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Selección de poesía salvadoreña contemporánea

El Salvador es un país en el que los autores contemporáneos son desde nuestra óptica de dos clases, una la de aquellos bastante conocidos, producto en algunos casos no del talento, sino del mercadeo, el compadrazgo y el financiamiento, y la otra la de los obreros incansables de la poesía que buscan un lugar bien cimentado en la pequeña e incipiente historia de la  literatura salvadoreña, presentamos a los lectores cinco autores de la segunda categoría:


Renato Jaén

La alborada extiende su manto
de esmeraldas transparentes.
Cronos emprende la carrera
en busca de la dama de negro
que se disipa en horas furtivas

En este país 
duelen tanto los muertos,
incluso ellos,
se abaten ante sus vivos

Del poemario Equinoccio
Alfil Editores
2013


José Antonio Calderón

A mi pueblo

Ya el pueblo está gimiendo,
porque se le ha terminado la comida
y lo sigue reprimiendo
el Yanqui genocida

La violencia no compartimos
pero no quedó otra alternativa
y por eso combatimos,
para cambiar nuestra vida

Para demostrar solidaridad,
compartimos la revolución,
buscando libertad
y heredad una mejor situación

Del poemario Versos para mi patria
ABC impresos
2013 (reimpresión)

Santiago Vásquez

Denuncia

Talaron los bosques
y se fueron lejos,
llevándose consigo
el vuelo de los pájaros
y la esperanza muerta

Talaron la esencia
de esta Patria nuestra,
dejando miseria
en los huecos podridos
de troncos milenarios

Ellos talaron
la mitad del bosque
y nosotros...
talamos...
la mitad del alma

Del poemario Desde los ausoles a la patria mía
2011

Ricardo Castro Rivas

Teoría para salvar espejos

En el único espejo que había en Ab Ramán, ciudad del reino de Ibn Al Khartaar, Abud Al-Rashid, El irascible (Sultán, Gran Visir, Enviado de Alá, Consejero privado de todos los sultanatos de la región, amo y señor de los bazares del reino, dueño de los mejores rebaños de camellos y El Más-Fiel-Intérprete-del-Corán), vio reflejada su imagen. Esta, sonreía serenamente, ausente de problemas. Intrigado Abud Al-Rashid preguntó a la imagen:

-¿Por qué sonríes?
-Soy feliz -dijo la imagen-

Iracundo, Al Rashid lanzó un jarrón contra el espejo. La imagen, trizada, cayó al suelo como hielo quebrado. Momentos después, el sultán exhala el último aliento. A los cortesanos extrañó grandemente la plácida sonrisa que Al-Rashid tenía en sus labios.

De la antología Piedra y Siglo y la persistencia del compromiso
Secretaría Nacional de Arte y Cultura del FMLN
2013

Rolando Costa

Con la cabeza hundida en el manto azul de la virgen declamó a Omar Khayyam mientras el niño jugaba con su abundante cabellera de ermitaño. Y aquél, descoyuntado, hirsuto, se levantó, se acercó a él, le tomó de las barbas y lo arrastró de ellas por el suelo fangoso. Fuese a lavar el rostro en la lluvia y les dejó solos.

Nadie te percibe; no suenan tus palabras; no aparecen tus ojos; no se te toca. Nadie irá en tu busca; ni te esperará; ni preguntará por ti; ni se te mostrará. Dejarán tus manos vacías ;no escucharán tu nombre;no te verán. ¿Quién repara en ti? Mira en torno:lo que te sucede, un hombre que ama, no significa absolutamente nada para nadie.

Del poemario Helechos y otros poemas
Ediciones El Venado Blanco
2009

*Ilustración de Majalin

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