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Por  Víctor Amela

Tengo 69 años, nací en Zurich (Suiza) y ahí vivo. Soy profesor
emérito de Literatura Alemana en la Universidad de Zurich. Me he
casado dos veces y no tengo hijos. Soy un liberal social en tanto que
cristiano católico. Mi pasión es la literatura mística y las

experiencias de los místicos.

–¿Qué es un místico?

Alguien que, más allá de los dogmas de una religión reglada, se sume
en el entendimiento del todo, en la unión con Dios, pero sin por ello
abandonar la vida activa.

–¿Contemplación y acción a la vez?

Sí. Así ha sido en los místicos cristianos europeos a partir del
siglo XIV: Nicolás de Cusa, Benito de Nursia, santa Teresa de Ávila,
san Juan de la Cruz, fray Luis de León, maestro Eckhart, san
Francisco de Asís, Catalina de Siena, Raimon Llull...

–¿No ve el bien y el mal, el místico?

Para el místico, bien y mal se entrelazan. Tiene un pensamiento
relativista: si un grupo de ciegos palpa un elefante, a uno le
parecerá una columna (palpa una pata), a otro una cuerda (palpa la
cola), a otro el hocico de un perro (palpa la trompa)...

–Somos como esos ciegos, ¿no?

Esa es la enseñanza: hay más de lo que podemos palpar, de lo que
vemos. Y el ser humano es su parte visible, sí, pero también la
invisible. Hay un abismo dentro... Y Dios es un abismo. Son abismos
que confluyen.

–¿De qué me sirve eso en pleno siglo XXI?

Es la base de toda paz: si cada hombre es un abismo y ese abismo es
Dios mismo... el otro es también Dios. El otro estaba antes que yo y
después de mí: el otro es prioritario.

–¿Y hay un misticismo islámico o hebreo?

Sí: el sufismo (en el islam) y la cábala (en el judaísmo). Pero la
mística está en tensión siempre con la religión. Está dentro de su
contexto..., pero desbordando sus dogmas.

–¿El caso de Teresa de Ávila, por ejemplo?

Exacto: ella enviaba sus textos al gran inquisidor, dudosa de su
ortodoxia... Porque ella no quería estar fuera de la Iglesia, así
que... ¡o triunfaba o perdía! Y triunfó.

–¿Hay una mística femenina?

De algún modo, sí: la mística masculina tiende a la ascensión, a la
desencarnación; la femenina, a la introspección, a la encarnación, a
lo más físico, corporal. 

Publicado originalmente en La Vanguardia el 5/7/2003

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