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En esta era de progresiva institucionalización re­sulta más difícil que nunca plantear este punto con eficacia. Sin embargo, hace mil años el derviche errante Niffari de Egipto, en su obra clásica, aún influyente, titulada El Muwaqif ("Paros") acentuó enérgicamente el peligro de confundir el vehículo con el objetivo.

Muy cerca de este problema está el de la dirección o el maestrazgo. El maestro Sufi es un conductor y un educador, no un dios. El culto a la personalidad está prohibido en el Sufismo. Por eso Rumi dice: "No repares en mi forma exterior, pero toma lo que hay en mi mano", y Gurgani: "La humildad que tú ves en mí no es para impresionarte. Está ahí por sus propias razones". Sin embargo, el atractivo de la personalidad es tan grande para el nombre común que los sucesores de los maestros Sufis han tendido a pro­ducir, más que una aplicación viva de los principios enseñados, hagiografías y sistemas extraños y defi­cientes. El tema acerca de la naturaleza transitoria

de la "envoltura" es convenientemente olvidado. De ahí la constante necesidad de un nuevo ejemplar.
Otro problema más para el estudiante que desconoce la situación que antecede, es la existencia de lo que se ha denominado "biografías ilustrativas". Contie­nen material diseñado para su estudio, para producir ciertos efectos, en forma similar a los mitos, que pue­den contener hechos dramatizados. Con el correr del tiempo dejan de ser útiles y a menudo son conside­radas como mentiras o registros de verdades lite­rales. ¿Dónde está el historiador que deliberadamente haga caso omiso de estos materiales? Así por ejem­plo, en una biografía de Maulana Jalaludin Rumi se afirma que pasaba mucho tiempo en su baño turco, y los buscadores de una conciencia superior y aspi­rantes a la iluminación, asignaron a este dato tanta importancia que construyeron y frecuentaron sus ba­ños de vapor. A su vez éstos tienen sus propios imi­tadores ...
Quienes conozcan las canciones infantiles inglesas podrán captar un aspecto del estudio Sufi al consi­derar al infortunado Humpty-Dumpty. Al igual que Humpty, las ideas Sufis sufrieron una gran caída, cuando fueron adoptadas en su nivel más inferior. En consecuencia, cayeron en toda clase de lugares extra­ños. Observando los trozos de Humpty podríamos de­signar a los emocionalistas y escolásticos convencio­nales, "los caballos del rey" y "los hombres del rey" de la canción infantil. Al igual que ellos, su impoten­cia frente al problema es inevitable. Un hombre y un caballo, o un número mayor de ambos, que perte­nezcan a un rey o a quien fuera, sólo sirven para de­terminadas tareas y no más. Falta algo, lo mismo que en la canción infantil y a menos que sean Sufis o que se empleen métodos Sufis, ya no podrán "volver a armar a Humpty". Tienen los caballos y tienen los hombres, pero les falta el vehículo, que es el cono­cimiento.

Si las ideas Sufis, tal como son expresadas en los libros y entre las comunidades preparatorias o "huér­fanas", y tal como se les da forma por las enseñanzas y la existencia de un ejemplar humano, están en reali­dad diseñadas para producir una forma de funciona­miento de la mente más valioso que el pensamiento mecánico, el estudiante podría argüir que tiene dere­cho a saber acerca del producto. Puede esperar en­contrar que los Sufis desempeñan un papel invaria­blemente significativo y aun decisivo en los asuntos humanos. Mientras que el Sufi no aceptaría que busca la aclamación pública (la mayoría de ellos la rehu­yen) y que no está ansioso de convertirse en una es­pecie de Albert Schweitzer más Napoleón más Einstein, existe a pesar de todo, una evidencia masiva de la poderosa herencia Sufi. Más sorprendente aún para quienes intentan rotular y limitar el Sufismo como un simple culto de tal o cual naturaleza, es la exten­sión y la variedad del impacto Sufi, aparte de la afirmación Sufi de que sus más grandes figuras casi siempre son anónimas.

Durante los períodos de dominación principalmente monárquica a lo largo del último milenio, los Sufis de Oriente han sido reyes o bien sus consejeros. Al mismo tiempo, bajo condiciones diferentes, los Sufis han trabajado en contra de la institución misma de la monarquía o han tratado de mitigar sus abusos. Los nombres de muchos de estos hombres y mujeres son bien conocidos. El mogol Dará Shikoh de la India trató de establecer un puente esotérico entre sus sub­ditos hindúes, musulmanes y otros. Los patriotas Sufis lucharon contra los tiranas extranjeros, así como también los soldados Sufis combatieron por la conser­vación de Estados existentes, a veces en gran escala, como los jenízaros de Turquía, inspirados por los Sufis; Shamyl, el jefe de la resistencia del Cáucaso; los Senussi de Libia o los derviches del Sudán. Casi toda la literatura persa del período clásico es Sufi,

y lo mismo puede decirse de un sinnúmero de trabajos científicos, psicológicos e históricos.
Las citas que se acaban de hacer están histórica­mente registradas y podrían ampliarse en sumo grado en cuanto a su radio de acción y cantidad.
Mientras que las investigaciones fragmentarias de los eruditos comprometidos a los cuales me referí mu­chas veces en esta exposición, tienen inestimable valor en la preservación de los hechos, sólo un nuevo espí­ritu de aprendizaje podrá reunir y correlacionar la extensión y el valor de la actividad Sufi en la sociedad humana. En esta forma podremos conservar las ga­nancias y reducir las pérdidas.

