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Hace más de una década que viene sonando con relativa constancia en algunos sectores del Mundo Islámico y de las colectividades musulmanas en el mundo, la propuesta o las propuestas para alcanzar la «Unidad Islámica», esfuerzo que pretende enlazar a las escuelas islámicas y algunos movimientos periféricos, Irán y algunas instituciones egipcias como la Universidad Al-Azhar organizaron en los últimos años varios congresos y encuentros para fortalecer esta pretensión, pero los resultados son una bofetada a semejantes esfuerzos. 

De qué manera puede haber unidad islámica si aún existen grupos de entre los suníes que veneran a asesinos condenados por el santo oficio de la historia como Muawia, Yazid o Abu Sufián, y si entre los shiitas existen seguidores de un shiismo «pre-fabricado» al estilo Reino Unido, EE.UU o Israel.

Cómo podría alcanzarse semejante unidad si hay musulmanes que están dispuestos a purificarse a través del asesinato de otros musulmanes por el nimio motivo de sus diferencias doctrinales. Hoy algunos colectivos de musulmanes en EE.UU, Europa y también América Latina han abrazado con entusiasmo la propuesta wahabita venida de Arabia Saudita que no es más que el arma bacteriológica que usan los corruptores de la esencia islámica. Cómo se conquista una utopía que tiene como centro a un Dios que es desconocido pero que está muy presente, como dice el teólogo húngaro Ladislao Boros. 

Habrá que ver si en el futuro observaremos  pasos concretos que nos señalen un camino claro para alcanzar y conquistar esa utopía que como es de esperarse, por hoy parece ser solo un sueño de mentes ingenuas.

San Salvador, 30 de junio de 2016.
Revista Biblioteca Islámica

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