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La Península Ibérica antes de la apertura islámica estaba ocupada por los visigodos, es decir los godos occidentales que eran una tribu alemana. Comenzó la ocupación de la Península Ibérica por los godos al principio del siglo V d. J. , a continuación de la expulsión de los vándalos, y que a su vez, era otra tribu alemana que había ocupado la Península Ibérica en el siglo III d. J. Gobernaron los godos de forma arbitraria y trataron a la gente originaria del país como si fuesen esclavos a lo largo de todo su gobierno, hasta que fueron expulsados por los musulmanes. Su capital quedó constituida en la ciudad de Toledo, que ocupa el centro geográfico de la Península Ibérica, a orillas del río Tajo. 
La gente de la Península Ibérica era idólatra como lo eran los godos hasta que aceptaron el cristianismo que fue entrando poco a poco en el país a finales del siglo III d. J. La religión cristiana se extendió en la Península según la escuela unitaria de los arrianos en el siglo IV d. J. Así fue como la gente de la Península Ibérica creyó en el Dios Único (no creyeron en la Trinidad) y creyeron en Jesús como Profeta Enviado de Dios. Se adhirieron los gobernantes godos en Toledo a la misma escuela unitaria de los arrianos, convirtiéndose en la religión oficial del estado. 

En el siglo III entraron en la religión cristiana nuevas ideas que desviaron la religión unitaria hacia la trinidad como se conoce actualmente, hecho ocurrido en el Concilio de Nicea. Estos principios introducidos fueron apoyados por el estado romano, que combatió por la fuerza a todo aquel que se opusiera a ellos, en especial los seguidores de la escuela unitaria arriana. 

En el año 400 de la era cristiana se celebró el Concilio I de Toledo por los godos, en el que se decretó la incorporación de los principios de la trinidad anunciados en Nicea. Y así fue como aconteció una enconada disputa en la Península Ibérica entre los trinitarios y los unitarios seguidores de la escuela arriana, implicándose en una guerra civil implacable. La mayoría de los autóctonos de la Península Ibérica fueron unitarios, mientras que los monjes pertenecían a la escuela trinitaria. Pero el estado permaneció seguidor de la escuela arriana . 

Quedó la situación en este estado hasta el 8 de mayo del año 589 d. de J. en que se celebró el III Concilio de Toledo, al que participó el rey Ricardo que junto al sacerdocio reprobaron la escuela arriana, y el estado se transformó de unitario a trinitario. A esto siguió una opresión continuada a los unitarios que duró largos años. La gente de Andalucía, al sur de la Península Ibérica, se adhirió a la escuela unitaria, sin complacerle cambio alguno. Pero después de unos años de castigo oficial fueron obligados a ocultar sus verdaderas creencias. 

En este ambiente de rencor incontenible llegó el Islam al norte de África, y vio la gente de Al-Andalus a los musulmanes como sus hermanos de religión y conectaron con ellos como aquel que pide socorro. Y así fue como se preparó la apertura de Al-Andalus, con la mutua y completa colaboración entre los musulmanes árabes y bereberes en la orilla del Magreb por un lado y la gente autóctona de Al-Andalus en la otra orilla por otro lado, lo cuál facilitó la liberación de la Península Ibérica del dominio godo y de los trinitarios en un espacio de tiempo que no sobrepasa los tres años. Fue desde el año 92 al 95 de la Hégira (711-714 d. J.), es decir solamente 122 años después del golpe de estado trinitario, hasta tal punto que algunos intelectuales españoles contemporáneos describieron esta apertura del Islam en Al-Andalus como una revolución islámica en occidente. 

Así fue como entró un territorio de una extensión no menor a 700.000 kilómetros cuadrados a la ‘Casa del Islam’. Este territorio incluye actualmente la mayoría de España de hoy, exceptuando una zona montañosa al noroeste compuesta por el País Vasco y Asturias. Así mismo incluía todo el estado de Portugal de hoy, y una gran parte del sur de Francia que comprendía las ciudades de Narbona, Carcasona y Nimes. Los musulmanes otorgaron al pueblo  una total libertad en la elección de su religión, quedando una minoría seguidores de la religión trinitaria cristiana, mientras que la mayoría regresó a la escuela unitaria arriana . Y con el paso del tiempo, en un espacio que no sobrepasó un siglo, todos los unitarios se incorporaron al Islam y se igualaron con él. La lengua árabe pasó a ser la lengua de su civilización y su cultura, sin embargo preservaron el romance para sus discursos. A estos millones de andalusíes que se hicieron musulmanes por voluntad propia y amor al Islam, se incorporó una pequeña corriente de emigrantes árabes, bereberes y otros y se integraron con ellos, de la misma forma que sucedió exactamente con relación al Magreb. 

