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El Doctor en Filosofía y Filología Semítica de la Universidad de Zaragoza, especializado en el pensamiento musulmán andalusí, Joaquín Lomba Fuentes, dice en su reciente libro La raíz semítica de lo europeo (Ediciones Akal, Madrid, 1997):

«Si se quiere entender en profundidad el ser de Europa, no basta con volver la mirada a Grecia y Roma para encontrar en ellas sus raíces. El mundo semita, en su vertiente musulmana y judía, constituye una de las bases fundamentales de nuestra historia y cultura. No en vano "Europa", en la mitología griega, era de ascendencia fenicia. Esas raíces semíticas de lo europeo se detectan especialmente en la Edad Media. Durante ese período el desnivel cultural entre Europa y el mundo árabe fue patente. Europa estaba sumida en los restos empobrecidos de una tardía latinidad mientras el Islam y el Judaísmo recuperaban lo mejor del legado griego, lo asimilaban y lo perfeccionaban. Tanto, que empieza un ingente flujo de trasvase cultural hacia Europa, gracias al cual ésta rejuvenece, adopta nuevas formas de hacer ciencia, filosofía y literatura, aprende estilos nuevos de comportarse, de vivir la religión, de sumirse en los abismos misteriosos de la mística, de practicar la ascética, de amar, de disfrutar de la belleza. Reconocer esta deuda, agradecer a la Historia este regalo, es ser europeos auténticamente». (...) Ante todo, Europa pudo leer por primera vez la ciencia y filosofía griega no sólo tal como en su día fue sino reinterpretada, elaborada y perfeccionada por musulmanes y judíos. (...)
Con ello y, como consecuencia, aparece emparejado el tema,de procedencia semita, árabe y judía, cual es el de las relaciones entre fe y filosofía, o razón, entre religión y fe, entre pensamiento humano y revelación. (...)
Para Averroes y Maimónides, la filosofía y la religión no se pueden contradecir a pesar de que son autónomas, porque apuntan y llevan a la misma Verdad».
En la Edad Media (según la historia de Europa), la civilización musulmana —que entonces brillaba por el dinamismo y el prestigio de su filosofía, su literatura y sus ciencias— ejerció una gran influencia sobre la cultura judía.
En aquella época, sabios, eruditos, poetas y literatos judíos escribieron en árabe la mayoría de sus obras. También adaptaron en hebreo los modelos literarios árabes, muy especialmente en al-Ándalus —la España islámica—, que conoció el florecimiento de una espléndida cultura judeomusulmana a lo largo de ocho centurias.

La Sefarad bíblica

Pese a su poética resonancia oriental, la palabra hebrea «Sefarad» no se refiere a Asia: designa a la Península Ibérica, y «sefaradí» quiere decir judío oriundo de España o Portugal.
Sefarad es un toponímico bíblico. La Biblia Hebrea se conoce por las siglas de Tanaj —la suma de la Torá o Pentateuco, Neviím Rishoním o Primeros Profetas, Neviím Aharoním o Profetas Posteriores y Ketuvím o Escrituras—. En el Libro de Abdías (en hebreo Ovadiau), podemos leer: «... y los cautivos de Jerusalem que están en Sefarad» (Abdías: 1-20). Aunque, en realidad, este profeta menor parece aludir a la región de Sardes, en Asia Menor, la tradición la identificó posteriormente con la Península Ibérica.
Jonatán Ben Uzziel (s. I a.C.-s. I d.C.), autor del Targum (pl. targumím: traducción parafrástica al arameo de los libros de la Biblia) y el más distinguido discípulo de Hillel el Sabio o el Viejo (Babilonia 70 a.C-Jerusalem 10 d.C.), identifica a Sefarad como Ispamia o Ipamia. En la Peshitta (II siglo d.C.), la primera traducción siríaca de la Biblia, se vincula a Sefarad con la Hispania romana. Desde fines del siglo VIII, Sefarad se convirtió en la usual apelación hebrea de la Península Ibérica (cfr. Enciclopaedia Judaica, 17 vols., Keter Publishing House Jerusalem Ltd., Jerusalem, 1972, Vol. 14, Sepharad, pág. 1163).
El arribo y asentamiento de los judíos a la Península Ibérica están envueltos en la leyenda, remontándose las fechas hasta la época del Profeta Suleiman Ibn Daud (970-931 a.C.) —en hebreo Shlomó Ben David—, cuando las naves fenicias de Hiram de Tiro comerciaban con el mítico país de Tarsis o Tartessos —probablemente localizado en algún lugar entre Huelva y Ronda, en Andalucía, España (cfr. Libro I de los Reyes, 10-22).

La Sefarad de la época visigótica

Cuando se produjo la destrucción de Jerusalem (en hebreo, Ierushalaiím; en árabe, al-Quds) por las legiones romanas —crónica narrada vívidamente por el historiador judío romanizado Flavio Josefo (37 d.C.-c.101)(1), núcleos de judíos fugitivos se establecieron en Africa del Norte y de allí se unieron a los vándalos de Genserico (400-477), pasando luego a la Península Ibérica.
Los primeros asentamientos judíos se establecieron en la costa mediterránea (Ampurias, Mataró, Tarragona y Málaga) y desde allí se extendieron al interior de la Península. En el siglo IV, estas comunidades debían de ser tan importantes que un concilio celebrado en Elvira (cerca del antiguo asentamiento romano de Ilíberis, distante unos diez kilómetros al noroeste de la futura Granada musulmana)(2) dictó una serie de cánones antijudíos (entre ellos, las prohibiciones de compartir mesa con un judío y casarse con él) para evitar el contacto de los cristianos con ellos.
Con los reyes del período arriano(3), como Teodorico II (m. 466), Eurico (m. 484) y Atanagildo (m. 567) los judíos vivieron un período de tranquilidad y bonanza en la España visigoda. Leovigildo (m. 586), que fue un hábil guerrero, asoció en el gobierno a sus dos hijos Hermenegildo (m. 585) y Recaredo (m. 601); el primero, aconsejado por su tío y maestro san Leandro de Sevilla (m. 600), se convirtió al catolicismo y fue decapitado por orden de su padre, por negarse a apostatar; el segundo heredó el trono.
Recaredo I, que abjuró el arrianismo en el tercer concilio toledano (587) y abrazó para sí y para el Estado la religión católica, y sus sucesores, como Sisebuto (m. 621), Chintila (m. 639), Recesvinto (m. 672), Wamba (m. 688) —destronado en 680—, y Ervigio (m. 687), fueron feroces e intolerantes con arrianos y judíos por igual.
A partir de Egica (m. 702)— enterado de las maquinaciones de los judíos para liberarse y su contubernio con los musulmanes recién llegados al Magreb—, Witiza (m. 710) y Rodrigo (m. 711), la situación empeoró y los judíos perdieron los pocos derechos que tenían y fueron reducidos a la esclavitud.

1-Historiador judío, nacido en Jerusalem, de linaje real y sacerdotal. Su nombre original fue Iosef Ben Matatiau Ha-Cohen. Un hombre a la vez instruido y mundano, fue miembro del partido de los fariseos, y también una figura pública que, antes de la sublevación judía contra Roma (66), tuvo buenas relaciones en la corte del emperador Nerón (37-68). El papel que desempeñaron los zelotes en la sublevación, así como sus oponentes los fariseos, quienes la consideraron inútil, llevó a Flavio a mantener una posición ambigua en el conflicto. Sus propios escritos exponen dos informes contradictorios sobre su misión en la provincia de Galilea (hoy Palestina ocupada). Según uno de ellos, tomó el mando de las fuerzas judías para dirigir la fase galilea de la sublevación, pero en el otro, más tardío, sostiene que intentó reprimir la sublevación, más que dirigirla. Cualquiera de las dos historias puede ser verdadera. Parece ser que preparó a los galileos para la revuelta, y en el 67 rechazó con valentía el avance de Vespasiano (9-79), el general romano que poco después se convirtió en emperador, defendiendo la fortaleza de Jotapata durante 47 días antes de rendirse. Pudo haber sido enviado como prisionero a Nerón, si no hubiera tenido la agudeza de profetizar que su captor, Vespasiano, algún día sería emperador. Esta profecía satisfizo las ambiciones de Vespasiano, quien le hizo permanecer a su lado. Cuando la predicción se cumplió, Vespasiano liberó a Flavio y éste adoptó el apellido del emperador, pasándose a llamar Flavio Josefo. Acompañó al futuro emperador Tito (39-81), el hijo de Vespasiano, en el asedio de Jerusalén, en el 70. Más tarde, disfrutó del mecenazgo imperial bajo Tito y su sucesor, su hermano Domiciano (51-96). Vivió en Roma hasta su muerte, dedicándose a sus escritos. Sus obras más destacadas, escritas en griego, son La guerra de los judíos (en siete libros), creada para disuadir a su pueblo y otras naciones de exponerse a la aniquilación con otras sublevaciones contra la todopoderosa Roma; Antigüedades judaicas (en veinte libros), la historia del pueblo hebreo desde sus orígenes hasta el 66 d.C., que con elocuencia demuestra cómo su pueblo había prosperado bajo la ley de Dios; una autobiografía, Vida, y Contra Apión, una refutación de acusaciones contra los judíos, hechas en el siglo I por el antisemítico gramático griego Apión, y otros escritores de la misma opinión. La Editorial Acervo Cultural de Buenos Aires publicó las Obras Completas de Flavio Josefo en cuatro volúmenes en 1961, 1688 págs.
2 Cfr. Leopoldo Eguílaz y Yanguas: Del lugar donde fue Ilíberis, Editorial Universidad de Granada, Granada, 1987.
3 Llamado así por la fe cristiana instaurada por los visigodos, originada en las predicaciones del obispo griego Arrio de Libia (256-336), nacido en Libia, defensor de un acendrado monoteísmo que rechazaba la divinidad de Jesús. La doctrina de la Trinidad, recordemos, fue instaurada en la Iglesia Católica recién a partir del Primer Concilio de Nicea, en 325, y produjo un gran cisma entre los cristianos de oriente, partidarios del monoteísmo, y los obispos occidentales liderados por Osio (257-358) que a través del llamado "pacto constantiniano" monopolizaron desde entonces la orientación y el poder de la Iglesia.


