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Managua

Anastasio Lovo es de esos escritores que no hacen alarde de un sofisticado lenguaje, a pesar de su gran preparación en lingüística (cuenta con una especialización en Literatura Hispanoamericana y Semiótica de La Universidad de Chile y posgrados de filosofía en la UNAM de México) y una dilatada trayectoria literaria y académica, cultiva la poesía, la crítica literaria, el ensayo, la investigación y la docencia, durante su estancia en Chile tuvo como maestros a Nicanor Parra y Antonio Skármeta. Es un fiel creyente de la Cultura de Paz y el poder de la literatura como herramienta para el diálogo entre culturas y confesiones. Conversamos con él desde su despacho en el Instituto Martin Luther King de la Universidad Politécnica de Managua (UPOLI) sobre poesía, poder, talleres literarios, Festival de Poesía de Granada y por supuesto de Cultura de Paz y diálogo. 

Por Bilal Arif Portillo*

-Los caminos que llevan a la creación literaria suelen ser experiencias muy particulares, en su caso ¿cómo fue que se dejó abrazar por las musas literarias?

En mi temprana infancia pude leer -gracias a mi madre que tenía una pequeña biblioteca- a autores como Rubén Darío y Giovanni Papini, esas fueron mis primeras lecturas. Yo crecí en un pueblito que se llama Juigalpa que en la década de los 60 tenía unos diez mil habitantes, a pesar de eso había en el pueblo una actividad cultural importante y una buena biblioteca, mención especial merecen los profesores Gregorio Aguilar Barea, Mariano Miranda Noguera y en poesía Guillermo Rothschuh, quienes pusieron sus bibliotecas a mi disposición. Recuerdo también que había una gran biblioteca fundada por el Clan Intelectual de Chontales, una organización de la sociedad civil, esta última fue muy importante culturalmente hablando, ya que en ese momento el gobierno de Somoza no promovía la cultura; además colaboré en pequeños periódicos de la escuela secundaria. Así es como me inicié en la literatura.

-Y hoy que han pasado más de cuarenta años de eso, cuáles son los rasgos que definen su producción literaria

Mi producción literaria abarca la poesía, el ensayo y la crítica literaria, en el caso de la poesía mis temas han sido el lenguaje, la metapoesía y la crítica al poder. En el caso del poder siempre he creído que este dificulta las relaciones entre los seres humanos, esto porque hay una diferencia fundamental entre quien tiene poder y el que no lo tiene.

-La literatura entonces debe ser una herramienta para enfrentarse con el poder y la política

Es inevitable en este mundo interactuar en términos políticos tanto con las personas como con las estructuras y lo poderes fácticos, es inevitable que el creador artístico no aborde estos temas, los temas de la poesía son básicamente la vida, la muerte, el tiempo, la guerra, el poder, el amor  y la paz; esos son los temas en que redundamos. Entonces es importante para el poeta abordar estas situaciones y compartir con el hombre y la mujer contemporáneos estas alertas, una crítica a los poderes fácticos no viene mal, de igual manera es necesario dar a conocer cómo el poder abusa de los ciudadanos en cualquier circunstancia y cualquier sociedad.

-Hablemos de influencias en su creación literaria, ¿quiénes dejaron profunda huella en su trabajo?

Yo he sido influido por Pablo Neruda, Ernesto Cardenal, Octavio Paz, Lezama Lima, Mallarmé y Ezra Pound. Esos son los elementos que metí en el alambique de mi cerebro e intenté -como dice Ruben Darío- salir con una vocecita o una rara quinta esencia.

-Y en qué lugar queda Carlos Martínez Rivas

Carlos Martínez Rivas es un maestro de grado altísimo de la poesía lengua española, pero es un maestro que puede devorarlo a uno, en nuestro caso nosotros debemos sacudirnos la influencia de Ernesto Cardenal, Carlos Martínez Rivas y Ernesto Mejía Sánchez; si uno comienza a imitar la obra de estos maestros pues no se hace nada, hay que distanciarse y ver cómo se puede cantar de otra manera. Con él me unió una amistan en los últimos 10 años de su vida y sin duda aprendí mucho de él, pero mi labor también fue buscar formas diferentes de hacer poesía, en pocas palabras ver cómo matar la influencia de papá.

-Uno de los festivales poéticos más importantes en América Latina tiene su sede en la Gran Sultana (Granada), en donde se le rindió a usted un homenaje

Hay un programa del Festival que se llama El Autor y su Obra, en este programa uno cuenta sobre las experiencias literarias, y es un homenaje que se rinde a los escritores nicaragüenses que han hecho algo por la literatura de Nicaragua. Ahora el Festival es la gran fiesta de la palabra y el informe del estado del arte poético en el mundo, se pueden escuchar poetas de Irán, Argelia, Marruecos, Túnez, de Europa y América Latina. 

-Hablemos de los talleres literarios, cree usted en la utilidad de esos ejercicios

Es imposible tener un taller para fabricar poetas, hay un algo que regalan a uno las musas o el Creador, pero los talleres implican un gran esfuerzo, a través de los talleres se aporta a los jóvenes una dimensión de lo que es la poesía, la responsabilidad y del gozo de la misma. Yo por ejemplo he impartido varios talleres en el Centro Nicaragüense de Escritores y tuve excelentes experiencias, pude compartir reflexiones y prácticas poéticas con grandes talentos.

-Desde hace algunos años varios países de América Latina han abierto las puertas a algunos países del Medio Oriente y esto implica que la poesía de estos países también se está traduciendo al español, ¿qué le parece este fenómeno?

Esto hay que verlo desde una perspectiva no solo artística sino también histórica, los musulmanes estuvieron 700 años en España y aportaron una sensibilidad, cosmovisión y un aseo importante a los pueblos europeos, llevaron la universidad y a Aristóteles, si no fuera por los musulmanes nosotros no conoceríamos a Aristóteles. Ahora en poesía debemos acordarnos de las jarchas que fueron una gran influencia en la literatura española, y también el sufismo que fue una mística que alumbra a los creadores poéticas en lengua española, todo esto debe ser valorado y revalorado. Los musulmanes son fundamentales en nuestra visión del mundo y en la estructura de nuestra lengua.

-¿Puede la poesía servir como herramienta para el diálogo inter-confesional?

Claro que sí, si yo conozco la poesía de un pueblo es como conocer su alma, si yo conozco la poesía del pueblo egipcio, libanés, palestino, o sirio, eso me permite profundizar en su ser. ¡Cómo no sentirse enriquecido por ejemplo al leer la poesía persa o las Mil y Una Noches! Conocer al otro obliga no solo a tolerar sino a respetar al otro y sentirse enriquecido, la guerra no puede venir nunca de la poesía. El arte es el vaso comunicante de los pueblos.

-Ahora si la poesía puede obrar esos milagros, habrá que llevarla con mucho ahínco y tesón al Medio Oriente por ejemplo

Lo que siento es una gran pena por la falta de valores humanos en las sociedades permisivas de Occidente, en donde se sacrifica al ser humano de otras regiones por el afán de poder y riqueza, todo esto me genera un gran escalofrío sobre todo por las matanzas que se desencadenan. Es terrible enterarse de los horrores que los poderes fácticos de los Estados Unidos hacen por ejemplo en Siria o de los atentados que se dan en Paquistán. Hay que trabajar por la paz, la paz es una labor de todos los días, debemos construir una cultura basada en la paz y alejarnos de la violencia.

*Ensayista y editor de la Revista Biblioteca Islámica (www.redislam.net) y colaborador del Suplemento Cultural Tres Mil del Periódico Co-Latino de El Salvador.






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