Esos estudiantes, y he aquí otro problema, además de ser menos propensos al adoctrinamiento que sus antecesores, deberían tener en cuenta la afirmación de los Sufis cuando dicen: "El Sufismo debe estu­diarse con una cierta actitud, bajo ciertas condiciones y de cierta manera".

Mucha gente, a menudo irreflexiva, se ha rebe­lado contra esta directiva. Sin embargo, después de todo, ¿no es muy diferente a decir: "La economía debe estudiarse con cierta actitud (el deseo de compren­der), bajo ciertas condiciones (la disciplina del esco­lasticismo y los libros correctos) y de cierta manera (siguiendo un programa ideado por aquellos que co­nocen bien el tema)"?
El estudio del Sufismo no puede enfocarse, por ejem­plo, desde el único punto de vista de que es un sis­tema místico diseñado para producir el éxtasis y ba­sado en conceptos teológicos. Según expresa un poema Sufi, escrito por Ornar Khayyam:

En celda y claustro, en monasterio y sinagoga, Algunos le temen al infierno, y otros sueñan
con el Paraíso.
Mas el hombre que conoce los verdaderos secretos de su Dios no siembra tales semillas dentro de su corazón.

Parece improbable que se progrese hacia la com­prensión generalizada de las ideas Sufis a no ser que más catedráticos empleen los métodos Sufis de interpretación. Si no lo hacen, seguirán derrochando esfuerzos en fenómenos secundarios. Esto, a su vez, plantea un problema especial para el Sufi. Según dijo Ibn el-Arabi: "El Sufi debe actuar y hablar de modo tal que tome en consideración la comprensión, las limi­taciones y prejuicios ocultos dominantes de sus oyen­tes".

El estudio correcto de las ideas Sufis depende del suministro y empleo correcto de la bibliografía, así como del contacto con el educador Sufi.
En lo que respecta al suministro de bibliografía, puede rectificarse con el tiempo, aunque dos expe­riencias recientes indican que las pérdidas, una vez más, pueden ser graves.

Uno de mis libros fue criticado por un eminente erudito y especialista del Sufismo del Medio Oriente, sobre la base de que Mulá Nasrudin, el humorista, no es una figura de instrucción Sufi. En aquel enton­ces él ignoraba, y quizás aún lo ignore, que en ese momento un estudiante europeo estaba viviendo en una comunidad derviche en Pakistán, que utilizaba exclusivamente como material de instrucción a Mulá Nasrudin. Un relato de estos estudios fue publicado recientemente en  una revista inglesa de religión.
Pero no basta sencillamente con incrementar la in­formación sobre el Sufismo. Hace poco, al preguntarle inocentemente sobre lugares de veraneo a un intelec­tual occidental en una de las islas griegas, me res­pondió de mala manera. Blandiendo un ejemplar de uno de mis libros me increpó: "Usted está perdiendo su tiempo al pensar en unas vacaciones, y está tra­tando de hacerle perder el tiempo a un hombre que está leyendo este libro que es algo más importante que todas sus vacaciones".


No debemos confundir a quienes creen estar inte­resados en el Sufismo, o a quienes piensan que son Sufis, con aquellos que realmente pueden estudiar el Sufismo y beneficiarse con él. El Sufismo nunca pudo juzgarse mediante el estudio de quienes pretenden ser sus amigos.

Para que hoy se pueda lograr un estudio eficiente del Sufismo, sobre todo en Occidente donde se ha ge­neralizado el interés hacia él, es necesario que quien quiera estudiarlo observe los siguientes requisitos:

1. Comprender que la gran mayoría de las traduc­ciones disponibles son inadecuadas. Esto se debe prin­cipalmente a que los originales de estas obras fueron diseñados para comunidades específicas y para públi­cos y culturas locales que no subsisten con iguales características.

2. Buscar materiales orales y escritos autorizados y actividades diseñadas por Sufis para operar en la cul­tura, época y demás circunstancias del propio estudiante.

3. Reconocer que todas las organizaciones, excepto las Sufis genuinas, son siempre instrumentos condi­cionantes, sea de manera consciente o ignorada.

4. Estar preparado para abandonar los preconceptos acerca de lo que constituye el "estudio". Estar dis­puesto a estudiar asuntos y materiales que pueden pa­recer no "esotéricos".

5. Decidir si su búsqueda es o no una forma disfra­zada de procurar su integración social, una manifesta­ción de mera curiosidad, un deseo de estímulos o sa­tisfacciones emocionales.

6. Aceptar, aunque sea como hipótesis de trabajo,la posibilidad de que exista una fuente consciente, efi­ciente y deliberada de enseñanza Sufi legítima que actualmente se halla operando en Occidente.

Fotografía: Till Muellen Meister

Fuente: Idries Shah, El Camino del Sufi, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Mariano Cubí, 92 - 08021 Barcelona, y Editorial Paidós, SAICF, Defensa, 599 - Buenos Aires, páginas 42 a 48

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