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¡QUE SIGA LA COPA!

¡Oh escanciadora, haz que la copa siga la rueda y llegue a mis manos!
que el amor pareció primero fácil, después se presentó lleno de obstáculos.
El perfume que el viento de Saba liberar quiere de aquel bucle,
la onda almizclada de su lazo, ¡qué hervor en el corazón infunde!
 La noche oscura y el miedo de la ola y el remolino pavoroso...
¿Cómo saben los ligeros de carga de la costa nuestra suerte y modo?
Do mora el Alma1 de las almas, no es seguro para mí el recreo,
en tanto, sin cesar, la campanilla clama: preparad las literas del camello.
Si el mago anciano lo aconseja, la alfombra de oración tiñe con vino,
que el que sigue la vía no ignora las costumbres de las etapas ni el camino.
Por egoísmo, toda mi obra alcanzó mala fama en el extremo último.
¿Cuándo el secreto que convoca tertulias, puede quedar oculto?
Si una presencia ansias, Hafez, no ausentes tu persona:
cuando la vista alcances del que anhelas, el mundo deja y abandona.

HAY UNA TIERRA

Vuelve al jardín la fortuna de tiempos de juventud,
el ruiseñor de dulce voz recibe de la rosa la buena nueva.
Oh céfiro, por mí saluda a las plantas de olor, al ciprés
y la rosa, si llegas a las púberes hierbas de la pradera.
Si entonces aparece el joven mago, vendedor de vino,
trocaré mis pestañas en escoba del umbral de la taberna.
¡Oh, tú, que de ámbar puro en tu cara de luna pintas un mazo,4
no siembres de inquietud mi desorientación y pena!
Temo que aquellos que se ríen de los que beben posos
pierdan la fe en la labor de las tabernas.
Sé compañero de los hombres de Dios, que en el arca de Noé
hay una tierra5 que un diluvio ni una gota de agua considera.
Sal de la casa giratoria y pan no pidas,
que esta tacaña mata al final al que invitado era.
No sabrás ni un detalle de los misterios de la existencia,
mientras no estés desorientado en el círculo de la existencia.
¿Es necesario llevar hasta el cielo el palacio?
Para todos, el lecho es al final un puñado de tierra.
Oh luna de Canán, el trono de Egipto ya posees,
hora es de despedirse de la cárcel y salir de ella.
No sé qué intenciones escondes en la punta del bucle
que tu pelo agitado a almizcle perfumea.
Oh Hafez, bebe vino, sé alegre, entrégate a la bohemia,
mas el Corán en trampa de hipócritas no conviertas. 

EL CANTO DE VENUS

Ve, céfiro, y di a aquella esbelta gacela
que a la montaña y al desierto nos ha guiado.
¡Larga sea tu vida, vendedor de dulces!
¿Por qué olvidaste aquel loro golmago?
¿Debido a tu belleza altiva, oh rosa,
no preguntaste por el ruiseñor enamorado?
Con humor ufano, a los gnósticos se atrae,
al ave sabia, ni con trampa ni con grano.
Cuando te sientes a beber con el que amas,
recuerda a los que intentan brindar con él en vano.
¿Por qué en su cumbre, los de cara de luna
 y negros ojos parecen ignorarnos?
Tu rostro hermoso carece de defectos,
mas de lunar de amor y de fidelidad no veo trazo.
Dice Hafez: en el cielo no es de maravillar
que el canto de Venus a Jesús haga bailar. 

Fuente: 101 poemas, Hafez Al-Shirazí, documento electrónico en PDF, páginas 14, 16 y 17.
http://islamica.ir/books/download/pdf/2100.html

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