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¡Cuán pobre el corazón que no sabe
amar, que no puede embriagarse de
amor! Si no amas, ¿cómo te explicas la
luz enceguecedora del sol y la más leve
claridad que trae la luna?.

¿Cuándo nací? ¿Cuándo moriré?
Nadie recuerda el día de su nacimiento
ni es capaz de prever el de su muerte.
¡Ven, dócil bienamada!Quiero olvidar
en la embriaguez el dolor de nuestra ignorancia.

Brilla la luna del Ramadán. Mañana el sol 
inundará de luz una ciudad silenciosa. Dormirán
los vinos en los cántaros y las jóvenes doncellas
en las sombras de los bosques.

Derviche ¡quítate esa ropa chillona
de que tanto te ufanas y que al nacer
no trajiste! ¡Cúbrete con el manto de 
la pobreza! Te negarán el saludo los peregrinos,
pero un coro de serafines cantará en tu pecho.

Fuente: Rubaiyat, según la versión inglesa de Francis Scott Fitzgerald, Ediciones Brontes,España, 2013.

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