SEFARAD EN AL-ÁNDALUS

El historiador español Ignacio Olagüe explica en su obra La Revolución Islámica en Occidente (Fundación Juan March, Barcelona, 1974), como los arrianos y judíos solicitaron la ayuda y el auxilio de los musulmanes para liberarse del yugo de la monarquía visigoda con sede en Toledo. Éstos habían consolidado su dominio en la Ifriqiya (Tunicia) hacia el 670; en 701 alcanzaron el extremo occidental del Magreb y en 708 entraron en Tánger.

La llegada de los musulmanes
La historia de la España musulmana comienza en el año 711/92, a finales de abril en que Tariq Ibn Ziad (m. 720), a la cabeza de un ejército de siete mil hombres en el que domina la etnia bereber de la que él forma parte (los árabes eran menos de 300), cruza el estrecho que llevará a partir de entonces su nombre para desembarcar en la Península Ibérica. El contingente islamo-bereber hizo la travesía a bordo de la flota del conde Don Julián, el antiguo gobernador bizantino de Ceuta (Septum: por sus siete colinas) que se había puesto al servicio del gobernador o walf musulmán de la provincia de Ifriqiya, Musa Ibn Nusair (640-714), con sede en Qairauán.
Respecto a Musa Ibn Nusair, el historiador musulmán almohade Ibn al-Kardabús, del siglo XII, nos dice que pertenecía a la escuela de pensamiento shií(4). Su padre había sido Nusair al-Bakrí, a quien el fundador de la dinastía omeya, Mu‘awiya ibn Abu Sufián había conferido el mando de su guardia, pero él se negó a combatir contra el cuarto califa, Alí ibn Abi Talib (600-661). Musa Ibn Nusair haría la alianza con el arriano conde Don Julián, señor de Tánger y Ceuta. Así, en 710/91 envió a su lugarteniente Tarif con 500 hombres a ocupar el saliente sur de la Península donde la ciudad de Tarifa lleva su nombre y a la cual impuso un pesado tributo, o sea "la tarifa", para castigar los excesos de la gobernación visigoda contra los cristianos arrianos de la región. El profesor Olagüe en la obra ya citada, muy recomendable por cierto, brinda pormenorizados detalles de este asunto.
Volviendo a nuestro tema anterior del cruce de Tariq, éste al frente de sus hombres desembarcó en las cercanías del famoso peñón al que se dió su nombre: Ÿábal al-Tariq, "Monte de Tariq", es decir, Gibraltar. El 19 de julio de ese mismo año, por las orillas del río Guadalete, logró una victoria decisiva sobre el rey visigodo Don Rodrigo. Un mes más tarde, su lugarteniente Mughit ar-Rumí cercó la ciudad de Córdoba.
Dice el erudito judeomarroquí y profesor emérito de la Universidad de París, Haim Zafrani (Essaouira, 1922): «Durante el asedio, los judíos se encierran en sus hogares esperando impacientemente el desenlace. Contrariamente a lo que sienten por los godos y su clero, no temen en absoluto la llegada de los musulmanes en los que tienen puestas todas sus esperenzas, pues no olvidan que los reyes visigodos los han oprimido despiadadamente. Sirviéndose de estratagemas, los judíos —según narran los historiadores musulmanes y cristianos— contribuyeron a facilitar la entrada del ejército islámico a la ciudad, celebrando su victoria. Mughit los tomó a su servicio, confiándoles la guardia de la ciudad. Lo mismo ocurrió en Toledo, y en Sevilla, donde Musa Ibn Nusair dejó una guarnición judía para mantener el orden» (Haim Zafrani: Los Judíos del Occidente Musulmán. Al-Ándalus y el Magreb, Editorial Mapfre, Madrid, 1994, pág. 21).
A partir de entonces, España entró en el seno de Dar al-Islam, "la Casa del Islam", y los cristianos arrianos y judíos se integraron armoniosamente en el estado musulmán que se fue forjando. Así, los judíos españoles, al convertirse en miembros de un dominio que se extendía desde el Atlántico hasta la China, se reencontraron con sus hermanos de las demás comunidades judías de Oriente y de Africa del Norte, reanudando sus lazos socioculturales y económicos. Por otra parte, los cristianos unitarios visigodos e hispanorromanos consolidaron y reafirmaron su identidad monoteísta junto con sus hermanos en la fe, musulmanes y judíos.

4-Aunque muy poco es lo que sabemos sobre el alfaquí e historiador andalusí Abu Marwán Abd al-Malik al-Tawzari Ibn al-Kardabús (vivió entre la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII), podemos precisar que estudió en Alejandría y su vida transcurrió prácticamente en la ciudad de Tawzar (Tozeur) en Ifriqiyya (Tunicia meridional). Su Kitab al-iktifá fi ajbar al-julafá ("Libro de lo suficiente relativo a la historia de los califas"), es una historia general del Islam, desde los tiempos del Profeta (BPD) hasta la época del califa almohade Abu Yusuf Ya’qub al-Mansur (que gobernó entre 1184-1199), el constructor de la torre minarete de la Giralda de Sevilla. Esta obra fue traducida por el profesor Felipe Maíllo Salgado de la Universidad de Salamanca con el título Historia de al-Ándalus (Akal, Madrid, 1993), y en ella encontramos datos interesantes, como el origen shií del general Musa Ibn Nusair, el primer gobernador de al-Ándalus (ver págs. 56 y 57).

Las raíces del antisemitismo

No es antojadiza la tesis del profesor Allan Harris Cutler, cuando en su obra erudita: The Jew as Ally of the Muslim: Medieval Roots of Anti-Semitism (University of Notre Dame Press, Indiana, 1986) afirma que la unidad política, económica, cultural y religiosa de judíos y musulmanes en al-Ándalus, durante las Cruzadas (1099-1291) y a lo largo de la historia del Imperio otomano (1299-1909), hizo nacer las fobias antisemitas entre los europeos. «El judío como aliado del musulmán» era algo inconcebible para la paranoia que asolaba la Europa altomedieval.

