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La guerra, las matanzas, el terrorismo, las hambrunas y otras calamidades de la misma clase, son por regla casi general -a excepción de los que se deleitan cometiéndolas- capítulos de la historia que uno quisiera que desaparecieran para siempre, aunque sabemos bien que eso resulta en estos momentos una utopía. De esas catástrofes muy pocos son los frutos "buenos" que pueden servir para fortalecer el alma de las sociedades, a lo mejor el arte es una de esas pocas cosas que pueden llegar a fortalecerse. El pueblo palestino y los artistas en especial tuvieron y aún tienen en Al-Nakba (ocupación, masacre y expulsión del pueblo que tiene su comienzo oficial en 1948 y que continúa hoy) una fuente que fragua su lenguaje artístico, en especial la poesía, la cual -en algunos casos- tiene un alto nivel, basta mencionar el nombre de grandes gigantes de las letras palestinas como Mahmud Darwish, Tawfiq Ziad, Emil Habibi y otros para palpar esa realidad; dice al respecto Dibsi Bulbul: "El trauma de la diáspora supuso una motivación para agudizar el intelecto". Además Bulbul tiene otra lección más sobre el arte palestino del Nakba:  "El palestino tiene la necesidad universal de comunicar su tragedia y humanizar su lucha, porque si no, muere, Actualmente, el arte palestino, con la literatura como punto fuerte, es el reflejo mediato de la situación y expresa confusión, repulsa y desconfianza hacia el mundo, pero también algo de esperanza" (1). 

¡Larga vida al arte palestino!.

Notas:

1-http://www.ngenespanol.com/articulos/721704/tragedia-desposesion-cultural-palestina/












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