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Muchos han sido los comentarios a favor de las mujeres musulmanas iraníes que han optado por tomarse fotografías sin el hiyab, acto que visto y percibido desde Occidente se constituye en una declaración tanto de rebeldía como de búsqueda de libertad, y claro, ¿quién en esta parte del mundo podría creer lo contrario? Incluso las mismas mujeres musulmanas conversas transcurren en un mundo de aceptación y negación del hiyab tanto por su compromiso y conversión como por un elemental sentido de aceptación en una sociedad que también discurre entre la discriminación y la burla para quienes optan por ser diferentes.

En fin, esta compaña como ya es costumbre en Occidente trata nuevamente de cuestionar a la República Islámica en parámetros culturales y políticos que considera universales lo cual, nuevamente, manifiesta una clara simplificación de la realidad por no decir la construcción de un etnocentrismo que en veces es hasta criminal.

A ver partamos de algo esencial en esta discusión, Irán y Estados Unidos son dos realidades sociales y culturalmente distintas, parece demasiado simple pero lo es, ciertamente en Estados Unidos hay miles de musulmanes pero no podemos afirmar que la sociedad norteamericana está avanzando hacia la islamización, esta afirmación es evidentemente simple y tendenciosa como lo es afirmar que un grupo de mujeres musulmanes quieren emular la idea de libertad de occidente quitándose su hiyab son representativas de todo un conglomerado social que tiene su propia historia.

En perspectiva el hiyab tiene un sentido como la posibilidad de no usar nada para el caso de occidente, esto es básico, el no usar nada en el cabello representa un simbolismo cultural como lo es usar un hiyab, no es la lucha entre el bien y el mal o entre la libertad y la dominación, el velo islámico representa libertad enmarcada en un conjunto de valores culturales como lo es el pelo descubierto. 

El cabello en la mujer, a diferencia del hombre, posee un simbolismo propio, casi el mismo en diversas culturas, define al menos en apariencia lo femenino, es por eso que hoy en día en gran parte de América Latina se asocia a los hombres con largas cabelleras con homosexualidad o en su adscripción norteamericana con la cultura hippie, este tipo de apariencia que teóricamente no definiría el ser o no hombre es para el imaginario social condenado.

Las críticas dentro de la sociedad iraní hacia el hiyab no tiene que ver con el velo en si sino en la doble moral que se prescribe con los hombres los cuales poseen una supuesta libertad para vestir a la occidental y no mostrar más virtud, más allá de la acostumbrada barba que también está de moda en occidente. La homogeneidad cultural es una pretensión de todo Estado pero esto contrasta con la realidad social que por definición es diversa en todos los países del mundo, en el caso de Irán el islam shia es el pegamento de esa diferencia y mantiene unido el proyecto de nación, para el caso del occidente la supuesta libertad expresión y vestir no es más que la manifestación de la libertad de mercado en el que se incluye la apariencia de hombres y mujeres en especial.

Cabellos lacios, rizados, de colores, flecos, en infinidad de estilos que tienen que hacer juego con vestidos, abrigos y hasta accesorios como zapatos y bolsas de calle, no es el cabello al aíre solamente sino el conjunto de elementos que definen a la mujer en una sociedad que promueve el consumo de cada parte de ella, uñas, pies, manos, caderas, vientre, glúteos, pechos, todo.

La normatividad de la vestimenta en sociedades musulmanas no solo tiene que ver con mantener la unidad nacional, sino con necesidad de que esta se presente como el aporte hacia el mundo, no se puede obviar que esta configuración necesita aún más discusión en una sociedad moderna como es Irán hoy en día.

*Antropólogo social, catedrático y articulista guatemalteco
*Imagen de referencia de Internet

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