El esplendor del califato de Córdoba

En 863, el emir cordobés Muhammad I (g. 852-886) convoca un congreso para la unión y fraternidad de judíos, cristianos y musulmanes. El erudito español Felipe Torroba Bernaldo de Quirós nos confirma esta crónica, bastante poco conocida pero históricamente fidedigna: «... tras la ruina del estado visigodo, los israelitas irrumpen nuevamente en España de la mano de los musulmanes. Comenzó entonces la época dorada de los judíos españoles... Se instalaron por doquier y prosperaron por todas partes. Encontraron un ambiente de tolerancia —característica de los árabes en sus conquistas—... A la sombra de la Media Luna, los israelitas lograron el poderío, el saber, y las riquezas, que convergían en sus manos... Los hebreos, aparentemente identificados con los vencedores árabes, ven llegado el momento del renacer de su raza, en adoptar sus costumbres y su lenguaje. Los omnipotentes califas de Córdoba presenciaron el apogeo de una cultura —complementaria de la suya— que irradiará un resplandor cegador frente a las incipientes civilizaciones europeas» (F. Torroba Bernaldo de Quirós: Historia de los sefarditas, Eudeba, Buenos Aires, 1968, págs. 14-15).
«Desde el primer momento los judíos se pusieron del lado de los invasores, quienes reforzaron las colonias judías establecidas en ciudades como Córdoba, Granada, Sevilla, Toledo y otras, con los contingentes judíos que durante los siglos VIII y IX inmigraron desde el norte de Africa. En el siglo IX se tenía a Lucena por ciudad judía y con tal denominación designaron los geógrafos árabes de los siglos X al XII a ciudades como Granada y Zaragoza... Los árabes toleraban a los judíos como " gentes del Libro", es decir, de la Biblia., y al servicio de los nuevos señores se convirtieron en eficaces auxiliares para el comercio y la administración. La época más gloriosa del judaísmo en tierras europeas de todos los tiempos comenzó con el reinado de Abderrahmán III (912-961) y se prolongó hasta el siglo XII. En la corte de Abderrahmán ocupó un lugar de preeminencia el judío Hasday ibn Shaprut, quien ejerció las funciones de médico real y diplomático en las relaciones del califato con los reyes cristianos peninsulares, y con los emisarios del emperador alemán Otón I y del de Bizancio; es notable también su carta a José, último rey de los jazares. El alto cortesano ejerció el mecenazgo con los suyos, favoreciendo la poesía y la gramática hebreas así como las traducciones de obras científicas del griego al árabe. El fue el primer impulsor de la cultura hebrea en la Península y del renacer del hebreo como lengua literaria; en su tiempo recibieron también decisivo impulso los estudios rabínicos, fundándose academias en Córdoba y Lucena. Al-Ándalus había de convertirse en el centro espiritual del pueblo judío, arrebatándole a Babilonia su prepoderancia.
Con la caída a comienzos del siglo XI del califato cordobés y su desmembración en los llamados reinos de taifas no decayó sino que por el contrario aun alcanzó mayor esplendor la cultura hebrea, destacando sobre todo las comunidades de Granada y Zaragoza. La gran figura del reino de Granada fue Samuel ibn Nagrela, llamado Hanaguid, visir del rey Badís y hábil político que durante muchos años fue el organizador de la política granadina y general de sus ejércitos, a la vez que extraordinario poeta y erudito rabino. A su muerte en 1056 le sucedió en el cargo su hijo Yosef, quien como su padre se rodeó de judíos en los altos puestos de la administración del reino... En el reino de Zaragoza varios personajes judíos ocuparon destacados puestos en la corte, al amparo de cuyo patronazgo alentaron poetas como Salomón ibn Gabirol y moralistas como Bahiá ibn Paquda.
El tipo de judío andalusí que se plasma en la poesía hebrea de la época es la del cortesano culto y refinado, que siendo amante de los placeres del mundo, de las letras y de las ciencias, se esfuerza en aunar con todo ello la religiosidad tradicional judía. Los jóvenes estudiaban junto con el Talmud otras materias, como poética, filosofía, medicina, astronomía, etc.» (Elena Romero Castelló y Uriel Macía Capón: Los Judíos de Europa. Un legado de 2000 años. "Al-Ándalus", Anaya, Madrid, 1997, págs. 26-29).

La intolerancia bereber

La irrupción de los musulmanes bereberes almorávides (1090-1147) y almohades (1147-1232) en al-Ándalus no sólo no solucionó la amenaza castellano-aragonesa—vigente desde la disolución del califato de Córdoba—, sino que se constituyeron en estados bastantes retrasados si se los compara con el brillante califato cordobés y, por sobre todo, estuvieron en las antípodas de ese espíritu de generosidad, tolerancia y convivencia que caracterizó al gobierno musulmán de la ciudad a orillas del Guadalquivir. Los almorávides no fueron capaces siquiera de reconquistar Toledo (perdida en 1085), y ellos mismos cedieron a los cristianos Zaragoza y otros importantes enclaves andalusíes.
Luego de la derrota del ejército del califa Muhammad an-Nasir en la batalla de las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212), la España almohade se quebró en las llamadas «terceras taifas» que fueron conquistadas por los cristianos una a una: Córdoba en 1236, Valencia en 1238, Sevilla en 1248. La negligencia y quietismo almohades estuvo a punto de hacer perder al Islam la totalidad de al-Ándalus.
Las inadmisibles arbitrariedades y persecuciones almohades contra los judíos y mozárabes a partir de mediados del siglo XII, se extendieron a los musulmanes andalusíes. El gran médico, filósofo y jurisprudente Ibn Rushd (1126-1198), el Averroes de los escolásticos latinos —máximo exponente del pensamiento musulmán andalusí—, fue censurado y padeció confinamiento hasta el fin de sus días; sus libros fueron quemados y su nombre execrado.
Su compatriota y colega Maimónides se vio obligado a buscar refugio en otras regiones del Islam (Marruecos y Egipto), debido a la práctica evidentemente anti-profética y anti-islámica instaurada por los almohades de exigir a judíos y cristianos la conversión a su credo: «Cuando por el avance de las conquistas de los reinos cristianos del norte, los reinos de taifas se derrumabron, ocupó su lugar el imperio de los almorávides venidos del norte de Africa, más intransigentes en materia religiosa. Muchos judíos huyeron entonces de sus ciudades hacia los reinos cristianos; sin embargo, poco después volvieron las aguas a remansarse y es ahora cuando llega a su máximo esplendor la academia rabínica de Lucena. El golpe de gracia a la esplendorosa cultura judía de Al-Ándalus se lo dieron los almohades, fanáticos religiosos norteafricanos, que llegados a la Península para ayudar a sus hermanos en su lucha contra los reyes cristianos, exigieron de todos sus súbditos la conversión al Islam. La inmensa mayoría de los judíos andalusíes huyó entonces de sus tradicionales lugares de asentamiento. Unos escaparon a tierras musulmanas, como es el caso de la familia de Maimónides, que recaló finalmente en Egipto. Otro nutrido grupo emigró a Provenza, adonde se llevaron su rico bagaje cultural ayudando decisivamente al desarrollo intelectual de las comunidades allí asentadas; tal fue el caso, por ejemplo, de los miembros de las familias andalusíes de los Qimhí y los Ibn Tibbon que desarrollaron en Provenza una intensa actividad en diversos campos del saber judío. Pero la gran mayoría de los judíos andalusíes se establecieron en los reinos de Castilla y Aragón, que vieron así aumentar considerablemente su población judía» (Elena Romero Castelló y Uriel Macía Capón: Los Judíos de Europa. Un legado de 2000 años. O. cit., pág. 28).
Sin embargo, debemos ser objetivos en la evaluación de esta dos dinastías africanas. Su autoritarismo más se debía a su rudeza tradicional e incapacidad para gobernar un territorio tan complejo como al-Ándalus que a una deliberada mala intención. Nunca consumaron matanzas ni represiones generalizadas contra los judíos ni contra ninguna otra minoría. Su grave equivocación fue tratar de convertir compulsivamente al Islam a éstos y a los mozárabes.
Sin lugar a dudas, almorávides y almohades estuvieron en las antípodas de los Reyes Católicos Isabel I (1451-1504) y Fernando II (1452-1516) y sus sucesores, los Habsburgo Carlos V (1500-1558), Felipe II (1527-1598) y Felipe III (1578-1621). Estos monarcas reaccionarios trataron de erradicar definitivamente el Islam y el Judaísmo de la Península mediante una sistemática campaña de asesinatos masivos e individuales, la desaparición de personas, la institucionalización de la delación y la tortura, y la destrucción del patrimonio cultural y religioso de judíos y musulmanes.
Contaron para ello con los recursos de una organización terrorista como el Santo Oficio(5) —que lo único que tenía de santo era el nombre—, y luego con la Inquisición española (fundada en 1478), encabezada por expertos verdugos como el fraile dominico Tomás de Torquemada (Valladolid 1420-Ávila 1498) —confesor de los Reyes Católicos— y su sucesor, el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), Inquisidor General, el mismo que el 18 de diciembre de 1499 hizo quemar en la puerta de Bib Rambla en Granada las librerías de los moriscos; más de ochenta mil manuscritos árabes de la España musulmana se perdieron para siempre.
Más de treinta mil judíos y moriscos fueron asesinados entre 1498 y 1568. Muchos miles más fueron torturados y encarcelados. La Inquisición española sería abolida por Napoléon Bonaparte en diciembre de 1808 (cfr. Thomas Hope: Torquemada, Losada, Buenos Aires, 1944; A.S. Turberville: La Inquisición española, FCE, México, 1971, pág. 126).

5-La Inquisición se constituyó en Roma en 1231, con los estatutos Excommunicamus de Gregorio IX (papa entre 1227-1241). La razón argumentada por la Iglesia fue que había que combatir la herejía de los albigenses o cátaros en el sur de Francia a través de una organización jurídico-religiosa con plenos poderes. En 1252 Inocencio IV (papa entre 1243-1254), bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica.