De esta forma se compuso en Al-Andalus un dialecto árabe especial, caracterizado por su fuerte imala como algunos dialectos actuales de Líbano o Túnez, pero que después se extinguió con la extinción del Islam en Al-Andalus en circunstancias que aclararemos más adelante. Como también hablaban la gente de Al-Andalus un lenguaje romance, así mismo extinguida actualmente. Estos dos lenguajes son preservados en los libros de Al-Andalus: los refranes, los zéjeles, y las moaxajas. Una de las indicaciones de que el pueblo andalusí era bilingüe, la composición de los zéjeles populares en las dos lenguas al mismo tiempo. Un ejemplo de ello lo tenemos en este fragmento del siglo XII del zejelista cordobés Ben Quzmán, compuesto en dialecto árabe y andalusí-romance al mismo tiempo:

’Ayn dik-al’ayám wa dik allayáli? 
Ke nin bés la face i bédo mále. 
’innama-lqádi rayúl min riyáli. 
‘áli ’alhímma yadurra wa yanfa‘ 

La primera, tercera y cuarta línea están en dialecto árabe-andalusí, y la segunda en romance andalusí. La traducción es la siguiente:
¿Dónde están aquellos días y aquellas noches? 
No veías en ellos su rostro sino que veías sus sin sabores. 
El juez no era sino un hombre entre mis hombres                     
De gran importancia que beneficia y perjudica   
       
Así fue como se formó un nuevo pueblo de creencia musulmana y de lengua árabe, y con peculiaridades ligadas a su país. Y no hubo en esta apertura  islámica una conquista de una nación para echar fuera otra, ni tampoco la imposición forzosa de una religión y una lengua sobre esta nación. Sino que más bien el pueblo andalusí eligió para si mismo el Islam como Din (religión) y la lengua árabe como la de su civilización. Y dio la bienvenida a los primeros  fátihin musulmanes, una bienvenida de un pueblo oprimido a su salvador. 

Al-Andalus pasó a ser después la apertura islámica como territorio integrado en la provincia del Magreb del estado islámico, cuya capital era Al-Qairawán. Convirtiéndose más tarde en provincia por si misma, cuya capital fue Sevilla. Después se separó Al-Andalus del estado Abasida en oriente en el año 756 d. de J. bajo la jefatura de Abderrahmán I, que fundó el estado Omeya en Al-Andalus al cabo de seis años de la caída del estado Omeya de Damasco. Eligió como su capital a la ciudad de Córdoba sobre el Guadalquivir. Los musulmanes se convirtieron en mayoría abrumadora bajo el dominio omeya cuando llegó Al-Andalus al apogeo de su civilización y poder. Ningún estado europeo de entonces se podía equiparar con Al-Andalus. Los cristianos pasaron a ser una pequeña minoría que perdió su lengua y sus nombres se arabizaron. Y esos que se llamaron ‘Mozárabes’ (arabizados) permanecieron como la quinta columna dentro del estado islámico, apareciendo siempre que se debilitaba su fuerza. Llegó el estado Omeya de Al-Andalus a su apogeo en la época de Abderrahmán An Nasser, que gobernó el país durante 49 años entre el año 912 y 961. En ese tiempo se estabilizó la seguridad, y se desarrollaron el progreso científico y la literatura . 

La extensión del territorio andalusí bajó en tiempos de Abderrahmán An Nasser hasta 440.000 Km2 después de que los musulmanes perdieran Narbona en el año 751, Carcasona en el 759, Pamplona en el 798, Barcelona en el 801, y Burgos, León, Ávila, toda Galicia y otras ciudades del noroeste de la Península Ibérica. 

Los derrocados ejércitos cristianos que permanecieron en los intersticios noroccidentales de la Península Ibérica, se organizaron en pequeños estados cristianos que constituían el centro de la resistencia contra el estado islámico desde su comienzo. El primero de estos pequeños estados fue el reino de Galicia y Asturias, la que se convirtió después en el reino de León cuando su capital fue trasladada de Ávila a León. Se separó de León el año 970 (359 H.) el reino de Castilla y su primera capital Burgos, mientras que el reino de Navarra se había separado antes con su capital en Pamplona alrededor del año 836. Estos tres pequeños estados se extendieron a costa del estado andalusí, siempre que se les presentaba la ocasión y con el apoyo total de Europa. 

