido el aql del ser humano en sirr y alan y cada uno de ellos en dáher y báten, con lo que se pueden contabilizar cuatro niveles del alma. Cfr. Asfar, t. V, p. 36.
[6] Abu Ali Sina establece en una primera división tres niveles del alma: nafs nabatí, nafs haiwaní y nafs ensaní. Y otra división del alma en tres, es la que se hace atendiendo a nivel del mulk, al nivel del barzaj y al nivel del aql.
[7] La división en dos apunta hacia la división del alma en batén y dáher, o a otras denominaciones, del tipo, sirr y alan, mulk y malakut, dunia y ajirat.
[8] Cfr. Joya Abdel lah Ansarí, Manázel al-Sáirin, p. 13.
[9] Abu Ali Sina (370-428 h.q.), Al-Isharát wa l-tanbihát


Recopilación Revista Biblioteca Islámica
Fuente: Comentario cuarenta hadices ( http://shiandalus.blogspot.com/search/label/Imam%20Jomeini?updated-max=2009-06-14T07:47:00-07:00&max-results=20&start=51&by-date=false)


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