Los judíos de Castilla y Aragón: entre los mecenazgos y las persecuciones
En el siglo XII justamente, en esa ciudad a orillas del Tajo (bajo dominio cristiano desde 1085), comenzó a funcionar la célebre escuela de traductores, fundada por el arzobispo don Raimundo de Toledo (1125-1252), que alcanzará su fama mayor con el mecenazgo de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y de León (1252-1284). Por primera vez los cristianos, musulmanes y judíos constituyeron un lugar destinado a las traducciones de los autores clásicos grecolatinos, que durante 600 años se habían conservado en Oriente y fueron rescatadas y llevadas por los árabes a España.
Cabe mencionar que esta escuela de traducciones atrajo el peregrinaje de numerosos sabios y estudiosos del mundo cristiano altomedieval como el inglés Roberto de Chester, llamado «el Ketenense», que por encargo del abad de Cluny Pedro el Venerable (1094-1156) hizo la primera traducción del Corán al latín hacia 1143 con la ayuda de un erudito musulmán. Un año después, Platón Tiburtino de Tívoli (vivió en España entre 1134-1145), tradujo del hebreo al latín el famoso tratado Hibbur ha-Meshihah del matemático y filósofo judío barcelonés Abraham Bar Hiyyá Hanassi (1035-1136).
El lombardo Gerardo de Cremona (1114-1187), miembro de la escuela de traductores a partir de 1134, tradujo el "Libro sobre el cálculo, álgebra y reducción" (Kitab al-muhtasar fi hisab al-ÿabr ua-l-muqabala) del matemático persa al-Juarizmi (m. 863). Hacia 1150, el ya citado Abraham Ibn Daud y el clérigo Domingo Gundisalvo tradujeron la obra principal del filósofo y poeta judío malagueño Salomón Ibn Gabirol (1021-1153/70) escrita en árabe, Yanbu al-hayat «La fuente de la vida» (en hebreo Mekor jáim), traducida al latín con el título de Fons vitae, que influenció en los cabalistas e inspiró al filósofo holandés descendiente de judíos andalusíes, Baruj Spinoza (1632-1677).
«Mientras los reinos cristianos continuaron su guerra contra los musulmanes, los judíos siguieron siendo imprescindibles para la repoblación de las zonas conquistadas y para la organización de la vida ciudadana, el comercio y la administración; de ese modo fueron ocupando cargos públicos en Castilla, Aragón y Cataluña. Su presencia en la corte vino también favorecida por su conocimiento del árabe —lo que les hacía útiles para tareas diplomáticas—, y por su saber en medicina y en otras ciencias. Alfonso VI tuvo a su lado como médico y consejero a Yosef ibn Ferruziel (Cidiello), quien sería el precursor de los grandes magnates que irían apareciendo en los reinos cristianos hasta el momento mismo de la expulsión. En el siglo XIII reyes como Alfonso X y Sancho IV en Castilla y Jaime I y Pedro III en Aragón contaban con judíos en sus cortes como consejeros, médicos, diplomáticos y financieros» (Elena Romero Castelló y Uriel Macía Capón: Los Judíos de Europa. Un legado de 2000 años. O. cit., págs. 41-42)
Sin embargo, el asalto de las juderías de Toledo y León, en esa misma época, delata que la tolerancia no era un concepto extendido en los reinos cristianos.
La Iglesia católica acusaba a los judíos de haber asesinado a Jesús, el hijo de María (la Paz sea con él) y les obligaba a la conversión. La era de los anusím (en hebreo: "conversos forzados") se había inaugurado. En este contexto se produjeron en julio de 1263 los enfrentamientos teológicos de Barcelona entre el apóstata de origen judío Pablo Cristiano y el gran filósofo judío Moisés Ben Nahmán (1195-1270), llamado Nahmánides por los latinos, ante la presencia de Jaime I el Conquistador, rey de Aragón (1213-1276). Dos años después Nahmánides fue acusado de blasfemo por los dominicos, orden que ejercía poderes inquisitoriales, y el sabio gerundense optó por exilarse en Palestina.
En el siglo XIV se quebró la inestable convivencia entre judíos y cristianos con un violento antisemitismo. En 1348, los judíos fueron acusados de los desastres de la peste negra y perseguidos. La guerra civil castellana de 1366-1368, entre los partidarios de Pedro I el Justiciero —protector y benefactor de judíos y musulmanes— y su hermanastro Enrique de Trastámara, y la posterior victoria de este último trajeron graves consecuencias para los judíos castellanos.
«Hacia 1320 empezó asimismo a difundirse por los reinos hispanos las acusaciones de que los judíos envenenaban aguas y profanaban hostias, las cuales crecieron considerablemente durante los años de la peste negra que asoló a Europa (1348-1350); tales acusaciones tuvieron mayor virulencia en el reino de Aragón, en donde se produjeron numerosos alborotos populares contra las juderías» (Elena Romero Castelló y Uriel Macía Capón: Los Judíos de Europa. Un legado de 2000 años. O. cit., págs. 44-45)
En 1391, las fanáticas prédicas en Sevilla del arcediano de Écija, Ferrant Martínez, desencadenaron terribles matanzas: las aljamas de Castilla y Aragón fueron asaltadas y miles de judíos perdieron la vida en medio de una violencia indiscriminada. El final de los sefaradím, los judíos españoles, había comenzado.
En el siglo XV (1412-1418) comenzaron los sermones del misionero valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419), que produjeron masivas conversiones instigadas por el miedo. Se aconsejaba a los conversos llevar distintivos en la ropa y encerrarse en los barrios prefijados para no ser víctimas de ataques. Algunos judíos se dedicaban al préstamo, por lo que muchos asaltos a juderías tenían el propósito de condonar la deuda o recuperar los documentos de préstamo. Esta ola de de violencia y desatino tuvo en realidad su origen en la bula de Benedicto XIII (antipapa entre 1394-1423) contra los judíos en 1415.
La subida al trono de los Reyes Católicos en 1474 puso en marcha la solución final para judíos y musulmanes. La nueva monarquía estableció la identidad entre el poder político y el credo. El equilibrio se lograría cuando todos los súbditos profesasen la misma religión. Planteado así, el Judaísmo y el Islam eran un delito contra el Estado, que debía defender la fe de la mayoría cristiana y la unidad civil y política.
La Inquisición no sólo era un tribunal religioso sino también un instrumento del poder estatal que convenció a los monarcas de la necesidad de expulsar a los judíos y musulmanes para erradicar los males de la sociedad. El 31 de marzo de 1492, a tres meses de la caída del último baluarte musulmán en la Península, Isabel y Fernando firmaron el Edicto de de Expulsión, según el cual los judíos que no se convirtiesen deberían abandonar España en cuatro meses dejando todos sus bienes.
Cerca de trescientos mil judíos(el 5% de la población total del país) se vieron obligados a emigrar a regiones más seguras: al Mundo Islámico (Norte de Africa, Imperio otomano, Egipto y Palestina), y a la Europa cristiana (Sur de Francia, Países Bajos, Italia, y Alemania). Unos ciento veinte mil cruzaron el Tajo y se refugiaron en Portugal bajo la especulativa protección del rey Juan II el Perfecto (1455-1495), quien la concedía temporalmente a cambio de gruesas sumas de dinero.

El ladino

El ladino fue el dialecto castellano del siglo XV escrito tanto en grafía latina como hebrea por los judíos sefaradíes expulsados de España en 1492. Distintas comunidades sefaradíes actuales hablan el ladino, cantan canciones y editan periódicos y revistas en ese idioma.

El paraíso de la Granada nazarí (1232-1492)

«En los tiempos del Reino de Granada los judíos convivían con los árabes en perfecta armonía. Era la Granada exquisita y tolerante de los reyes Nazaríes que supieron engalanarla como a una joya prodigiosa con los torreones espléndidos y las primorosas taraceas, que tienen por verde marco los jardines maravillosos, esos jardines árabes cautivos entre patios, muros y arcadas. Cúpulas y yeserías, columnas y arcos, mosaicos y artesonados, bordaron la belleza incomparable del Mirador de Daraxa, de la Torre de Comares, del Patio de los Leones. Y por doquier, el regalo cristalino del agua. El agua de la Alhambra, se deshilacha en hilos tenues. Los surtidores brotan entre las qasidas de Ibn Zamrak (1333-1393), que ornamentan los muros y circundan las tazas marmóreas de las fuentes. En Granada el sonido del agua es tenue, susurrante; se diría el desgranar melódico de un prodigioso collar de perlas. (...) Fue aquélla la época dorada de los israelitas, que estuvieron siempre en pie de igualdad con los musulmanes» (F. Torroba Bernaldo de Quirós: Historia de los sefarditas. O. cit., pág. 189).