Comenzaba a debilitarse el estado omeya cuando ocupó el gobierno Hayib de Hishám II (nieto de An Nasser) Almanzor Ibn Abi Amir. Fue Almanzor de los mejores dirigentes de los musulmanes, y de los hombres más capacitados del estado. Devolvió al país su fuerza inicial y la unificó de nuevo bajo la bandera del Islam. Sin embargo los hijos del Almanzor no estuvieron al nivel de su padre, ni estuvieron los nietos de An Nasser al nivel de su abuelo. Le añadimos a esto que la sociedad andalusí se convirtió en una división racial. Almanzor Ibn Abi Amir no confiaba en la gente de su país e introdujo un gran número de Bereberes magrebíes y esclavos eslavos en su ejército. Estos eslavos procedían de Francia, Italia y norte de Europa, y abrazaron el Islam a su llegada a Al-Andalus. De manera que cuando se debilitó el estado andalusí, estos cuatro componentes (árabes, Bereberes, andalusíes y eslavos) comenzaron a enfrentarse unos con otros. El estado omeya se desplomó en el año 1031 después de violentas guerras civiles. Al-Andalus se descompuso en un grupo de pequeños estados de índole racial, bajo el gobierno de los Reyes de Taifas que acabó con la unidad andalusí y abrió el campo a la formación de los reinos cristianos, unidos bajo las directrices del Papa de Roma ocupando los estados de Taifas uno tras otro. El número de estos pequeños estados islámicos andalusíes fue de 23. Entre ellos el árabe de Bani Abbad en Sevilla y el de Bani Hud en Zaragoza; el de los Bereberes como Bani Al Aftas, los Meknesíes en Badajoz y los de Bani An Nun los Hawariyin en Toledo; y el de los eslavos como Bani Muyáhid y Bani Gania al este de Al-Andalus . 

Cuando se vino abajo la resistencia de los pequeños estados andalusíes ante la invasión cristiana, pidieron auxilia los andalusíes al Emir de los musulmanes en el Magreb Yusuf Ibn Tashifin, el almorávide. El cuál se trasladó a Al-Andalus en numerosas ocasiones y en la segunda vez derrotó a las fuerzas cristianas en la batalla de Zalaca en el año 1086. A continuación, unió Al-Andalus con al Magreb, y acabó con los reyes de Taifas. Mientras tanto, estos sucesos condujeron a la pérdida de extensos territorios islámicos de Al-Andalus, cuya extensión disminuyó hasta 250.000 Km2 solamente en la época almorávide. Las más importantes bases islámicas que cayeron en esa época sin que estuvieran liberadas por los almorávides fueron las ciudades de Tarragona que cayó en el año 960, Braga en el 1040, Coimbra en el 1064, Guadalajara, Madrid y en especial Toledo en 1085, etc. 

Al final del siglo XI de la era cristiana, cambió así mismo la situación con respecto a los pequeños estados cristianos, pasando a ser el reino de Navarra el mayor de todos ellos. Después se unieron Castilla y León en un solo reino en el año 1035. A continuación se separó el reino de Aragón del reino de Navarra, y el reino de Portugal del reino de Castilla. Todos estos pequeños estados a pesar de las guerras entre ellos organizaron su guerra contra el estado de Al-Andalus y se engrandecieron a su costa con regularidad, siendo dirigidas la mayoría de estas guerras por Castilla.  

Cuando se debilitó el estado almorávide, comenzó Al-Andalus a fragmentarse en reinos de Taifas por segunda vez. Pidieron auxilio los andalusíes entonces, a los almohades. Y estos acudieron en su ayuda en el año 1145, e incorporaron Al-Andalus al estado almohade después de que se perdieran otros importantes territorios y ciudades, entre ellas Zaragoza en el año 1118 . 

Más tarde se debilitaron los almohades y sufrieron los musulmanes una grave derrota en el año 1212 (609 H.) en las Navas de Tolosa [ batalla del ‘Oqab (el buitre)], donde se reunieron todos los ejércitos de los reinos cristianos españoles (Castilla, Navarra, Portugal, León y Aragón) en contra de los ejércitos almohades. Y pudo Castilla, después de esta batalla, imponer su autoridad sobre el resto de los reinos cristianos, bien con su anexión como Galicia y León, o bien como poniéndolos dentro de su protección. Y si no hubiera sido por las guerras civiles entre los pequeños estados cristianos habría terminado el mandato de los musulmanes en Al-Andalus después de la batalla del ‘Oqab. Ampliándose de nuevo Al-Andalus en pequeños y suicidas estados de Taifas. Ibn Hud se apoderó de Murcia y del este de Al-Andalus, Ibn Al Ahmar conquistó Baeza, Jaén y Guadix... Resultaron estos acontecimientos, como veremos más adelante, en el nacimiento del reino andalusí de Granada.

Extraído del libro: El resurgir de Al-Andalus, edición digital encontrada en www.ebiblioteca.org

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