La Sefarad de hoy

Los primeros libros que se imprimieron en hebreo, fueron publicados en Italia; Joshua Soncino, miembro de una gran familia de editores judíos nacidos en Italia, imprimió la primera Biblia hebrea completa en (1488). Unos veinte años después, el editor holandés cristiano Daniel Bomberg fundó una editorial hebrea en Venecia y publicó las primeras ediciones completas tanto del Talmud palestino como del babilónico, así como las obras de Maimónides y otros pensadores sefaradíes. A partir de la expulsión de los judíos de España (1492), la brillante cultura sefaradí verá el ocaso de su esplendor, siendo sustituido por el florecimiento ashkenazí centroeuropeo, especialmente en el campo jurídico-religioso.
La comunidad judía de España cuenta en la actualidad con una cifra de trece mil miembros. La mayor parte de los sefaradíes viven hoy en el Mundo Islámico y en América Latina —cfr. Eli Barnavi (ed.): A Historical Atlas of the Jewish People. From the Time of the Patriarchs to the Present, Schochen Books, Nueva York, 1992—.
Los sefaradíes representan actualmente el 60% de la población judía mundial, entre la que destaca la comunidad establecida en Marruecos.

LOS SABIOS DE SEFARAD

Los sabios judíos de al-Ándalus, filósofos, científicos y literatos, hasta el siglo XIII, son araboparlantes y en consecuencia escriben en el árabe culto de su entorno.

Ibn Shaprut

El polímata Hasdai Ibn Shaprut (hacia 910-970) fue el médico de la corte de Abderrahmán III y al-Hakam II. Esta eminente personalidad judía alcanzó una posición de relevancia política que ningón otro judío había logrado hasta entonces en España y es el primer personaje hispanohebreo cuya vida y obra conocemos con detalle. Pertenecía a una importante familia judía oriunda de Jaén y fue su padre Itzhak Ben Ezrá Ben Shaprut, un hombre al parecer muy rico y piadoso, quien decidió trasladarse a Córdoba, la capital de al-Ándalus, y establecerse allí. Recibió Hasdai una esmerada educación judía y musulmana y puso además su empeño en estudiar medicina, sobresaliendo notablemente en esta ciencia. También mostró un gran interés por los estudios lingüísticos y asimismo dedicó su tiempo al aprendizaje de las lenguas árabe y latina. Aunque parece que su principal cargo fue ser médico del califa cordobés, desempeñó tambin otras importantes funciones. Su conocimiento de las lenguas le permitió realizar en ocasiones misiones diplomáticas de éxito para la corte de Córdoba, de modo que también se dejó sentir su influencia en la política exterior del califato.
En el terreno de la medicina colaboró con el grupo que tradujo al árabe el original griego de la Materia médica de Dioscórides Pedáneo de Cilicia (40-90) —el primer tratado serio y libre de supersticiones sobre botánica y farmacología—, y que recopiló en dicha obra todo el saber farmacológico de su tiempo. Este importante texto fue uno de los regalos que el emperador de Bizancio, Constantino Porfirogenetos, hizo al califa Abderrahmán III con motivo de las relaciones diplomáticas existentes entre los dos países.
Con el fin de llevar a cabo la versión de la obra al árabe el califa pidió al emperador que le proporcionara un experto en lengua griega para que tradujera el original griego al latín. El monje Nicolás fue enviado a Córdoba para realizar tal misión y Hasdai colaboró con él, pues debido a sus conocimientos de la lengua latina y de la ciencia médica su intervención fue de gran importancia para que la mencionada versión árabe se llevara a cabo. Respecto al talento diplomático de Hasdai y sus logros en este campo destacaremos su intervención en las negociaciones con la reina Toda de Navarra, que acudió a Córdoba en el año 958 con su nieto Sancho I el Craso, rey de León (956-958/960-966), que buscaba el apoyo de Abderrahmán para recuperar su reino y los servicios médicos de Hasdai para curarse de su hidropesía. La actuación de Hasdai en este caso, como médico y diplomático, dio lugar a una beneficiosa alianza cuya realización se atribuyó a su habilidad y talento. Véase David Gonzalo Maeso: Un jaenés, ministro de dos califas (Hasday ibn Shaprut), Boletín del Instituto de Estudios Jiennenses, Jaén, 1956.
«Mayor interés despertó esa floreciente cultura árabe entre los embajadores transpirenaicos que traían misiones diplomáticas ante los califas cordobeses. Instalados en la capital del califato, pronto vieron la superioridad científica, filosófica y cultural del Islam sobre los reinos cristianos europeos y sintieron enseguida la avidez de llevarse cuanto podían de libros, de saberes y aún de intelectuales y científicos en persona. Es el caso de los embajadores recibidos por 'Abd al-Rahmán (912-961) y su amigo íntimo, eminente científico, el judío Hasday ibn Shaprut (h.910-970), que tanto le ayudó en misiones diplomáticas, a través de las cuales la ciencia árabe penetró en Europa. Tales fueron las que recibió del emperador germánico Otón (912-973) y del rey franco Hugo Capeto (938-996)» (Joaquín Lomba Fuentes: La raíz semítica de lo europeo. O. cit., pág. 39).
«Los dos grandes logros que hicieron célebres a Hasday en el campo de la medicina fueron su traducción del Dioscórides y la invención de un prodigioso fármaco que venía a ser como una especie de penicilina de su tiempo. (...) El otro logro de Hasday en el campo de la medicina fue la invención de un fármaco "triaca" (theriaca), llamado en árabe furuq, de extraordinarias propiedades curativas En el siglo I antes de la era cristiana, el rey Mitridates Eupator descubrió el remedio curativo theriaca. Más tarde, el médico de nerón , Andrómaco de Creta, había perfeccionado el fármaco, creando una droga de 61 elementos. Al andar el tiempo, la fórmula se perdió y constituyó el objeto de la búsqueda de muchos médicos. Hasday logró dar de nuevo con la fórmula.» (Carlos del Valle Rodríguez: La Escuela Hebrea de Córdoba. Los orígenes de la escuela filológica hebrea de Córdoba, Editora Nacional, Madrid, 1981, págs. 60, 63 y 64).
Hasdai fue considerado como nasi (príncipe) de las comunidades judías de al-Ándalus. Entre sus protegidos se encuentran, por ejemplo, los dos primeros poetas hispanohebreos, Dunash ben Labrat y Menahem ben Saruq, pioneros también de los estudios gramaticales. Véase Angel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás: Gramáticos hebreos de al-Ándalus (siglos X-XII), Ediciones El Almendro, Córdoba, 1988; Angeles Navarro Peiró: Literatura hispanohebrea (siglos X-XIII), Ediciones El Almendro, Córdoba, 1988.

Ibn Gabirol

Salomón Ibn Gabirol (1022-1053/1070), latinizado Avicenbrón o Abencebrol, fue un renombrado poeta y filósofo judío andalusí nacido en la ciudad de Málaga, que durante años estuvo al servicio de Samuel Ibn Nagrila (993-1055), visir (ministro) de los soberanos bereberes ziríes de Granada Habús Ibn Maksán (1025-1038) y Badís Ibn Habús (1038-1077). Neoplatónico, mantuvo fuertes controversias con los sectores opuestos al pensamiento filosófico. Su trabajo poético más destacado es «Corona Real» (en hebreo Kéter Maljút). Allí afirma su profunda convicción monoteísta, tan cara a judíos y musulmanes:
«Eres Uno, el principio de toda enumeración,
y la base de todo edificio.
Eres uno, y, por el misterio de tu Unidad,
la razón de los sabios queda estupefacta,
porque de ello no conocen nada...
En efecto, no se concibe en Tí
ni multiplicación ni modificación...
Eres Uno. Tu sublimidad y tu trascendencia
no pueden disminuir ni descender.
¿Podría existir el Uno que decae?».
Su obra por excelencia, escrita en árabe, es Yanbu al-hayat «La fuente de la vida» (en hebreo Mekor jáim), traducida al latín con el título de Fons vitae por el clérigo español Domingo Gundisalvo en 1150, influenció en los cabalistas e inspiró al filósofo holandés descendiente de judíos andalusíes, Baruj Spinoza (1632-1677).
Véase Shlomó Ibn Gabirol: La Fuente de la Vida. Corona Real, Editorial S. Sigal, Buenos Aires, 1961; J. Schlanger: La philosophie de Salomon ibn Gabirol. Etude d’un néoplatonisme, Brill, Leiden, 1968; Salomón Ibn Gabirol: Selección de perlas, mibhar hap nimin (Máximas morales , sentencias e historietas), Versión española, con introducción y notas por David Gonzalo Maeso, Ameller, Barcelona, 1977; Ibn Gabirol: La corrección de los caracteres. Introducción, traducción y notas de Joaquín Lomba Fuentes, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1990; María José Cano: Ibn Gabirol: poesía religiosa, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1992; José María Millás Vallicrosa: Selomoh Ibn Gabirol. Como poeta y filósofo. Ed. Universidad de Granada, Granada, 1993.

Bar Hiyya

Abraham Bar Hiyya Savasorda ha-bargeloní "el Barcelonés" (1065-1136) fue un filósofo y matemático sefaradí, uno de los primeros expositores del álgebra árabe en Occidente. Sus obras principales han sido traducidas al castellano y otros idiomas: Abraham Bar Hiyya: Llibre revelador, Meguil.lat hamegal.lè, Segons l'edició del text revisat i prologat pel Dr. Juli Guttmann/Abraam bar Hiia; Versió de l'hebreu per J. Millàs i Vallicrosa, Alpha, Barcelona, 1929; Abraham Bar Hiyya: Llibre de geometria, Hibbur hameixihà uehatixbòret, Segons el text editat i prologat pel Dr. Miquel Gutmann/Abraam bar Hiia; Versió de l'hebreu per J. Millàs i Vallicrosa, Alpha, Barcelona, 1931; Abraham Bar Hiyya: La obra enciclopédica Yesode hatebuná u migdal ha-emuná de Rabí Abraham bar Hiyya Ha-bargeloní / Edición crítica con traducción, prólogo y notas por José Mª Millás Vallicrosa, Instituto Arias Montano (CSIC), Madrid/Barcelona, 1952; Abraham Bar Hiyya: La obra Forma de la tierra de Rabí Abraham bar Hiyya Ha-bargeloní / Traducción del hebreo, con prólogo y notas por José Mª Millás Vallicrosa, Instituto Arias Montano (CSIC), Madrid/Barcelona, 1956; Abraham Bar Hiyya: La obra Séfer Hesbón mahlekot ha-kokabim (Libro del cálculo del movimiento de los astros) del Rabí Abraham bar Hiyya Ha-bargeloní / Edición crítica, con traducción, introducción y notas por José Mª Millás Vallicrosa, Instituto Arias Montano (CSIC), Madrid/Barcelona, 1959.

Yehudá ha-Leví

El apologista hebraico-andalusí Yehudá ha-Leví (1075-1141) escribió el Libro de la prueba y de la demostración en defensa de la religión menospreciada, más conocido con el título de «El Cuzarí». Los argumentos de esta obra apologética partían del hecho histórico de la conversión al judaísmo del Jan de los jazares turcos (instalados en las estepas de Rusia meridional) en el siglo VII. Conviene subrayar que una obra como «El Cuzarí» jamás habría visto la luz si no hubieran servido de ejemplo otros tratados polémicos surgidos en el seno de la religión musulmana (cfr. El Cuzarí, Editorial S. Sigal, Buenos Aires, 1961; Arthur Koestler: El imperio kazaro y su herencia, Aymá, Barcelona, 1980).

Abraham Ibn Ezrá

Tras la colosal figura de Abraham Bar Hiyya, tan importante para la educación de Europa, hay que citar otra de igual relieve, la del tudelano Abraham Ibn Ezrá (1089-1164).
De él dice el hebraísta sefaradí David Romano: «Es el más influyente de los científicos judíos que vivieron en la Alta Edad Media cristiana y lo es en su doble faceta de creador — realmente es el único de su época— y trasmisor, no sólo a los intelectuales judíos, sino también a los cristianos. Fue autor prolífico en muy variados campos. Gramático, teólogo, exegeta bíblico (...) Asimismo se ocupó mucho y bien de temas científicos: cultivó sobre todo el campo matemático, en especial el astronómico y su aplicación astrológica; en cambio, nada sabemos de que se interesara por cuestiones médicas» (David Romano: La ciencia hispanojudía, Mapfre, Madrid, 1992, págs. 104-105).
Véase Abraham Ibn Ezra: El libro de los fundamentos de las tablas astronómicas de Rabí Abraham ibn Ezra / Edición crítica, con introducción y notas por José Mª Millás Vallicrosa, Instituto Arias Montano (CSIC), Madrid/Barcelona, 1947; Abraham Ibn Ezra: Séfer Sahot de Abraham ibn Ezra / Edición crítica y versión castellana/Carlosd del Valle Rodríguez, Universidad Pontificia, Salamanca, 1977.

Yehudá al-Harizí

En el siglo XII el escritor Yehudá al-Harizí (h. 1170-1235), nacido cerca de Barcelona, de una familia oriunda probablemente de Granada, vivió, sobre todo, en Toledo, Cataluña y Sur de Francia. Adoptó en la literatura judeoandalusí las reglas y las imágenes de la poesía islámica, y fue autor de una colección de Maqamat(6) titulada «Tahkemoni».
«Su labor traductora del árabe al hebreo se centra, por ejemplo, en "Los dichos de los filósofos", de Hunayn ibn Ishaq, en una carta atribuida a Aristóteles, en varios tratados de filosofía y medicina, en el "Libro sobre el alma" del Pseudo Galeno, y, sobre todo, en la "Guía de los perplejos" de Maimónides» (Joaquín Lomba Fuentes: La raíz semítica de lo europeo. O. cit., pág. 59).

6-Las Maqamat (composiciones de un género literario caracterizado por su temática ejemplarizante y humorística) fue un estilo revolucionario desarrollado por la literatura islámica cuyo principal exponente fue Abu Muhammad al-Qasim Ibn Alí al-Harirí (1054-1122), perteneciente a la denominada "Escuela de Bagdad".
 

Moisés Ibn Ezrá

El granadino Moisés Ibn Ezrá (1060-1139) escribió el más importante tratado de teoría poética judía en árabe, llamado Kitab al-muhadarah ua al-mudhakarah. Véase Alejandro Díez-Macho: Moshé ibn Ezra como poeta y preceptista, Instituto Arias Montano, Madrid, 1953; Angeles Navarro Peiró: El tiempo y la muerte. Las elegías de Moseh ibn Ezra, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1994; Paul B. Fenton: Philosophie et exégese dans le jardin de la métaphore de Moïse Ibn Ezra, philosophe et poète andalou du XIIe Siècle, Leiden, 1996).

Ibn Paquda

Siempre en al-Ándalus, el filósofo y moralista judío zaragozano Bahya Ibn Paquda (segunda mitad del siglo XI), influenciado por las corrientes gnósticas islámicas y neoplatónicas, escribió en árabe la «Doctrina de los deberes de los corazones» (al-Hidaya ila fara’id al-qulub), (Editorial S. Sigal, Buenos Aires, 1958) una de las obras maestras de la literatura ascética.
Conviene resaltar que algunas de estas obras se han conservado hasta hoy gracias a su traducción en hebreo (habiéndose perdido la traducción árabe, o la traducción latina a partir del hebreo).
Dice Ibn Paquda:
«Te he buscado, Dios mío, a media noche
en el fondo de mi alma entre tinieblas;
te he recordado en los atardeceres
y brilló para mí la gloria de tu nombre
como la luz del sol esplendorosa».

Maimónides, pensador judío en lengua árabe

El Rabí Moshé Ben Maimón, en árabe Abu Imran Musa Ibn Maimún Ibn Abdallah al-Qurtubí, el Maimónides de los latinos, que recibió el apodo de RaM-BaM (ram-bam), nació en la ciudad hispanomusulmana de Córdoba el 30 de marzo de 1135 y falleció en Fustat, el viejo Cairo, Egipto, el 13 de diciembre de 1204.
Eminente médico, jurista y filósofo, en 1160 emigró a Fez, en Marruecos, para beneficiarse de las enseñanzas del sabio Yehudá Ibn Sason. Luego de un viaje por Palestina (1165), se radicó definitivamente en Fustat. Allí muy pronto se hizo célebre practicando la medicina de tal manera que se convirtió en médico personal del último califa fatimí al-Adid (g. entre 1160-1171) y de su sucesor, el sultán Salahuddín al-Ayubí (1137-1193), el Saladino de los cruzados.
Hacia 1173, su hermano menor David, próspero comerciante de piedras preciosas, murió ahogado cuando el navío musulmán que lo transportaba se hundió en el Océano Indico. Por esa época, Maimónides se casó por segunda vez —su primera esposa había fallecido joven, tiempo atrás en al-Ándalus— con la hermana de Abu-l-Ma'ali Ben Hibbat Allah, un judío que era escriba de la corte de Saladino.
Maimónides es el máximo pensador judío de la Edad Media y el polígrafo por excelencia del Judaísmo. Sus obras, todas escritas en árabe, abarcan las disciplinas más importantes y fueron redactadas en su mayoría durante su residencia en Egipto.
Sobre astronomía escribió el «Tratado sobre el calendario (judío)» (1158), las «Reglas de la consagración de la neomenia» (antes de 1180) y una «Carta a los rabinos de Marsella sobre la astrología» (1194). Sobre filosofía, destacan su «Guía de los descarriados (o de los perplejos vacilantes)» (realizada entre 1185 y 1190), titulada en árabe Dalalat al-ha'irín y llamada en hebreo Moré nevujím. Sus obras médicas principales son «Aforismo médico de Moshé» (1187-1190), «Tratado sobre el asma» (1190), «Sobre el coito» (1191), «Sobre higiene» (1198) y «Explicación de las particularidades (de los accidentes)» (1200). De sus obras rabínicas sobresale la «Segunda Ley» (1180), en hebreo Mishné Torá.
Maimónides es el paradigma de la hermandad judíomusulmana y de la tradición abrahámica monoteísta. Su principal esfuerzo fue conciliar la religión revelada con la razón en base a la vía abierta por la filosofía islámica (falsafa), afirmando que la adquisición de la ciencia es una de las formas más elevadas de la fe.
Influenciado por Razes, al-Farabí, Avicena, Avempace, Avenzoar, y particularmente por su compatriota y vecino, el cordobés Averroes, su pensamiento penetró en los ámbitos escolásticos cristianos e iluminó el camino de San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino.
Sus obras fueron vertidas al hebreo por traductores como Samuel Ben Yehudá Ibn Tibbón (1150-1230) y Moshé Ben Samuel Ibn Tibbón (m. 1283), y al latín, algunas por Edward Pococke (1604-1691), el profesor de árabe de Oxford.
Véase Maimónides: Guía de los descarriados, 3 vols., S. Sigal, Buenos Aires, 1955; Meir Orián: Maimónides. Vida, pensamiento y obra, Riopiedras, Barcelona, 1984; David Romano, Miguel Cruz Hernández, Diego Gracia y Juan Vernet: Maimónides y su época, Ministerio de Cultura/Junta de Andalucía/Ayuntamiento de Córdoba, Córdoba, 1986; Maimónides: Guía de los perplejos, 3 vols., Cien del mundo, México, 1993; Maimónides: Guía de perplejos, Trotta, Madrid, 1994; Abraham Joshua Heschel: Maimónides, Muchnik Editores, Barcelona, 1995; Maimónides: Guía de los perplejos, Ramón Llaca y Cía, México, 1996.

Ben Sahl

El sevillano Abu Ishaq Ibrahim Ben Sahl (1212-1251, de origen judío, fue un notable poeta que se convirtió al Islam destacándose en el estudio de las ciencias coránicas, y llegando a ser secretario del gobernador musulmán de Ceuta (cfr. Ben Sahl de Sevilla: Poemas, Hiperión, Madrid, 1984).

Ibn Falaqera

Shem Tov Ibn Yosef Ibn Falaquera o Palquera (1225-1295) fue un filósofo y traductor sefaradí, defensor acérrimo de las obras de Maimónides. Véase Semtob ibn Falaquera: Versos para la sana conducción del cuerpo. Versos para la sana conducción del alma de Sem Tob ibn Falaquera/Traducción, edición crítica y comentario por Mª Encarnación Varela Moreno (Universidad de Granada), Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca, 1986.

Moisés de León

El cabalista sefaradí Moisés de León (1240-1290) residió una buena parte de su vida en Guadalajara y publicó el Séfer ha-zohar ("Libro del Esplendor"), obra considerada por los cabalistas como el auténtico libro sagrado de la Cábala. Escrita en arameo, la obra redactada a modo de comentario de la Torá, desarrolla una exposición doctrinal teosófica que se encuentra a caballo de la cábala profética, propia de la escuela de Gerona y una corriente que se inclina hacia el redescubrimiento de la gnosis originaria.

En Mallorca se dibuja el mundo

Bajo la égida del rey aragonés Pedro IV el Ceremonioso varios judíos mallorquines destacaron en la fabricación de instrumentos de cálculo y también en el dibujo de cartas de navegar y mapasmundi, como Abraham Crescas y su hijo Yehudá Crescas. Padre e hijo confeccionaron varios mapamundis, entre ellos el que se encuentra en la Biblioteca Nacional de París, conocido con el nombre de Atlas Catalán de 1375.
Este Atlas marca uno de los hitos más señalados de la cartografía medieval. Se trata de un portulano que consta de seis hojas de pergamino, de las cuales cuatro representan regiones costeras situadas entre Gibraltar y el mar de la China.
«En el reinado de Pedro IV (1336-1387) las casi mil familias instaladas en Mallorca y Menorca poseían un alto nivel cultural. Florecían entre ellos las ciencias, sobre todo lo relacionado con la navegación; muchos hebreos mallorquines destacaron como constructores de instrumentos náuticos, y la cartografía estaba por entero en sus manos. Abraham Crescas, de Palma, y su hijo Yehudá eran célebres por sus mapamundis (le llamaron "el judío de los mapas"); otros cartógrafos fueon Haim Ibn Rish, Gabriel de Valsecha (quien en 1439 diseñó el mapa que debía orientar a Américo Vespucio) y Mecia de Viladestes» (F. Torroba Bernaldo de Quirós: Historia de los sefarditas. O. cit., pág. 179).

Hasdai Crescas

Hasdai Crescas (1340-1410), fue un filósofo hispanojudío, de origen mallorquín, nacido en Barcelona. Fue un defensor de la tradición espiritual judía, y se opuso a Maimónides y otros autores judíos, a los que consideraba excesivamente racionalistas. Muchos de sus argumentos se basaban en las obras de Aristóteles, autor que conocía bien, y empleó argumentos racionales en su defensa de la tradición espiritual frente a cualquier tipo de intelectualismo.
En oposición a Maimónides, Crescas defiende la idea de la existencia de un ser infinito que se encuentra más allá y fuera del mundo (que identifica con Dios), así como la posibilidad de otorgar a Dios atributos positivos como la unidad y la simplicidad. Su obra fundamental es Or Adonai (La luz del Señor), que se publicó en Ferrara (Italia) en 1596 y tuvo una gran influencia en la tradición de la filosofía judía. Hasai Crescas llevó a cabo la crítica de la física aristotélica, influyendo en Pico della Mirandola y en Spinoza.

Abraham Zacuto

El último exponente de la riquísima tradición astronómica andalusí fue el rabí Abraham Zacuto bar Samuel bar Abraham Zacut (1450-1522?), nacido en Salamanca. En la universidad de esa ciudad estudió medicina, astrología y matemáticas. Luego de vivir algún tiempo en Zaragoza donde enseñó diversas disciplinas, retornó a su ciudad natal y en la universidad salmantina desempeñó la cátedra de astronomía.
En 1492, debido al edicto de expulsión contra los miembros de su confesión, Abraham Zacuto fue uno de los 120 mil judíos que buscaron refugio en Portugal. Allí, entre 1496 y 1497, asistiría con sus conocimientos astronómicos y náuticos a la preparación de la expedición de Vasco da Gama (1469-1524) —incluso con el suministro de uno de sus astrolabios—, contribuciones que serían exaltadas por Luiz Vaz de Camoes (1524-1580) en sus «Luisíadas» (Canto V).
Sin embargo, debido a las persecuciones ordenadas por Manuel I el Afortunado (rey de Portugal entre 1495-1521) a partir de fines de diciembre de 1496 contra los judíos, Abraham Zacuto se vio obligado a emigrar en forma definitiva de la Península. Con su hijo Samuel se dirigió a Túnez donde fijó residencia. Allí florecía una próspera y docta comunidad judía bajo los auspicios de la dinastía musulmana de los Hafsíes (1228-1534). Algunos años después, cuando la conquista española amenazó aquella costa africana, marchó a Turquía, pasando el final de sus días en Damasco (Siria). Su bisnieto fue el célebre médico llamado «Zacuto lusitano».
Las obras principales de Abraham Zacuto son una obra histórica compuesta entre 1480 y 1510: el Séfer Yuhasin ("Libro de las genealogías o de los linajes"), y dos tratados astronómicos: el Hajibbur Hagadol ("Compilación magna" o "Gran obra"), redactado hacia 1478, y el Almanach perpetuum ("Almanaque perpetuo"), publicado en Leria (Portugal) en 1496. Abraham Zacuto cita elogiosamente en sus trabajos a numerosos autores musulmanes como al médico ar-Razí o Razes (844-926), al astrólogo tunecino Ibn Raÿal, latinizado Abenragel (940-?), a los astrónomos Alfraganus (813-882) y Azarquiel (1029-1087), y a Averroes (1126-1198).
Véase Antonio Barbosa: O Almanach Perpetuum de Abraham Zacuto e as Tábuas nauticas portuguesas, Coimbra, 1929; Francisco Cantera Burgos: El judío salmantino Abraham Zacut. Notas para la historia de la astronomía en la España medieval, Bermejo, Madrid, 1931; José Luis Lacave: El «Séfer Yuhasin» de Abraham Zacut, Facultad de Filosofia y letras, Madrid, 1970; Abraham Zacut: Almanach Perpetuum (en castellano), Imprensa Nacional-Casa de Moeda, Lisboa, 1986.

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América

Fuente de controversias entre los especialistas, la contribución de judíos y conversos al descubrimiento de América parece haber sido de suma trascendencia.
Historiadores como Salvador de Madariaga (La Coruña 1886-Locarno 1978), sostienen que los Colombo descendían de judíos mallorquines (xuetas o chuetas) establecidos en Génova en el siglo XV —cfr. Salvador de Madariaga: Vida del Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, Sudamericana, Buenos Aires, 1991; Ibrahim Husain Hallar: Descubrimiento de América por los Árabes, Cap. III: «Cristóbal Colón judío», Edición del Autor, Buenos Aires, 1959,—; y que Cristóbal Colón (1451-1506) por tanto, era un converso (cfr. Simon Wiesenthal:
Cuando el almirante llegó a Portugal se casó con Felipa Moniz, cristiana nueva de origen judío. En tierra portuguesa Colón obtiene ayuda de los judíos para su proyecto, así como apoyo científico a través de mapas, tablas de astronomía y los trabajos de Abraham Zacuto (ver aparte).
En Castilla es acogido por el duque de Medinaceli, nieto de una judía. En la corte le ayudaron también Abraham Senior y Ashaq Abravadel, colaboradores de la reina, y en su favor intervinieron los conversos Juan Cabrero, Alfonso de la Caballería y Luis de Santángel. Este último adelantó 70.000 ducados para financiar la empresa.
Entre los tripulantes de las naves figuran un intérprete de hebreo y varios hombres de origen judío. Entre los 120 navegantes del primer viaje no había ningún sacerdote católico.
Es bien conocida la historia de Colón y del marinero morisco Rodrigo de Triana(7); ésta se constituyó en la primera de la larga serie de injusticias que caracterizaron a la colonización de las Américas (cfr. Georg Friederici: El carácter del descubrimiento y de la conquista de América, 3 vols., FCE, México, 1987).

7-Rodrigo de Triana (fl. finales s. XV principios s. XVI), fue un marinero de origen musulmán, miembro del primer viaje americano de Cristóbal Colón. Conocido como Rodrigo de Triana, su verdadero nombre, al parecer, era el de Juan Rodríguez Bermejo, un morisco procedente de Los Molinos (Sevilla). Formó parte de la tripulación del primer viaje colombino a América, y su nombre ha pasado a la historia por ser el primero en divisar tierra desde su puesto de vigía en La Pinta, en la madrugada del 12 de octubre de 1492. Lo que Rodrigo había avistado era una pequeña isla del archipiélago de las Lucayas (Bahamas), cuyo nombre indígena era Guanahaní, a la que Colón llamó San Salvador Rodrigo de Triana no pudo cobrar los 10.000 maravedíes de recompensa que habían prometido los Reyes Católicos al primero que divisara tierra, ya que Colón adujo haberla visto antes que él y se embolsó la suma. En 1525, Rodrigo de Triana participó en la expedición del fraile dominico García Jofre de Loaisa (1480-1546) a las Molucas. El triste episodio que protagonizó Colón nada tiene que ver con la fe judía de sus padres y amigos. Éste se caracterizó por no ser precisamente un creyente y si más bien un individuo materialista, inescrupuloso y ambicioso que no trepidó en conducir un cargamento de esclavos al continente americano en su segundo viaje (1493) —cfr. Jean Meyer: Esclavos y negreros, Aguilar, Madrid, 1989, pág. 23—-.

León Hebreo

Yehudá León Abravanel (1460-1521), más conocido por León Hebreo, fue un famoso filósofo, médico y poeta sefaradí. Vivió en Toledo y emigró a Italia tras la expulsión de los judíos españoles. Escribió (en italiano) entre 1501 y 1502 unos Diálogos de amor (Espasa-Calpe, colección Austral, Buenos Aires, 1947) que alcanzaron gran notoriedad. Para León Hebreo, el amor es el principio universal que domina todos los seres del universo; es la idea de las ideas, tiene un origen divino y es la finalidad de toda forma de movimiento. La realidad de cada ser no es sino su grado de amor. En su obra se funden las influencias de la filosofía neoplatónica con otras ideas procedentes de Aristóteles, Ibn Gabirol, así como de las tradiciones judía, cristiana y musulmana. Los Diálogos fueron traducidos al español por Garcilaso de la Vega en 1590, y tuvieron influencia en el pensamiento de Baruj Spinoza.

EL MISTICISMO SEFARADI

La Cábala (en hebreo, "tradición recibida"), en sentido genérico, misticismo judío en todas sus variantes; en su sentido específico designa dos escuelas cabalísticas: la escuela alemana, centrada en la oración y meditación, y la hispana, que derivó hacia la especulación y la teosofía esotérica que cristalizó en el siglo XIII en la península Ibérica y Provenza alrededor del Séfer ha-zohar ("Libro del Esplendor"), conocida como el Zohar, y de donde derivan todos los movimientos religiosos posteriores en el judaísmo.
La forma más antigua conocida del misticismo judío data de los primeros siglos y es una variante del misticismo helenístico astral de la era cristiana, en el cual el adepto, a través de la meditación y la utilización de fórmulas mágicas, viajaba en éxtasis, a través y por encima de las siete esferas astrales. En la versión judía, el adepto busca una versión extática del trono de Dios, el carro (merkava) conducido por el profeta Ezequiel (Ez.: 1).

El período medieval

La cábala española medieval, la forma más importante del misticismo judío, está menos relacionada con la experiencia extática que con el conocimiento esotérico de la naturaleza del mundo divino y sus recónditas conexiones con el Universo. La cábala medieval es un sistema teosófico que se basa en el neoplatonismo y el gnosticismo y se expresa a través de un lenguaje simbólico. El sistema se articula de una manera más amplia en el Zohar, escrito entre los años 1280 y 1286 por el cabalista español Moisés de León, pero atribuido, según algunos especialistas, al rabí Simón bar Yohai (siglo II), discípulo del rabí mártir Akiva ben Yosef (40-135). El Zohar representa a la divinidad como un dinámico flujo de fuerza compuesto por numerosos aspectos. Más allá y por encima de toda contemplación humana está Dios como Él es en sí mismo, lo incognoscible y lo inmutable En Sof (infinito). Otros aspectos o atributos, conocidos, a través de la relación de Dios con el mundo creado, son las emanaciones del En Sof en una configuración de diez sefirot (reinos o planos), a través de los cuales el poder divino se irradia más allá para crear el cosmos. La teosofía zohárica se concentra en la naturaleza e interacción de los diez sefirot como símbolos de vida interna y procesos de la naturaleza divina.
Debido a que los sefirot son también arquetipos de todo lo creado, el entendimiento de sus acciones puede iluminar las obras internas del cosmos y de la historia. El Zohar, por esta razón, da una interpretación cósmica y simbólica del judaísmo y de la historia de Israel en la cual la Torá y los mandamientos, al igual que la vida de Israel en el exilio, se convierten en símbolos de los sucesos y procesos de la vida interna de Dios. Así interpretados, hasta la observancia de los mandamientos asume un significado cósmico.

Cábala luriánica

Este aspecto cósmico del Zohar se desarrolló de forma dramática y con graves consecuencias en la cábala luriánica del siglo XVI, denominada así por su fundador, el Rabí Isaac ben Salomón Luria Ashkenazi de Safed.
El sistema luriánico surge como respuesta a la experiencia sufrida por los judíos expulsados de España en 1492 y proyecta esta experiencia al mundo divino. Según este sistema, el En Sof se ensimisma (tzimtzum) al principio de la creación, dejando espacio para el mundo, pero también para el mal. Una catástrofe cósmica ocurre cuando las emanaciones de la luz divina estallan y las chispas quedan prisioneras en el mundo como fragmentos del mal (qelippot). La tarea humana, a través de la oración y el cumplimiento de los mandamientos, se convierte en nada menos que la redención (tiqqun) del mundo y la reunificación con la esencia de Dios. La cábala se convirtió así en un movimiento popular mesiánico, que más tarde desembocó en el mesianismo sabático y, en el siglo XVIII, en el hasidismo polaco.

La ímproba tarea de los hebraístas españoles
Desde que Pulido José María Vallicrosa (1897-1970), traductor del hebreo y del árabe, junto con Francisco Cantera Burgos fundó el Instituto Arias Montano en 1939. Ese mismo año salió el primer número de «Sefarad», revista de la que fue director hasta 1968.

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R.H. Shamsuddín Elía
Profesor del Instituto Argentino
de Cultura Islámica

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